- España es a Venezuela como la Roja es a la Vinotinto.
- ¿Algún día embriagaremos con Vinotinto a la Roja?
- Cuando Iker estuvo en Venezuela, nuestros niños no pudieron sacarlo de sus Casillas.
- España nos conquistó a sangre, fuego, armas, pólvora, caballos, religíón y lenguaje. La venganza del indio fue terrible: enseñó a los españoles a inhalar cáncer de las hojas del tabaco y con ellos a la humanidad.
- La maldición persiste, la medicina más avanzada no ha logrado erradicar el cáncer. El indio enseñó la manera de enfermarse, pero se llevó la cura a la tumba.
Escritores venezolanos. Conversando y Escribiendo
Este Blog es para unir a un grupo de escritores Venezolanos que quieren compartir sus experiencias, impresiones y escritos. Somos un equipo. Somos amigos. Somos Creativos. Somos escritores.
lunes, 11 de noviembre de 2013
VARIACIONES SOBRE UN TEMA
MICROVIRTALES
Por fin entiendo para que instalarán baterías antiaéreas en los barrios de Caracas. Esa es la forma que inventó el super ministro Ramírez para pulverizar el dólar paralelo que anda volando muy alto.
miércoles, 2 de octubre de 2013
¿Sabes lo que significa la palabra Urgente?
“URGENTE se ha convertido en
una palabra con la que vivimos día a día en nuestra agitada vida y a la cuál le
hemos quitado ya todo significado de premura y prioridad.
URGENTE…es ya un ritmo de vida…una forma de
“pasar” la vida.
URGENTE.es la manera más pobre de vivir
sobre este mundo, porque el día que nos vamos, dejamos pendientes las cosas que
VERDADERAMENTE fueron URGENTES.
URGENTE es, que hagas un alto en tu ajetreada vida y por un
instante te veas y te preguntes: ¿qué significado tiene todo ésto que yo hago?
URGENTE es que te detengas y veas CUÁN GRANDE ERES!
URGENTE es que, cuando camines por la calle, levantes la vista,
voltees, y mires a tu alrededor; observes el cielo, los árboles, las aves ¡A LA
GENTE!
URGENTE es que seamos más humanos, más hermanos !
URGENTE es que sepamos valorar el tiempo que nos pide un niño.
URGENTE es que en una mañana te levantes temprano y veas salir
el Sol, sientas su calor y dale Gracias a Dios por tan grande regalo.
URGENTE es que te sientas vivo en cuerpo y alma!, que veas tus
brazos, tus piernas, tu cuerpo, tu inteligencia, y de verdad vibres con la vida
!
URGENTE es que tomes un instante en tu trabajo, salgas y
respires profundo; y sientas cómo el aire llena tus pulmones ¡estás VIVO !
URGENTE es que voltees y mires a tu familia, a tus hijos, a tu
esposa/o y a todos los que te rodean, y valores tan grandes tesoros.
URGENTE es que digas a la gente que quieres, cuánto los amas.
URGENTE es que no se te vaya la vida en un soplo y que cuando
mires hacia atrás, seas ya un anciano; que no pueda echar el tiempo atrás, que
todo lo hizo ” urgente “; que fue un gran
trabajador; que llenó su agenda de “urgencias, citas y proyectos”, pero dentro
de todo se le olvidó vivir.
Recibido
por Internet.
lunes, 10 de junio de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
lunes, 22 de abril de 2013
viernes, 12 de abril de 2013
BESOS DE MELOCOTÓN
Mi madre no era como las demás. No me llevaba al colegio y tampoco me iba a buscar, no me hacía la comida, no sonreía, casi siempre estaba acostada. Mi abuela me explicó que mamá estaba en cura de sueño porque le faltaba litio en la sangre y que la depresión es una enfermedad muy difícil de sobrellevar porque el enemigo está en la cabeza de quien la sufre. En los años 60 poco se sabía cómo lidiar con este mal, tomaba somníferos, infusiones especiales y hacía psicoterapia.
Por ser mi madre, seguramente me quería mucho pero yo era la criatura más solitaria del mundo. El espeso lodazal en que me sentía perdida y sin afecto se alimentaba de la tristeza de mamá y el áspero trato que me daba mi abuela. La penumbra tras las gruesas cortinas le quitaba el color a mis juguetes. Rutinariamente cuando papá regresaba del trabajo yo ya estaba dormida. Durante mis primeros años, cuando aún no asistía al colegio, mi principal diversión era colaborar en las labores del hogar. Salir a tender la ropa me permitía mostrar mi cara al sol para liberar el espíritu. Desde afuera, nuestra casita amarilla lucía alegre junto a la montaña cubierta de flores y los pájaros me recibían con agrado. No así los niños del vecindario que solían burlarse de mi cuerpo torpe y regordete cuando al pasar entonaban la terrorífica canción “gorda panza de agua, gorda panza de agua”.
