Escritores venezolanos. Conversando y Escribiendo

Este Blog es para unir a un grupo de escritores Venezolanos que quieren compartir sus experiencias, impresiones y escritos. Somos un equipo. Somos amigos. Somos Creativos. Somos escritores.

sábado, 20 de diciembre de 2008

LA CITA DE HOY

“La vida es algo que le pasa a uno mientras está pensando en hacer otras cosas”.

Margaret Millar. Más allá hay monstruos.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

¿MACBETH, HÉROE MODERNO?


La “Tragedia de Macbeth”, como fue llamada originalmente, tiene antecedentes históricos en sucesos narrados en la obra “Scotorum Historiae” de Héctor Böethius, publicada en París en 1526 y traducida en 1541 al escocés por John Ballenden. A su vez Holinshed se basó en ésta obra para publicar, en 1577, sus “Chronicle of England, Scotland and Ireland”, de la cual finalmente tomó Shakespeare libremente sus materiales para elaborar sus dramas, particularmente Macbeth, acerca de la historia de Escocia e Inglaterra. Algunos críticos creen que Middleton, autor de “La Bruja” (“The Witch”), publicada en 1610, modificó posteriormente algunas partes de “Macbeth”, y hasta se ha hablado de plagio, sin decir de quien a quien (Shakespeare, 1951).

La acción se desarrolla en 5 actos, en Escocia, menos el fin del acto 4 que se ubica en Inglaterra. En síntesis es la historia del General Macbeth, Barón de Glamis, del ejército de Duncan, Rey de Escocia, quien demuestra su valor en la guerra contra Suenio, Rey de Noruega. Por su valor y merecimientos, el rey le concede el título de Baron de Cawdor.
Antes de enterarse de esa distinción las Brujas se lo anticipan y además predicen que será rey. Estimulada así la ambición de Macbeth, inicia su carrera de crímenes con la muerte del Rey, en complicidad con Lady Macbeth, para sustituirlo. Luego la de Banquo, su compañero, también General, quien representaba un obstáculo futuro porque las Brujas habían predicho que sería rey, e inauguraría una dinastía; Macbeth en cambio no tenía hijos y por lo tanto lo sucedería alguien extraño a la familia.

En una segunda consulta, las brujas aparentemente tranquilizan a Macbeth, cuando le dicen: “Sé sanguinario, osado y sin temor, / ríete de cualquiera y su poder: / ningún hombre nacido de mujer / de Macbeth podrá ser el vencedor.” Pero por otra parte le presentan la visión de un niño coronado de rey, quien inauguraría la dinastía de Banquo. De allí en adelante, Macbeth vive obsesionado con sus crímenes y con la lucha por mantenerse en el poder. Hasta que finalmente Malcolm, el hijo del fallecido rey Duncan junto con sus nobles arman un ejército, derrocan a Macbeth y lo matan.

El móvil de Macbeth y su esposa, la ambición, que los llevaba directamente a la catástrofe, hacía pensar que la obra de las más cortas, sencillas y lineales, de Shakespeare, resultaría simplista. No sucedió así porque está basada en el Hado, el destino escrito en los astros, que se presenta en forma encubierta por medio de los oráculos. Si se interroga al oráculo revelará el destino en forma engañosa, para prometer el cumplimiento de la ambiciones del que pregunta, pero llevándolo en realidad a la perdición.

Algunos críticos (Shakespeare, 1999, p.18), toman como un gran acierto en la construcción de la tragedia de Macbeth, “el desdoblamiento de la ambición en dos personajes, Macbeth y la señora Macbeth, y en dar precisamente a ésta la más inexorable resolución, que la lanza a matar sin temblor ni duda, mientras que Macbeth conserva algo de la humanidad de la indecisión y el remordimiento”.

Macbeth es engañado con la verdad por las Brujas porque ya él previamente tiene una gran ambición de poder, su catástrofe no vendrá como en los héroes griegos, de las decisiones externas e ineluctables de los dioses, sino de sus decisiones, moralidad y libertad para actuar. Las Brujas no hacían otra cosa que confirmar lo que él quería saber, para reforzar las decisiones que estaba considerando.

Por eso al final, cuando Macduff lo enfrenta físicamente y con la verdad: “Desespera de tu hechizo, y que el ángel diabólico a quien has servido siempre te diga que Macduff fue arrancado antes de tiempo del vientre de su madre”, reconoce haber sido engañado y exclama: “Maldita sea la lengua que me lo dice porque ha acobardado mi mejor parte de hombre: y que nadie crea más a esos demonios engañadores que nos enredan con un doble sentido, y cumplen la palabra de la promesa para nuestro oído, quebrantándola para nuestra esperanza. No lucharé contigo.” (Shakespeare, 1999, p. 330)

En síntesis, una obra que argumentalmente resultaba plana, sencilla y lineal (como se indicó anteriormente), es convertida por el talento de Shakespeare en una de sus mejores obras dramáticas, “es la tragedia de la ambición, que se desarrolla hasta adquirir proporciones épicas” (Shakespeare, 1951, p. 96). Aunque está basada en hechos históricos porque Macbeth efectivamente vivió y reinó en Escocia, y el personaje de Banquo representa la dinastía de los Estuardos, que ocupaban los tronos de Inglaterra y Escocia en tiempos de Shakespeare, esos hechos fueron utilizados sólo como referencia para elaborar sobre ellos, como una excusa para desarrollar el drama.

Los hechos históricos fueron apenas aludidos en cuanto convinieran al desarrollo de la obra, no guardan ninguna relación con los efectos que hayan podido tener en la historia posterior del país donde Macbeth vivió y cometió sus crímenes. El héroe shakesperiano supedita la acción a la pasión, la ambición en este caso; tiene sentimientos mezquinos y contradictorios, como los de cualquier persona del pueblo. En consecuencia Shakespeare comienza a democratizar el honor, acercando así el héroe al pueblo.

En tal sentido el héroe moderno es más real, más cercano a la gente de su entorno y por lo tanto más creíble. Su suerte no está determinada por las decisiones impuestas por los dioses, como sucedía en la antiguedad griega, sino a su propio discernimiento para lidiar con el destino, que es para Shakespeare un misterio. Sus decisiones son individuales, adaptadas a las circunstancias.

Macbeth es un héroe práctico, responde a las circunstancias y por lo tanto su individualidad se opone a la moral; no manifiesta preocupación ni interés por asuntos nacionales. Sus virtudes ambiguas reflejan la ética protestante de su época y lugar, caracterizada por el pragmatismo y el individualismo, rasgos que aunados al interés por el dinero dieron origen al capitalismo.

Para concluir señalaré dos diferencias fundamentales entre Macbeth y las tragedias que le precedieron: 1) la creación, mediante los personajes de Macbeth y Lady Macbeth, de un héroe bifronte para representar la ambición desmedida y el deseo de poder; y 2) la actitud del héroe ante los oráculos.

En el primer caso me parece que se le ha dado poca importancia al papel de la mujer en esa pareja siniestra, al poder de Lady Macbeth para convencer al marido de la necesidad de pasar del pensamiento y la duda, a efectuar los crímenes que concebía. Curiosamente, en Otelo, Shakespeare para referirse a las supuestas relaciones sexuales clandestinas entre Otelo y Desdémona, las presenta de esta manera en boca de Yago (quien se dirige a Brabancio el padre de Desdémona): “Soy uno que viene a deciros que vuestra hija y el moro están haciendo ahora la bestia de dos espaldas”. En un contexto completamente diferente, se habla aquí de la unidad de la pareja, representada en un extraño ser de dos espaldas (Shakespeare, 1951, p. 1467) .

En el segundo caso, la actitud del héroe ante los oráculos es totalmente diferente a la que aparece en las tragedias griegas. Macbeth reconoce al final que ha sido engañado y recomienda no creer en “esos demonios engañadores que nos enredan con un doble sentido”.





REFERENCIAS






Shakespeare, William (1951). Obras completas. Madrid: Aguilar, S.A. de Ediciones.

Shakespeare, William (2000). Hamlet. Macbeth. España: Editorial Planeta, S.A. (Edición especial para El Nacional)

domingo, 16 de noviembre de 2008

LA CITA DE HOY

“La única sabiduría a que podemos aspirar es la sabiduría de la humildad: la humildad es infinita”.

T.S. Eliot. East Coker. (traducción de Gustavo Díaz Solis). El Nacional, Papel Literario.

martes, 11 de noviembre de 2008

La Caja de Creyones





La Caja de Creyones

Recuerdo que estaba al principio del año en mi primer grado en el colegio cuando me di cuenta de que todas mis compañeras tenían cajas de creyones nuevas. Bueno, yo también tenía una caja de creyones nueva pero era solo de 6 colores. Muchas de mis compañeras tenían cajas hasta de 24 colores. Cuando nos mandaban a dibujar yo me quedaba contemplando extasiada los distintos tonos de azul, de marrón de verde y de gris de las cajas de colores de mis compañeras, que tenían mas colores que yo…por mas que pedía una caja de 24 colores, no me la daban, que con 6 era suficiente que no había plata para comprar mas y así era siempre…

El año escolar transcurría hasta julio cuando mis creyones ya estaban chiquitititos de tanto uso. Para el siguiente año, volvía a pedir una caja de colores nueva. Recuerdo que en quinto grado mi caja de colores llegó a 12 colores, todo un acontecimiento para mi.

Luego que fui creciendo y los años fueron avanzando le iba dando menos importancia a los creyones. Eso ya pasaba a ser cosa de niñitas…

Mas tarde siendo adulta me compre por curiosidad una caja de creyones de 24 colores. Si me había logrado comprar tantas cosas, era ya adulta y no dependía de nadie, ¿Por qué no regalarme la caja de creyones?

Compré la caja, la abrí, y contemplé los colores. No sé por qué pero me parecían pocos colores y no veía la caja tan grande como en aquel entonces. La puse en un estante y como tenía varias cosas que hacer, pensé en sacarle punta a los creyones en la noche y quizás ponerme a pintar.

Pasaron varios días y me había olvidado de la caja. En realidad tuve que reconocer que ya no me producía ninguna emoción. La caja de creyones sigue allí, quizás esperando que alguien la utilice.

Muchos años mas tarde me he dado cuenta de que me ha pasado algo parecido en algunas situaciones laborales donde había esperado el sueldo o el cargo o una mejora en las condiciones de trabajo. La diferencia, es que como adulta, ya no estaba dispuesta a esperar mucho tiempo. Me ha sucedido que, cuando he puesto la renuncia entonces es cuando repentinamente se abren los caminos que se habían cerrado en el lugar que estoy dejando, pero la ilusión de seguir allí se ha desvanecido. Pareciera que algo se hubiese desprendido desde adentro de mi y me resulta indiferente lo que pase o deje de pasar en ese lugar.

Una amiga me comentaba si no se trataría de orgullo. La verdad que no, sinceramente se trata de que pierdo completamente el interés.

Supongo que debe ser un fenómeno parecido a lo que pasa la gente cuando pasa hambre por mucho tiempo y luego no puede comer porque no tolera el alimento.