Aún en caso de que fuesen amables conmigo, mi abuela desconfiaba de todos los vecinos y no me habría dejado salir a jugar con ellos. Ella temía que me hiciera daño o me contagiasen algún mal. Solía decir “Con una enferma en casa es más que suficiente” y me pedía que no le diera más preocupaciones.
Yo constantemente confundía el mudo que retorcía mi estómago con un apetito que no lograba saciar. La amarga sensación de fardo inútil hacía que me aferrara aún más a la dulzura de mis golosinas.
Mi mundo mejoró cuando, comencé las actividades escolares. Me encantaba estudiar y utilizar el uniforme del colegio me hacía sentir miembro de una comunidad, de un grupo, aunque sus miembros, la mayoría vecinos, no me hablasen ni fuesen mis amigos. Poco a poco me convertí en la mejor de la clase y, como mostraba interés, la maestra me daba mucho cariño, en especial me gustaba cuando decía “el colegio es vuestro segundo hogar y los maestros vuestros padres”. Solía conversar con ella acerca del tratamiento de mamá y me daba buenos consejos.
Para ese entonces mi padre cambió de trabajo y algunas tardes regresaba temprano, lo que me daba ocasión de mostrarle mis progresos académicos. La única asignatura que realmente odiaba era educación física. Me costaba mucho seguir los ejercicios, me cansaba muy rápido y, para colmo, se burlaban de mí con motes realmente ofensivos como “cabeza de manteca”. Era frecuente que tuviera que abandonar la clase llorando a esconderme en el baño ante tanto bochorno. Ya me había ocurrido esto en varias clases de gimnasia cuando un chico, un poco mayor que yo, vino a consolarme. Se trataba de José Luis, el hijo de un profesor, que solía practicar lanzamientos de pelota en la canasta de baloncesto al lado de la sección del patio donde yo recibía mi abominable sesión de torturas. Ese día me interceptó justo antes de entrar al baño diciendo “Valórate, mira dentro de ti, nadie más lo puede hacer en tu lugar”, “Cálmate, tú puedes cambiar esta situación”. Al momento pensé que era otro cretino burlón ya que su cara me parecía conocida del vecindario pero al mirar su rostro comprendí que realmente quería ayudarme. Sin pensarlo lo abracé mientras se me salía el alma en cada lágrima. Me brindó un zumo de melocotón y me animó con su charla. Sólo sé que conseguí gran alivio y él logró que me comprometiese a hacer aerobics tres veces por semana al salir de clases en las canchas del colegio. Mi abuela se enteró de que estos encuentros no formaban parte de las actividades escolares pero decidió no comentárselo a mi padre. Con paciencia y mucho apoyo moral mi amigo fue transformando mi odio por los ejercicios físicos en un verdadero placer.
Algunas chicas del colegio comentaban “¿Cómo es posible que un tipo tan ideal le preste atención a una criatura tan rara y fofa?”
José Luis comenzó a defenderme de los ataques que solían hacerme hasta que, meses después, cesaron por completo.
Nos hicimos grandes amigos. Algunas tardes venía a casa a jugar tanto con muñecas, a la casita, como con pistolas, a policías y ladrones. Un día cuando hacíamos de familia a la hora de la comida, después del postre de melocotón, me dio lentamente un suave y dulce beso en los labios.
Mi abuela progresivamente fue valorando la ayuda que mi amigo me brindaba y hasta mi padre, que no aprobaba que yo estuviese con ningún chico tanto tiempo, lo aceptó con afecto.
Nos contábamos tanto las preocupaciones como las alegrías y con el paso del tiempo nos hicimos novios. No sólo lo admiraba por su flexibilidad y agilidad corporal sino por sus habilidades sociales, además, era muy dulce conmigo. Cuando Jóse cumplió los 12 años sus padres le regalaron una guitarra y comenzó a recibir clases, entonces venía a casa para enseñarme lo que él iba aprendiendo.
Junto con algunos amigos solíamos escuchar canciones de Pink Floyd como “Money”, “Mother”; de Jimi Hendrix como “Hey joe“, “Castles Made Of Sands”, “All along watchtower” y de Led Zeppelin como “Whole Lot Of Love” , “Stairway To Heaven”. También solíamos ver con gran entusiasmo los torneos de «Magic» Johnson, Michael Jordan y Allen Ezail Iverson.