Quizás hay cosas que nos hacen felices a cierta edad o en cierto período de nuestras vidas y pasado el momento, dejan de tener sentido. Por otra parte, nuevas cosas, retos o situaciones aparecen que nos producen más satisfacción.

Cuando recuerdo la caja de creyones y todos los años que esperé para tenerla, he llegado a la conclusión de que quiero tener una nueva caja de creyones todos los días. Cuando digo caja de creyones me refiero a algo nuevo que me entusiasme y que yo me pueda proporcionar por mi misma.

He de reconocer que la paciencia no ha sido y dudo que sea alguna de mis virtudes.
Después de todo he decidido que si hay algo que me puedo dar o disfrutar en corto tiempo, pues que venga y adelante; de lo contrario me busco otra caja de creyones. He comprobado que me puedo desprender de lo que ya no pude obtener. Debe estar en mí buscar nuevas y mejores satisfacciones. Quizás, esto último sea, para mi, lo más difícil de alcanzar.

Todavía tengo la caja de creyones en el estante. ¿Por qué? No lo sé. Espero que, con el tiempo, los colores me sigan enseñando lo que me falta por aprender…

Quizas regale la caja de creyones o a lo mejor termino pintando algo, quien sabe...

martes, 4 de noviembre de 2008

LA CITA DE HOY

“Para llegar a lo que no se conoce
hay que ir por un camino que es el de la ignorancia.
Para poseer lo que no se posee
hay que ir por el camino del desprendimiento.
Para llegar a lo que no se es
hay que ir por el camino en que no se está.
Y lo que no se sabe es lo único que se sabe
y lo que se tiene es lo que no se tiene
y donde se está es donde no se está."


T.S. Eliot. East Coker. (traducción de Gustavo Díaz Solis). El Nacional, Papel Literario.

sábado, 25 de octubre de 2008

LA CITA DE HOY

“Cuando la persona es joven, no es capaz de percibir el tiempo como círculo, sino como camino que conduce directamente hacia delante, hacia paisajes permanentemente cambiantes; todavía no intuye que su vida sólo contiene un tema; lo comprende en el momento en que su vida comienza a componer sus primeras variaciones”.


Milan Kundera. La inmortalidad. Barcelona: Tusquets Editores, 1990.

LA ENEIDA COMO FUENTE DE GÉNEROS, TÉCNICAS Y PROCEDIMIENTOS LITERARIOS ACTUALES

El propósito de este ensayo es analizar el contenido de La Eneida para señalar aquellos pasajes en los cuales se puedan encontrar antecedentes de algunos géneros, técnicas y procedimientos literarios actuales.
Se ha señalado que Virgilio (1999, p. 11). escribió la primera versión de la Eneida en prosa y posteriormente la versificó. De ser esto históricamente cierto, ya la obra representaría las dos grandes formas literarias que toma la palabra e indicaría la versatilidad del poeta. Algunos autores han creído encontrar influencias de Virgilio en la muy contemporánea “prosa poética” (Virgilio, 1999, p. 15) y “...no podemos olvidar al adentrarnos en la lectura de la Eneida, que como casi todas las creaciones literarias, está montada sobre un triple plano: el mítico o de la ficción, el histórico y el poético” (Virgilio, 1986, p. VI).

Si nos quedamos en la apariencia, ya comúnmente aceptada, la Eneida fue escrita para recrear y enaltecer los orígenes de Roma, es una obra de propaganda imperialista en honor a Octavio Augusto, como imitación de la épica griega para transformarla en la epopeya del pueblo romano (Virgilio, 1986, p. XI). Pero en esa transformación el poeta fue más allá y la convirtió en una obra polisémica, que ha dado lugar a miles de interpretaciones, comentarios y análisis. Este es uno más.

A continuación analizaremos su contenido para ubicar pasajes que puedan ser clasificados como antecedentes de géneros y técnicas literarias actuales.
En primer lugar se ha dividido la obra en dos grandes partes: los primeros seis cantos imitan la Odisea y los últimos seis, la Ilíada. Vista de esta manera puede considerarse la primera parte como la novela de Eneas, pero también como una crónica de viajes, ambos géneros completamente actuales. La segunda parte es una narración de la guerra fundacional de Roma, con todas sus vicisitudes. La epopeya del pueblo romano puede considerarse una novela de tema bélico, como se han producido tantas posteriormente en las dos guerras mundiales de la modernidad; también se encuentran antecedentes de la historia novelada o novela histórica actual.

En esta parte del ensayo se citan algunos pasajes de la obra, que ejemplifican técnicas y procedimientos presentes en la literatura actual.

Tal como en la Odisea, la acción se inicia en un punto que atrapa el interés del lector, para luego retroceder, retardar la acción y proseguir después, un procedimiento llamado “in media res” (Virgilio, 1986, p. XII). El autor hace un resumen, como entrada para lo que va a cantar: “Canto empresas guerreras y al héroe que, forzado por hado adverso a expatriarse, llegó el primero a Italia, a las riberas de Lavinium, desde las costas de Troya. Juguete largo tiempo en mar y tierra de celestes poderes, concitados, contra él por el rencor de la implacable Juno, mucho también hubo de pasar en cruda guerra antes que estableciese en el Lacio sus dioses y echase los cimientos de la ciudad de donde traen su remoto origen la raza latina, los albanos y los muros de la soberbia Roma” (Virgilio, 1999, p. 21, CI). Luego interroga a las musas y comienza propiamente la narración.

Un ejemplo de arenga a los guerreros, a los seguidores de un líder o incluso a los jugadores de un equipo deportivo actual, que van a iniciar una fuerte competencia, lo tenemos cuando Eneas y los troyanos llegan a Sicilia: “ --- ¡Oh compañeros, oh vosotros que habeis pasado ya por pruebas harto más duras -pues no podemos olvidar nuestros anteriores infortunios-, también los dioses pondrán fin a los trabajos presentes! ................. Recobrad ánimos: ¡no más temor ni tristeza! ............................ Tened constancia, pues, y conservaos para días mejores “ (Virgilio, 1999, p. 28, CI).

Después del banquete en el Canto I, Dido pide a Eneas que le cuente sus “errantes correrías”. Eneas acepta la invitación y responde en el Canto II (flash back): “........... Pero si tan grande es tu deseo de conocer nuestras desventuras y la desgracia del día último de Troya, haré un breve relato, aunque doliéndose mi alma rehuye la tristeza del recuerdo”, comienza la narración en tercera persona: “Cansados de la guerra y viéndose rechazados por el Destino.........” Más adelante y ocasionalmente, cambia a primera persona cuando así lo requiere el relato (Virgilio, 1999, p. 45 II). Todo el recuento de las “errantes correrías” de Eneas, que ocupan los cantos II y III, es un ejemplo de la moderna historia oral.


El suspenso en el cine y la narración actuales, tiene también antecedentes en la Eneida cuando se hace la descripción del episodio del caballo de Troya, con el engaño de Sinón (Virgilio, 1999, p. 48, CII) y en el Canto III, cuando salen de Creta para Hesperia: “Cuando estuvimos ya en alta mar, sin que tierra alguna se ofreciese a nuestros ojos, cuando no vimos ya por todas partes más que cielo y agua, súbitamente se detuvo sobre nuestras cabezas una nube sombría, que llevaba en su seno la noche y la tempestad............” (Virgilio, 1999, p. 75, CIII).

La presencia de lo sobrenatural, del fantasma de un muerto que se relaciona con los vivos, sin que estos bajen a los infiernos, es el caso de Creusa que se le aparece a Eneas cuando huía de la batalla de Troya (Virgilio, 1999, p. 67, CII), algo que no aparecía en las obras de Homero. Esto es frecuente en el cine y la literatura actuales, el canto VI, el viaje a los infiernos, es una película de terror. Eneas deja Sicilia y llega a Cumas, al santuario de la Sibila, en el templo de Apolo, a quien ofrece votos y súplicas. Guiado por la Sibila, quien guarda los bosques sagrados del Averno por orden de Hécate, desciende a los infiernos para encontrarse con su padre.
Desfilan los sitios y personajes más horribles: las “negras aguas del Cocito”, la laguna Estigia, el sombrío Tártaro, el Erebo, los dioses Caos y Flegetón, la garganta de Orco, las “pálidas enfermedades” (la ancianidad, el miedo, el hambre, la “hedionda pobreza”), el sufrimiento, la muerte y los “goces culpables”. En el umbral la “homicida guerra, las Euménides, y la discordia. Luego los monstruos: Centauros biformes, las Escilas, Briareo el de los cien brazos, la Hidra de Lerna, la Quimera, las Gorgona, las Harpías y la sombra del triple Gerión. El río Aqueronte con su barquero “el espantoso y hediondo Caronte” y el perro Cerbero, de triples fauces, los campos de los Llantos, el palacio de Plutón y en contraste, los Campos Elíseos. (Virgilio, 1999, CVI).

La crónica de guerra, de permanente actualidad, está reflejada en este pasaje de la destrucción de Troya : “Entre tanto en la ciudad todo es desolación y duelo. Más y más, aunque la casa de mi padre Anquises, retirada y rodeada de árboles, caiga de todo ruido, déjase ora el tumulto, y se percibe distinto el estruendo horrible de las armas, que se aproxima; ........... “ (Virgilio, 1999, p. 54, Canto II).


También la telenovela, tan cara en nuestros tiempos y predios, tiene claras raíces en la novela de Eneas: “Entretanto la reina, herido su corazón, siente los efectos de la amorosa ponzoña; un ardor secreto la consume. Sin cesar se representa su mente el valor del héroe y el esplendor de su linaje; en su alma quedan profundamente grabadas la imagen y las palabras de Eneas, y la turbación que la agita no le permite gustar de las delicias del sueño” (Virgilio, 1999, p. 93, CIV).

El canto IV es una novela de amor que se inicia con los efectos del amor en Dido (inducidos por Cupido, hermanastro de Eneas), luego el despecho cuando Eneas se va y finalmente el suicidio. Es como si estuviéramos escuchando un bolero: “¿Con que esperabas, pérfido, poderme celar tal maldad y abandonar esta tierra sin decírmelo? ¡Cómo! ¡Ni de amor, ni la fe que me juraste ni la horrible muerte que le espera a Dido te detienen! .........” (Virgilio, 1999, p. 102, CIV).

El canto V es en su mayor parte una crónica deportiva que reporta los juegos fúnebres en honor de Anquises . Eneas salió de Cartago hacia Italia y estaban en alta mar cuando los vientos cambian. Deciden entonces llegar a Sicilia, la tierra de su amigo el teucro Acestes, donde está enterrado desde hace un año su padre Anquises. Eneas invita a sus naves y las de Acestes a un certamen de velocidad, entre otros juegos. Así comienza la crónica: “Primeramente se exponen a todas las miradas, en medio de la liza, los premios destinados a los vencedores, trípodes sagradas, verdes coronas, palmas, armas, un talento de oro y otro de plata. Al fin, desde una eminencia, la trompeta da señal de empezar. Cuatro galeras de pesados remos, escogidas iguales en velocidad de entre todas, comienzan el certamen”. (Virgilio, 1999, p. 118-119).