Los miércoles Jóse prestaba un servicio voluntario con los jóvenes de la iglesia entrenando baloncesto. Tenía ya 18 años, guapo y muy querido por toda la comunidad mientras yo tenía 16 años y, gracias a la actividad deportiva con él, no sólo bajé considerablemente de peso, sino que gané algunas amistades como Carlos, que era de su edad, aficionado a las bromas pesadas y a la fotografía. Agradezco a Carlos que una tarde nos tomó, por sorpresa, una foto en medio de un jardín muy hermoso que había junto al colegio. En la foto aparecíamos José Luis y yo sentados en la grama, tomando un zumo de melocotón. Quedó plasmada en aquella imagen todo un mundo de hermosos sentimientos y el sabor de momentos muy especiales para nosotros dos.
Mi padre le tomó aún más afecto a Jóse cuando hacíamos intentos de animar a mi madre a caminar o correr con la intención de que mejorase su condición. También organizamos un grupo de oración por su salud con los jóvenes de la iglesia que él entrenaba pero no fueron muchos los progresos pues ella recaía una y otra vez.
Un miércoles en la tarde lo ví pasar de prisa con su pelota hacia la iglesia, no pasó a saludarme supuse que por falta de tiempo, pensé “No importa, lo veo luego cuando venga a tocar la guitarra” y me recosté, como de costumbre, junto a mi madre. Al cabo de más o menos una hora alguien tocó aceleradamente a la puerta, sobresaltada comprobé que era Carlos. Al abrirle noté que lucía pálido, me dijo, atropellando las palabras, algo que apuñaleó mi estómago, una noticia que ardió en mis entrañas, me dijo “Tenemos que hacer algo… se llevaron a José Luis en ambulancia al hospital”. Después de unos instantes de estupor, zarandeé a Carlos para arrancarle una sonrisa que delatara su broma pesada pero su sudor frío y la mirada desconsolada me advirtieron que no mentía. Grité “Abuela me voy… Jóse me necesita” pero, en el instante en que cerraba la puerta de casa tras de mí, apareció mi padre que venía llegando con muy mal semblante, parecía asustado y dijo “José Luis está muy mal… ahórrate el disgusto de verle”, contesté alzando la voz, “Tengo que verle…” y él de forma imperativa en un tono aún más alto insistió, “No, no lo verás … Sé lo mucho que significa para ti, te estoy evitando un disgusto mayor … créeme …tienes que dejar que los paramédicos actúen sin distracciones, lo llevan al hospital para intentar salvarle la vida”
“¿Qué estás diciendo papá?”, grité con la voz entrecortada.
“A José Luis le dio un paro cardíaco quizás fulminante… presencié cómo los paramédicos trataron de revivirlo antes de subirlo a la ambulancia. Sólo nos queda rezar”.
Golpeé las paredes, grité desesperada, quería ir aún sin permiso pero ya Carlos se había ido y yo no sabía llegar a emergencias por mi cuenta. Necesitaba comprobarlo por mí misma, no podía creer que mi querido novio se había ido para siempre. En un instante una fuerza oscura me arrancó el alma de cuajo.
Para evitar que mamá se alterara, en medio de mi griterío, papá me sacó a la fuerza fuera de casa, me agarró por los hombros y me dijo que había quedado muy impresionado con lo que él mismo presenció junto a la ambulancia y no quería que yo pasase por eso.
Y, sin respetar mis sentimientos, me prohibió, enérgicamente que fuese a verle.
No sé cuánto tiempo estuve llorando en el suelo junto a la puerta mientras mi padre repetía obstinadamente “No, no lo verás… te estoy evitando un disgusto mayor… Recuerda de él sólo los ratos felices que compartieron”. Esas palabras eran dagas que se clavaban en mi pecho.
También me prohibió asistir al velatorio y al entierro que se realizó al día siguiente. Estuve muda y ausente durante días, me encontré en medio de las sombras en las que habitaba mi madre. A ratos me llegaba un soplo de optimismo, una idea fija de que todo había sido una pesadilla y pronto llegaría con su luz y mi alegría de vuelta pero mis esperanzas quedaron congeladas en una prolongada espera.
Papá, temiendo que no me recuperase nunca, hizo todos los arreglos necesarios para una mudanza intempestiva. Ya nunca volvería a sobar aquel sofá donde compartimos tantas complicidades, lo único que me quedaba de él era aquella foto que daba testimonio de mi convivencia con mi ángel protector.
Meses después de su partida, murió mi abuela, ya debilitada por la edad, tuvo complicaciones de la diabetes que padecía. Sin su apoyo, nos vimos obligados a recluir a mi madre en un psiquiátrico para que recibiera la atención necesaria. Fue duro afrontar esta situación pero fui emocionalmente fuerte como lo habría querido novio.
He contemplado, casi todos los días, la única foto que daba testimonio de lo vivido mientras venían imágenes y sus palabras de aliento a mi memoria pero con el tiempo dejé de torturarme tan a menudo ante aquella foto hasta que un día desapareció y ya no la he vuelto a conseguir. Ya han transcurrido dos amargos años en los cuales he sentido muy profundo el vacío de su ausencia y he echado en falta la plenitud que me brindaba el afecto de Jóse.
Me siento agradecida con la vida por haberlo conocido, amado, acompañado y compartido tan bellas experiencias pero hoy decido aceptar su partida. Sólo recordaré lo dulce y bonito de nuestra relación: Sus besos de melocotón, sus deseos de superación personal, el afecto con que alimentó mi autoestima. Sé que estará orgulloso de mí por ser fuerte para seguir adelante.
Así como un día una insoportable situación abrió el camino para algo maravilloso, que fue el hecho de conocerlo, hoy decido que la dolorosa pérdida de nuestra foto sanará este profundo dolor.
Me enseñó que con constancia se alcanzan metas insospechadas así como de tanto intentar encestar ya lo hacía maravillosamente, así mismo, a través de estos dos años de tratar de asimilar su partida hoy siento que lo he logrado.
“José Luis, no me pude despedir de ti, fue repentino y extremadamente triste pero por el amor que te tengo, hoy te dejo descansar en paz. El tiempo vivido contigo me hizo fuerte. GRACIAS”.
viernes, 22 de marzo de 2013
¿Cuantas semanas tenemos en esto?. Entrega final
Mayra
señaló que las veces que había ido a Mérida el calor era insoportable. ¡Mucho
calor! Dijo Mayra.
Irma
respondió: Si, es verdad, y permaneció
inmutable hablando de sus anécdotas domésticas.
Para quienes
no conocen Venezuela, Mérida es un estado con un clima muy frío. Las montañas de
los alrededores están nevadas aun cuando estamos en una latitud que corresponde
a una zona tropical. La altura del terreno ocasiona montañas nevadas.
Habíamos
comprobado que Irma no escucha a nadie.
Cada día me
consigo con gente que desea hablar y hablar constantemente sin importar que
siente, piensa u opina quien escucha. Las conversaciones lejos de ser un aporte
de conocimiento, comprensión e intercambio de ideas se vuelven una clase de “monólogos
locos” que sin son ni ton reclaman nuestra atención. Hay una necesidad
desesperada de anular el silencio. Es muy poca la gente que soporta estar unas
junto a otras en silencio. Es muy poca la gente que trata de sentir lo que el otro siente. Es mas, ni siquiera importa. Nos desconectamos inclusive de nosotros mismos. Ni siquiera escuchamos lo que sentimos y tampoco pareciera importarnos.
Hace poco
tiempo a media tarde, en la oficina donde trabajo, escuché una conversación entre
dos hombres en la que uno le contaba al otro el relato pormenorizado de todas
las actividades hogareñas que había realizado la tarde anterior: “busqué los
niños al colegio, fui a donde la vecina a dejarlos mientras buscaba el carro en
el taller, regresé y los llevé a la casa, pasé por el supermercado para
preparar una sopa… etc, etc, etc). Mi mente daba vueltas y muy seriamente y sin ánimos de ofender a nadie
me pregunté: ¿a quién carajo le importa tu vida doméstica?. ¿Por qué hay que
perder tiempo escuchando una serie de detalles fastidiosos de la actividad
cotidiana del hogar de alguien?. Ya no conversamos sino que hacemos interminables
relatos de cosas del pasado que no aportan nada y que no tienen ningún significado
para nadie. El asunto es hablar de algo, sea como sea. Ni siquiera miramos el
rostro de la otra persona a ver si esta interesada o no en lo que estamos
diciendo. Simplemente escupimos toda esa perorata y a quien le caiga, que soporte
como Cristo el mártir. Otro monólogo cotidiano mas...
El silencio
genera ansiedad. Las personas se incomodan y sienten que deben decir algo para mitigar el
ruido ensordecedor del silencio.
Las semanas
siguen transcurriendo. Irma consiguió otra manera de llegar a su trabajo un
poco más tarde, a una hora menos estresante para ella. Quedamos Mayra, Miranda
y yo.
A veces
Mayra debe salir de viaje por cursos que debe impartir en distintas localidades
de la corporación donde trabaja. Me toca compartir con Miranda el silencio. Un
silencio que resulta incómodo para ella
aunque refrescante para mí.
Últimamente Miranda llena el silencio con una frase que repite hasta el cansancio todos los días: “tengo mucho, mucho sueño”.