Finalmente llama la atención la casi absoluta ausencia en la Eneida de algún elemento humorístico, como no sea la burla que hacen los teucros cuando Gyas lanza desde la popa de su galera, en la competencia anteriormente comentada, al viejo Menetes: “Los teucros ríen al verle caer y debatirse en el agua; no ríen menos cuando le ven vomitar la amarga onda” (Virgilio, 1999, p. 120). Las preguntas de cierre son: ¿no había surgido el género humorístico para la época en que Virgilio escribió la epopeya de Eneas? ¿No reían los héroes?



REFERENCIAS




Virgilio (1986). La Eneida. Madrid: Editorial Mediterráneo.

Virgilio (1999). La Eneida. Barcelona: Edicomunicación, S.A.



lunes, 20 de octubre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 8 (FINAL)


AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulo Final

- ¿Qué puedo deciros de los dioses sin causar con ello pesar en vuestros corazones? Según quiera un dios todo el mundo ríe o llora, ya que ustedes son para ellos como son las moscas para los chiquillos: los matan por diversión y, aunque ustedes bravuconeen de vez en cuando, ellos son los que controlan todas las situaciones. Muchas acciones ejecutan los dioses contra lo previsto, aquello que se esperaba no se cumple y de lo inesperado encuentra un dios la salida. No ganaría yo nada si tratara de explicarle a Agamenón, el soberano de hombres, y al resto de ustedes, que todo este embrollo obedece a un plan, a una treta de Zeus para sembrar la muerte y la discordia entre los mortales, porque considera que son muy numerosos “Aligerar el peso de los hombres sobre la tierra” es su plan. Así como no hará caso a Casandra, quien habrá de ser su amante, Agamenón, el rey de reyes, mucho menos creerá en mis palabras si le digo que al regresar a la amada patria, le espera una penosa muerte a manos de su adúltera esposa y de Egisto, su amante. Menelao y ninguno de vosotros me creería si les dijera que Helena nunca fue raptada por París sino que, por instrucciones de Hera, Hermes se la llevó a Egipto para ponerla bajo la protección del rey Proteo, el más sensato de todos los mortales y que la que se encuentra en Troya es una falsa imagen de ella. El divino Odiseo, en ardides a Zeus comparado, no daría crédito a mis palabras y no podría entender porqué su regreso a Ítaca le tomará diez años y que en su desesperación habrá de visitar a su madre en el Hades; además, aunque me desprecia y considera insignificante, no me creerá que al principio de la llegada a su reino, sólo confiará en gente humilde e insignificante: el porquero Eumeo y su nodriza Euriclea, quien le reconocerá por una cicatriz que le hizo un jabalí en una de sus piernas. Tampoco ha de creerme que con el porquero, el boyero y su hijo Telémaco, asesinarán y dejarán insepultos los cadáveres de los ilustres pretendientes de Penélope, entre ellos al rey Antínoo, a Eurímaco y a Anfimedonte. Como Ayante es un hombre noble y vulnerable, y aunque sé que tampoco ha de creerme, le advierto que a pesar de que tome las previsiones e intente no dejarse arrastrar por la locura, los dioses han dispuesto para él un final horrible y sus ahora amigos, que habrán de ser luego sus enemigos, no querrán que se le dé sepultura a su cadáver para que sea alimento de aves y perros hambrientos. El único que ha de regresar felizmente a su hogar y ha de vivir larga vida eres tú prudente Néstor, aunque no feliz del todo pues en esta inútil guerra habrás de perder un hijo, ¡Ah, se me olvidaba!...Aquiles morirá enfrente de la bien amurallada ciudad de Troya, después de dar muerte al valiente Héctor. ¿Y quién o quienes serán los causantes de semejantes atrocidades? ¡Les dejo a ustedes la respuesta!

Cuando terminé de hablar, los cuerpos de los terribles guerreros, a excepción del de Néstor, comenzaron a titilar y se fueron desvaneciendo simultáneamente con los de los soldados que los acompañaban, incluso el del muerto. De repente todo el ambiente oscureció por completo y casi al mismo tiempo comenzaron a encenderse las luces del gran salón. Sólo quedó el prudente Néstor, pero su cuerpo lo fue envolviendo una niebla que comenzó a moverse hacia donde yo estaba, hasta posarse sobre mi cabeza. Mis compañeros de viaje y mi querida amiga, aunque mantenían los ojos abiertos, continuaban inmovilizados. En la niebla reconocí a la divinidad que antes había hablado conmigo, pero su hermoso rostro risueño y gozoso al principio, cambió de repente y colérico me increpó:

- ¿Y por qué no mataste a Aquiles? Le hubieras quitado un gran peso de encima a la de bellas calles y bien fortificada Troya y a todo el pueblo troyano.
- Respetado dios, yo no pude hacerlo porque yo pertenezco a otro tiempo y ...
- ¡Pamplinas! ¡Qué tiempo ni qué tiempo, eso aquí no existe! ¡Aquí lo que existe es la acción y las rápidas decisiones!
- Está bien, pero de ser así, entonces habría tenido que evaluar las posibilidades y el sacrificio o sacrificios implícitos en mi decisión.
- ¿Ah sí? ¡Entonces quédate con tus muertos! Yo me regreso al…al…Olimpo a…
- Espera un momento exaltado e iracundo dios, en tus imprecisas instrucciones me indicaste que venciera su mal genio, no que lo matara; me tuviste abandonado casi todo el tiempo y hasta ahora ni siquiera sé quien eres. ¿Sabes lo que significa tomar una decisión convulsiva? ¿Es eso lo que te gusta? Pues bien, yo no iba a caer en la trampa en la que han caído estos infelices reyes por vuestra culpa. Si no hay capacidad para pensar y reflexionar, se inicia, mejor dicho, se acentúa la convulsión y el espasmo como el método, la regla y la norma en la toma de decisiones y los resultados son estos que ahora tú ves: Unos reyes desesperados que les sabe a estiércol la vida de los demás y que viven aterrorizados sólo pensando en cuan perversos pueden ser ustedes los dioses si no se cumple con sus caprichos, pues no los veneran ni respetan sino que les temen y sus pensamientos, que ustedes no pueden ver pues es lo único libre en ellos, sólo están llenos de odio y desprecio hacia los dioses.
- ¿Te has vuelto loco? ¡A mi no me vas a confundir como lo has hecho con esos cretinos!
- ¡Claro que no te voy a confundir! ¡Ya tú estás confundido! Si no, lo primero que....
- No, no, no, no...espera un momento, no sigas hablando estupideces y vamos a tratar de ver como podemos revivir a esos muertos y salir de este enredo, para que esta nave llegue a puerto como si aquí no hubiese sucedido nada.