Intento disfrutar
del mágico sonido del silencio.
No respondo.
viernes, 22 de febrero de 2013
Cuantas Semanas tenemos en esto. Segunda Entrega
Cuantas Semanas tenemos en esto. Segunda Entrega
Decía que estábamos
acostumbrándonos a la rutina hasta que llegó Irma.
Si no leiste la primera entrega... corre a buscarla en este mismo blog..
http://escritoresvenezolanos.blogspot.com/2013/02/cuantas-semanas-tenemos-en-esto.html
Si no leiste la primera entrega... corre a buscarla en este mismo blog..
http://escritoresvenezolanos.blogspot.com/2013/02/cuantas-semanas-tenemos-en-esto.html
Irma es una
señora de mediana edad que tiene una voz “platanera”. ¿Han escuchado cantar a
Elvis Crespo? Bueno, más o menos esa voz. Su voz arropa toda la atmosfera y sus cuentos
cotidianos acaparan toda la escena.
Irma
trabaja con Miranda en la misma empresa pero en distintos pisos y departamentos
del edificio. Irma se quedó sin carro cuando unos muchachos que andaban de
farra la chocaron por detrás dejando el carro destrozado y sin posibilidad de
moverlo.
El primer
día escuchamos el cuento del choque y los líos de la reparación. ¡NO me dejaban dormir que barbaridad!
Luego,
durante las semanas siguientes, escuchamos todos los cuentos de su perro
llamado Godar (no sé si se escribe así). Nos enteramos de cómo Godar enrolla el papel de baño por toda la casa,
ensucia los muebles y descansa en la cama apostado entre Irma y su pareja.
El esposo insiste en que el perro duerma entre ellos dos. (????????????????)
El esposo insiste en que el perro duerma entre ellos dos. (????????????????)
No se hagan
ilusiones pensando que esta historia se trata de Godar y de las ternuritas de
un cachorro que tiene cautivado el corazón de sus fans. NOOO se trata de eso.
Día tras día
el tema es Godar para arriba y Godar para abajo. Cuando le pregunté a Irma de
donde salió el nombre de Godar su respuesta fue: “espérate chica, déjame que termine
de echarte el cuento”. Nos contó como su
esposo se “enamoró” de Godar de una camada de cachorros de seis perritos aunque
a su esposo nunca le habían gustado los perros.
Irma, nos contó como reaccionaron sus
hijos y como Godar se convirtió en el
centro de atención de la familia. Solo se remitió a decir que fue su hijo menor
quien lo bautizó Godar. Nunca supimos por qué ni cómo se escribe el nombre.
Creo que ella tampoco lo sabe y que tampoco le importa ese detalle.
Godar se convirtió
en el protagonista de las mañanas. Cuando Miranda pasa por la avenida principal
a recoger a Irma, están allí Godar y el esposo de Irma acompañándola hasta que Irma entra en el carro.
Godar anda todo el tiempo con bozal y es la combinación de un perro salchicha
con el de otra raza que no queda claro cuál es.
Agotado el tema Godar, -llega un momento en
que los cuentos se acaban. ¡Increíble pero cierto!- los días transcurren en
escuchar todos aquellos interminables detalles domésticos de preparar la comida,
arreglar la tubería que se dañó, llevar la ropa a la tintorería y llevar el
carro al taller como una parte muy importante y además protagónica del pequeño mundo de Irma que neutraliza cualquier
otro tema relevante que alguien más quiera exponer.
Se
estableció entonces un viaje cargado de monólogos interminables protagonizados
por Miranda y por Irma una y otra vez. Ambas creían que estaban hablando una con
la otra, pero Mayra y yo que quedamos de espectadoras de la situación, nos
dimos cuenta de que ninguna de las dos escuchaba a la otra y de que a ambas no
les interesaba escuchar a nadie.
Mayra y yo
optamos por dormitar en el carro, (con todo y esa voz platanera de fondo), ya que no era posible hacer otra cosa ante
este mano a mano entre Irma y Miranda por tener el control del escenario.
Cuando llegamos a la parada del Metro
Bus, Mayra y yo nos burlamos de Miranda y de Irma, repitiendo las frases más
resaltantes, recordando los detalles, imitando la voz platanera, y gozando un montón haciendo la parodia actuada
de los cuentos que escuchamos.
Una vez que
Irma mencionó que había ido a la Ciudad de Mérida, Mayra hizo una picardía para
comprobar que Irma no escuchaba a nadie.
Lo que hizo fue decir que…
Continuará…
martes, 12 de febrero de 2013
Glorius


Glorius
El lunes de Carnaval fui a ver la
obra de teatro Glorius, en el teatro
Trasnocho en El Paseo Las Mercedes. La obra está basada en una historia real, sobre una cantante de
los años cuarenta que a pesar de tener una voz espantosa, la fortuna que hereda de su padre hace posible
que conquiste las voluntades de los más doctos y de las mentes mas ilustradas
de la época. La depresión económica causada por la segunda guerra mundial hace
de esta historia una expresión de lo que hace mucha gente para sobrevivir aun en
contra de lo que su educación y su conciencia le dicta. La obra se basa en la vida
de Florence Foster Jenkins una excéntrica soprano estadounidense (1868-1944)
Uno de los discos que Florence
grabó -en 78 Revoluciones- se titulaba: “The Glory of Human Voice”, (luego esto
se llevó a CD. Quien quiera perder su dinero comprando esto, adelante) razón
por la cual deduzco que pusieron a la obra de teatro este nombre de “Glorius”.
Aún cuando la actuación de Elba Escobar
fue magistral y me hizo reír con sus graciosos contoneos - comiquísimos de
verdad - mientras “chillaba” algo parecido a un sonido, el argumento de la obra
no fue suficiente para llenar el vacío que deja la falta de una trama mas
sólida y mejor elaborada. No hubo un “climax”
porque sencillamente la trama comienza y termina prácticamente en los primeros cinco minutos de la obra. Queda
injustamente en manos de los actores rellenar el vacío que el escritor de la
obra deja durante la hora y cuarto restante de la presentación. Me encantó la
actuación del actor Germán Anzola quien fue decisivo para no dejar decaer la trama.
Es una obra que no agota al actor emocionalmente pero definitivamente no puede
ser interpretada por novatos porque se requiere bastante experiencia ante este
enorme reto de llevar adelante una obra algo “simplona” en su desarrollo frente a un público exigente que tiene altas
expectativas.
La obra original es de un autor
británico llamado Peter Quilter y no tengo la información precisa de quien o
quienes hicieron la adaptación al estilo colorido local de nuestro país. Aclaro
que, no estoy haciendo estos comentarios basada en la obra original porque no
la conozco pero si en la obra adaptada que presencié recientemente.
Florence Foster muere al mes de presentarse en
el Carnegie Hall y cumplir su gran sueño.
Quien tenga ganas de reírse un
rato y pasarla bien sin muchas pretensiones intelectuales puede ir a verla y disfrutar de las
excelentes actuaciones de nuestros artistas. Todos magníficos. ¡Bravo!. Bien
merecían la ovación de pie que hicimos al final.
Florence, aún sin una pizca de
talento pudo hacer realidad un sueño que mucha gente con talento no llega a
cumplir. Llevando esta reflexión a la mas pura expresión coloquial y criolla
diría que, aunque “Dios no le dio cacho al burro”, el burro puede lograrlo.
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Aclaratoria:
“Dios no le dio cacho al burro”: Es
decir no puede darle a alguien algo si no lo merece o no lo sabrá usar.
viernes, 8 de febrero de 2013
Mucho Camisón pa' Petra
Hoy me monté en el nuevo metro bus denominados "Bus Caracas". Es de color
rojo y plateado y según comentan, importados de China. Tienen aire
acondicionado, una pantalla de video, parlantes, para música o radio, distribuidos
a lo largo del Bus. Hay cámaras de seguridad filmando y agarraderas aéreas para
los pasajeros a una altura acorde con la estatura media del venezolano. Los asientos delanteros están dispuestos como
si el espacio fuera un salón de fiesta. Es decir, el espaldar de los asientos
da hacia las ventana, de manera que los pasajeros del lado derecho del bus
quedan de frente a los del lado izquierdo. Hay un paisaje que adorna la parte posterior
de cada asiento. Hay dos asientos con un
diseño especial en cuanto a que el material no es plástico sino como felpudo.
Por fuera parecieran asientos de peluche. Supongo que para personas mayores o que tienen
algún tipo de sensibilidad especial, mujeres embarazadas o lesionados.
El bus es bastante bonito y lucía impecable.
Comencé a fijarme en los pasajeros y en el bus con mucho detalle. Un hombre
fornido con un morral en la espalda estaba apoyado en una baranda de metal en
la puerta de salida. La baranda lucía algo endeble para la fuerza del hombre,
incluso llegó a temblar ligeramente. Sentí una pequeña angustia: ¿Esto aguantará
el trato inclemente de los usuarios de Caracas? La pantalla de video no funcionaba. Solo se
veía una especie de banda blanca típica de la falta de señal. Me sentí un poco
decepcionada. El letrero de “Subdesarrollo” apareció en mi mente.