Mi asombro fue infinito. De repente escuché la fuerte música interpretada por el grupo griego, el mismo cantante y las mismas chicas norteaméricanas bailando como desesperadas en la tarima. El dios había desaparecido.

Me arrimé lentamente hacia mi amiga y le dí un beso en la frente, acerqué mis labios a su oído izquierdo y le susurré quedamente: Llegamos a Atenas mi amor. Ella abrió sus hermosos ojos, me dio un gran abrazo y emocionada me comentó que había tenido un profundo y extraño sueño; luego, me preguntó por mis lentes, pasó su mano sobre mi frente y me dijo que tenía unos rasguños y sangre seca sobre ella.


F I N
Por: Julio C. Chávez G.
Caracas 20 de octubre de 2008

domingo, 19 de octubre de 2008

LA CITA DE HOY

El hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar el pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido”.


Milan Kundera. El libro de los amores ridículos.

EL HEROE Y EL ÁGORA (conclusión)

En el trabajo anterior me referí al tema “El héroe y el ágora”, comentando la relación del héroe con la polis, con los otros, con el colectivo. Partiendo de la Ilíada y la Odisea (sig. 8, a.C. pero que relatan hechos acaecidos para 1184 a.C.) diferencié cuatro colectivos significativos que constituían el universo del héroe griego antiguo: 1) la Asamblea de los Dioses, 2) el Consejo de Ancianos, 3) el Ágora o asamblea de nobles y guerreros, y 4) el Hades o mundo de los muertos. Seleccioné los grupos 2) y 3), por ser los grupos humanos que representaban la polis, la ciudad, el colectivo y con los cuales tenía directa relación el héroe.
En este ensayo me ocuparé de los otros dos grupos: 1) la Asamblea de los Dioses y 4) el Hades, metáforas que inventaron los griegos para representar el mundo de lo sobrenatural. Opino que correspondió a los griegos, por ser pioneros en la creación del mapa del conocimiento occidental, construir un imaginario del mundo primigenio que habitaron; de su lugar en ese mundo, de sus relaciones con los otros seres humanos y animales, así como con dos mundos sobrenaturales que estaban fuera de su percepción: uno superior constituido por los dioses y otro inferior compuesto por los muertos.

Los dioses intervenían en los asuntos humanos, constituían la instancia superior, sus decisiones eran acatadas sin discusión alguna por los humanos, el hombre podía invocarlos en su favor, ganárselos mediante ofrendas y hecatombes, pero no podía modificar sus decisiones ni ascender a su mundo.

El Hades, colectivo de los muertos, era la instancia inferior, representaba el pasado, permitía el reconocimiento del héroe, su vinculación con los antepasados. Los héroes podían, mediante el cumplimiento de ciertos ritos y ofrendas, descender al Hades para comunicarse con sus muertos y ascender de regreso al mundo de los vivos, tal como lo cuenta Homero en la Odisea.

Ante una realidad virgen, inexplorada en casi todos los campos del saber, el cerebro humano no había evolucionado lo suficiente como para comenzar a buscar explicaciones racionales, a los fenómenos que impresionaban sus sentidos y conformaban su percepción. Por eso concebían la tierra, el mundo físico, como un lugar intermedio entre el Olimpo, la morada de los dioses en las alturas, y el Hades, mundo inferior habitado por las sombras de los muertos. Una idea semejante se presenta posteriormente en la concepción cristiana del mundo terrenal, como sitio intermedio entre el cielo, morada de Dios, ubicado en las alturas y el mundo inferior del infierno.

Varios siglos después de Homero, con Heráclito (¿540 – 475 a.C.), Sócrates (469 – 399 a.C.), Platón (437 – 347 a.C.) y Aristóteles (384 a 322 a. C.), entre otros, se inicia la búsqueda del conocimiento organizado. Aristóteles quien recogió y organizó gran parte del conocimiento de su época, estudia en el libro I de su Metafísica, el proceso del conocimiento, señalando los momentos o grados que lo constituían: 1) sensación, 2) memoria, 3) experiencia (empeiría), 4) concepto universal, 5) arte y 6) ciencia (Aristóteles, 1998).

El hombre comparte los dos primeros grados con los animales, ya el tercero es más humano, produce por acumulación de recuerdos un saber particular y constituye con los dos primeros el conocimiento sensorial. A partir de la experiencia hay un cambio cualitativo importante, en el cuarto grado se llega a conceptos universales que permiten lograr los grados superiores del arte y la ciencia.