No sé por qué cuando tenemos algo nuevo que disfrutar en Venezuela tiene que existir
paralelamente ese sabor agridulce del que no termina todo con excelencia sino
que deja algo para “luego”. Después de todo, pensarán los menos exigentes,
un bus no es para estar viendo películas o videos, así que… qué más da, además apenas
tienes que pagar 1,5 Bs y por ese precio demasiado bien estas paseando. Lamentablemente, estos valores marginales son
los que nos tienen sumidos en el subdesarrollo. Esta forma de actuar donde
siempre falta algo, donde hay que conformarse con lo que se tiene sin derecho a
exigir más, donde no hay aspiraciones de
mejora, donde los detalles no son importantes y donde además hay que agradecer
que al menos tengas un medio de transporte para trasladarte, como si se tratara
de una inmerecida dádiva disfrutar de los beneficios de los servicios públicos.
Lástima que no tenía una cámara para
fotografiar el bus por dentro, pero estaré preparada para la próxima vez. Ahora
que sé que pasan por la parada donde los espero, iré lista con mi cámara para
registrar cómo fueron estos buses en un principio. Quizás se mantengan así o ¿serán
mucho camisón pa’ Petra?.
miércoles, 6 de febrero de 2013
¿Cuantas semanas tenemos en esto?
Hoy día, somos cuatro vecinas quienes salimos temprano en las mañanas en el
mismo automóvil. Miranda, mi vecina más cercana gentilmente nos da el aventón hacia
alguna zona más cercana a nuestros sitios de trabajo.
Al principio éramos tres: Miranda, Mayra y yo.
Mayra es una vecina que vive al final de la
misma calle. La conocí por medio de Miranda quien ya le había dado la cola en
algunas oportunidades. Digamos que, yo era, en ese entonces, el último chicharrón
de la fiesta. Me incorporé al “club” en el mes de noviembre.
A las cinco y media de la mañana la verdad que
no tengo muchos ánimos de conversar. Soy del tipo de persona que se relaja,
escucha música y se echa una dormidita en la parte de atrás del carro. Aunque
el viajecito dura unos 10 minutos, lo único que me falta es ronronear como un
gato y acurrucarme en el asiento de atrás.
Miranda habla mas que una cotorra eléctrica y le da por conversar a la velocidad de la luz a
esa hora de la mañana. Para mi
representa un esfuerzo algo tormentoso tener que escuchar el monologo de alguien que solo quiere hablar, hablar y
hablar.
Cosas como, asentir con la cabeza, medio sonreír, y decir alguna que otra frase que dé a entender a la otra persona que la estas escuchando se me hace una tarea de locos a esa hora. Mis neuronas están aletargadas todavía. Por tanto, desde mi primer día de transporte insistí en ir en el asiento de atrás.
Cosas como, asentir con la cabeza, medio sonreír, y decir alguna que otra frase que dé a entender a la otra persona que la estas escuchando se me hace una tarea de locos a esa hora. Mis neuronas están aletargadas todavía. Por tanto, desde mi primer día de transporte insistí en ir en el asiento de atrás.
Un par de veces que Mayra dejó de ir le dije: “Te
extrañé, me tocó ir adelante, jajajajajaja”
Mayra y yo nos quedamos en la misma parada del
metro bus y desde allí ella llega directo a su trabajo mientras a mí me toca
hacer dos trasbordos más.
A veces no llegamos a tiempo y perdemos el
metro bus. Otras veces llegamos antes y conocemos ciertos personajes que
esperan junto con nosotras. Tenemos por ejemplo, a un grupito de tres señores
mayores a los que Miranda les dice: “Los compañeritos”. Cuando llegamos a la
parada y ellos no están, Miranda comenta: ¿…y los compañeritos dónde están? Tenemos
el personaje llamado “La coleona”. Una chica de unos 20 años que el primer día
preguntó si esa era la parada del metro y olímpicamente se puso de primera en
la fila. Hay otra Señora mayor que directamente se coloca de primero por el
privilegio que da la edad. Entre la conversadera y las burlas
solapadas que Mayra y yo hacemos de los personajes de nuestro entorno se nos
pasan los minutos de espera mientras llega el metro bus.
El trayecto desde esa parada del Metro bus
hasta que Mayra llega a su trabajo dura aproximadamente 15 minutos. Ese tiempo
lo dedicamos a conversar sobre varios temas. Poco a poco hemos construido una charla amena de intercambio de opiniones,
ideas y aprender una de la otra de las distintas vivencias, lecturas e
intereses que tenemos.
Continuará
martes, 29 de enero de 2013
¡Dame una Señal!