Entre los relatos homéricos y la concepción aristotélica del mundo, hay muchos siglos. Se ha modificado el concepto de la divinidad y hasta han surgido cuestionamientos, como el de Sócrates, quien postulaba la idea de un Ser Supremo y se burlaba de la pluralidad de los dioses. Aristóteles creía que los dioses eran felices porque el objeto de su felicidad era el cosmos eterno y su única actividad la contemplación, en la cual podían participar los hombres (aunque fuese momentáneamente) pero no los otros seres. Las cosas humanas están para él supeditadas a la teoría (contemplación), el hombre debe tratar de lograr lo inmortal, acercarse a la inteligencia divina.

En resumen, el imaginario griego antiguo acerca de lo sobrenatural, a juzgar por los relatos homéricos, estaba integrado por dos colectivos: la Asamblea de los Dioses, en las alturas del Monte Olimpo y el Hades, mundo de ultratumba, en las profundidades, donde moraban las sombras de los muertos.

En mi opinión esos dos colectivos son una creación del cerebro humano primitivo, son metáforas creadas para explicar un mundo demasiado complejo e inexplicado. Servían además para ayudar al hombre a enfrentar su pequeñez y su soledad, en relación con la tierra y el cosmos, a enfrentar su destino trazado por deidades que estaban en su elevado Olimpo; o por sombras que moraban en las profundidades del Hades, que representaban el pasado, los antepasados y la sabiduría. Otras representaban la enemistad y el odio de aquellos que habían sido afectados por las acciones de quien los visitaba, o que murieron a consecuencia de esas acciones.

Llama la atención que el cerebro humano va evolucionando conjuntamente con el desarrollo de las sociedades, produciendo otras explicaciones, creando otras metáforas, que le ayuden a comprender su circunstancia. Así se va pasando de un colectivo de dioses a la idea de un Ser Supremo, según Sócrates, o a un solo Dios con tres personas como en el cristianismo. Y también en este caso se repite la metáfora de los colectivos: celestiales en un caso y de las profundidades o infierno en el otro.

REFERENCIAS



Aristóteles (1998). Poética. (Traducción de Ángel Cappelletti). Caracas: Monte Avila Editores Latinoamericana, C.A.

Homero (2000). Ilíada. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.

Homero (2000). Odisea. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.

El Acto de Escribir




ARTICULO DE PAULO COELHO
Tomado de la Revista "Todo en Domingo" del Diario "El Nacional"
Domingo 01 de Junio. Venezuela


En las dos columnas anteriores hablé sobre la lectura, la pluma y la palabra. Termino aquí con algunas reflexiones sobre el texto final.

En primer lugar, repito lo que dije anteriormente: todo el mundo tiene una buena historia que contar, y forma parte de la naturaleza humana el compartir un poco de la experiencia personal con los demás. Quizás me pregunten: ¿Y la editorial? ¿Cómo publicar estas experiencias? En realidad, hoy en día existen muchas plataformas para eso (como Internet o cualquiera de los muchos periódicos en circulación, por ejemplo) y siempre habrá alguien interesado en lo que escribes.

De todas maneras, aunque no existiese tal persona, el placer de escribir ya merece la pena.

A medida que la pluma va trazando palabras en el papel, tus angustias desaparecen, y tus alegrías permanecen. Hace falta tener valentía para mirar en lo profundo de uno mismo, y traer lo que se ha visto hasta el mundo exterior, y hay que tener aún más valentía para asumir que, un día, lo que escribiste podrá (y deberá) ser leído por alguien.

¿Y si se tratara de algo muy íntimo? No te preocupes. Hace miles de años, Salomón escribió las siguientes palabras: "Lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará. Nada nuevo hay bajo el sol". (Eclesiastés 1:9).

Es decir: si hace miles de años no existía nada nuevo, ¡imagínate ahora! Nuestros sentimientos de alegría y angustia continúan siendo los mismos, y no hay por qué esconderlos. Y aunque no haya nada nuevo bajo el sol, permanece aún la necesidad de traducirnos todo eso a nosotros mismos, y a los de nuestra generación.

Jorge Luis Borges dijo en cierta ocasión que en realidad sólo hay cuatro historias que puedan contarse:

1. Una historia de amor entre dos personas.

2. Una historia de amor entre tres personas.

3. La lucha por el poder.

4. Un viaje.

De todas maneras, a lo largo de los siglos, los hombres y las mujeres continúan recontando esas historias, y ha llegado el momento de que tú hagas lo mismo. A través del arte de la escritura, entrarás en contacto con tu universo desconocido, y acabarás sintiéndote un ser humano mucho más capaz de lo que creías.

La misma palabra puede leerse de maneras muy diferentes. Escribe "amor" mil veces, por ejemplo, y en cada ocasión el sentimiento será distinto.

Una vez que las letras, las palabras y las frases están dibujadas en el papel, la tensión necesaria para que eso ocurriera ya no tiene razón de ser.

Por consiguiente, la mano que las escribió reposa, y sonríe el corazón del que se atrevió a compartir sus sentimientos.

Si alguien pasa al lado de un escritor que acabó de terminar un texto, pensará que tiene una mirada vacía, y que parece distraído.

Pero él –y solamente él– sabe que arriesgó mucho, que consiguió desarrollar su instinto, que mantuvo la elegancia y la concentración durante todo el proceso, y que ahora podrá darse el lujo de sentir la presencia del universo, y comprenderá por fin que su acción fue justa y merecida. Los amigos más cercanos saben que su pensamiento cambió de dimensión, pues ahora está en contacto con todo el universo: continúa trabajando, aprendiendo todo lo que ese texto trajo de bueno, corrigiendo los eventuales errores, aceptando sus virtudes.

Escribir es un acto de valentía.