Luego de desempeñarme durante 28 años en el
mundo laboral pensé que lo había visto todo. La verdad que no dejo de
sorprenderme de como las situaciones que la
vida me presenta me impiden dejar de aprender. En este caso particular
puede ser que deba aprender a tener paciencia.
Soy desarrolladora de sistemas informáticos. Me
la paso todo el día programando sentada frente a una computadora. Me limito a
hablar lo que deba hablar para terminar mi trabajo y sigo programando una y
otra vez. Para programar se requiere una serie de condiciones ideales que
permitan al programador pensar, concentrarse y ejecutar. Entre esas condiciones ideales está el maravilloso: silencio.
La Gerencia de Sistemas está dividida en dos áreas . Un
área nos corresponde a nosotros los “pensantes” modestia aparte, y
otra área le corresponde a lo que yo denomino los “pega-cable”. Esta última
gente tiene un estilo de trabajo más bien mecánico tal como instalar y desinstalar
programas, reiniciar equipos, ampliar la memoria, etc. Aunque somos áreas
diferenciadas trabajamos en el mismo espacio separadas únicamente por un pasillo corto y angosto.
Escuchamos todo lo que pasa de un lado y del otro porque es un espacio abierto. El ambiente de trabajo es
particularmente ruidoso. El primer día pensé que era algo casual, es decir,
debe ser un momento de catarsis para eliminar el estrés de la cotidianidad,
pero a medida que han pasado los dias el asunto ha ido en “crescendo”.
En el área de los pega-cables inesperadamente
una lata de cerveza “explotó” como a eso
de las diez de la mañana. La espuma del burbujeante líquido inundo la pantalla
y el teclado del poseedor de tan preciado tesoro. La principal preocupación del
directivo de Sistemas era que el olor quedara impregnado en el ambiente y que las
visitas se dieran cuenta del suceso. Por supuesto, el olor quedó varias horas y
el tema de la cerveza lo tomaron a manera de chiste durante todo el día. La
pantalla de la Laptop quedó manchada para siempre. Sucesivamente he podido
“disfrutar” de los siguientes eventos durante la jornada laboral: Juegos de
futbol virtuales y el grito de goooooooooooooooooooooool celebrando la jugada de un “Messi virtual”, silbidos
en todas sus dimensiones, formas y colores, (No sé por qué pero los pega-cables
silban una y otra vez, en forma constante y con unos sonidos altísimos), tertulias deportivas, carcajadas inesperadas,
chistes.
Me compré un par de audífonos para aislarme del
ambiente pero definitivamente con los silbidos no hay audífonos que valgan.
Conversé con mi amigo Alberto a quien yo le comentaba que me sentía que trabajaba en una
feria o en un circo. No sabía cómo definir todo aquello. Entonces con su
sabiduría me dijo: “No te des mala vida, cómprate un tubo”
-¿Qué?, le respondí.
-Si chica, un tubo de esos que usan las mujeres
para bailar alrededor en los lugares públicos de noche, y te pones a
bailar y te conviertes en la sensación del momento. Quien sabe, capaz que te
ascienden y todo
-Tu sí que eres cómico, le dije. Yo contándote mi
drama y me sales con este mal chiste.
-Claro, si no los puedes vencer, únete a ellos.
Además a lo mejor te pagan por alegrar más el ambiente. ¿Qué vas a hacer?.
O te la calas o te vas. Si al jefe no le importó, ¿qué puedes hacer tú?. ¿Echártelos
encima de enemigos y que te dejen de hablar?. Te vas a tener que ir a la final.
-Si claro, le respondí. No hay nada que hacer.
Voy a traer elefantes, acróbatas y payasos. ¡Ah! Eso no es
necesario ya hay bastantes payasos allí dije mientras me reía del asunto.
Me quedé pensando en qué podía hacer y lo que hice fue pedír una
señal. Bueno, Señor, ¡dame una señal! de lo que puedo hacer acá.¡ Ilumínameeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee!.
La secretaria se fue hace pocos días de
vacaciones y entrenó a una suplente un día antes de irse. Nos la presentaron a todos y la saludé muy
rápido. Le vi fugazmente los ojos y el pelo largo. Realmente no tuve tiempo de
detallarla. Yo estaba ocupada tratando de resolver mis asuntos pendientes.
Al Lunes siguiente,
en el primer día de trabajo de la chica nueva, a la hora del almuerzo, subimos los compañeros programadores con ella al comedor. Luego
de calentar la comida y sentarnos para disponernos a almorzar, espontáneamente levanté la
vista y mis ojos se quedaron anclados en la cara de la chica. Se me cortó la respiración. ¡Tiene barba!
jueves, 10 de enero de 2013
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Escritores Venezolanos Conversando y Escribiendo
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