Pero merece la pena arriesgarse.

jueves, 16 de octubre de 2008

LA CITA DE HOY

“Se dio cuenta de que desde su infancia no hace otra cosa que hablar, escribir, dar conferencias, inventar frases, buscar expresiones, corregirlas, de que al final no hay palabras precisas, su sentido se difumina, pierden su contenido o se convierten en residuos, hierbajos, polvo, arena que vaga por su cerebro, que le duele en la cabeza, que es su insomnio, su enfermedad”.

“¡La música, la negación de las frases, la música, la antipalabra!”

“Las palabras cárcel, persecución, libros prohibidos, ocupación, tanques, son para ella palabras feas, carentes del menor perfume romántico. La única palabra que suena en su interior dulcemente como un recuerdo nostálgico de su patria, es la palabra cementerio”.


Milan Kundera. La insoportable levedad del ser

martes, 7 de octubre de 2008

LA CITA DE HOY

“También hay un orden secreto, un diálogo inclasificable, otra lógica que nos regresa al extraordinario pecado de la intimidad: también puedes descubrir lo que has vivido leyendo lo que otros escriben sin pensar jamás en ti”.


Alberto Barrera T. (2002). Sin pensar jamás en ti. El Nacional, H/3.

EL HEROE Y EL ÁGORA

EL HÉROE Y EL AGORA. RELACIÓN ENTRE EL HÉROE Y LA POLIS (LA CIUDAD, LOS OTROS, EL COLECTIVO)





En el imaginario griego, una de las funciones del héroe, quien es un noble, hijo de semidiós, una metáfora de la clase social gobernante, es darle unidad a un colectivo. Es un símbolo que une a una clase social y muchas veces era fundador, guerrero, conquistador, de lo cual provenía su nobleza. Entre otros rasgos que definen al héroe, está su carácter apolíneo, el ideal clásico de la medida, propio de seres humanos poco comunes, que comienzan a manifestar su individualidad. Tal individualidad lo lleva a una confrontación entre la condición humana y la condición divina, lo cual es otro rasgo definitorio. El destino no podía ser modificado, era ineluctable, pero la condición del héroe le permitía al menos enfrentarlo. El destino forjaba el carácter heroico, era un fin superior que ennoblecía al héroe.

¿Cómo se relacionaba el héroe con su sociedad?

Si suponemos que la Ilíada y la Odisea, obras atribuidas a Homero, rapsoda que representa la memoria colectiva, son el producto cristalizado de generaciones anteriores, podríamos extraer de aquellas algunos elementos que nos permitan reconstruir la relación del héroe con su sociedad. En este ensayo nos referiremos especialmente a la llamada aristía o gesta de Ulises – Odiseo (Odisea, p. XXIII), guerrero que regresa de la guerra de Troya y es uno de los pocos sobrevivientes, pero también haremos referencia a la Ilíada.

Cuatro colectivos significativos pueden distinguirse claramente en la Ilíada y la Odisea: 1) la Asamblea de los Dioses, 2) el Consejo de Ancianos, 3) el Ágora o asamblea de nobles y guerreros, y 4) el Hades, lugar de los muertos. Nos ocuparemos de los grupos 2) y 3), por ser los grupos humanos con los cuales tenía directa relación el héroe, representan la polis, la ciudad, el colectivo.

Los dioses intervenían en los asuntos humanos, eran la instancia superior, sus decisiones eran acatadas sin discusión alguna por los humanos, el hombre podía invocarlos en su favor, ganárselos mediante ofrendas y hecatombes, pero no podía modificar sus decisiones. El Hades, colectivo de los muertos, representaba el pasado, permitía el reconocimiento del héroe, su vinculación con los antepasados. Los héroes podían, mediante el cumplimiento de ciertos ritos y ofrendas, descender al Hades para comunicarse con sus muertos y ascender de regreso al mundo de los vivos.
Pero la verdadera comunicación que tenía el héroe con seres de su misma condición humana, con su polis, la establecía con el Consejo de Ancianos y con el Ágora. De estos dos grupos, el más importante, numeroso, y representativo como institución era el ágora, que estaba compuesta por los nobles y los viejos héroes. Inicialmente ágora se refiere al lugar construido en la polis para albergar la asamblea de notables, pero luego pasa a designar la asamblea misma, es equivalente a la plaza mayor en las ciudades actuales. Tanta importancia tenía que el héroe convocaba el ágora o asamblea, para discutir asuntos críticos, de extrema importancia, para los cuales se requería la opinión del colectivo.

Por razones obvias, en la Ilíada las asambleas responden a las necesidades de la guerra. Por ejemplo, cuando Aquiles propone regresar de Troya, después de nueve años de guerra, para huir de la muerte segura que significaba la peste desatada por Febo Apolo, por invocación de Crises (Ilíada, canto I). Luego Zeus envía un “Sueño Engañoso” a Agamenón, para que armara su ejército y tomara Troya. Se convoca entonces “al consejo de ancianos magnánimos” e inmediatamente a la asamblea. (Ilíada, canto II). En la prolongación del primer combate, los aqueos son vencidos y Agamenón convoca “al ágora nominalmente en voz baja a los jefes” (Ilíada, canto IX); un nuevo “consejo en las avanzadas” es convocado por Agamenón, cuando despierta a los jefes aqueos, antes de la reanudación del combate (Ilíada, canto X). Los troyanos, a su vez convocan su asamblea cuando Aquiles, después de la muerte de Patroclo, se presenta en la lucha (Ilíada, canto XXVIII).

En la Odisea, la gesta de Ulises, el tema no es la guerra sino el regreso del héroe. Pero también el ágora es el medio y el ambiente necesarios para la comunicación del héroe con el colectivo. En este caso es Telémaco, el hijo del héroe, el que convoca al pueblo a reunirse en el ágora: “Y le hicieron los ancianos lugar y sentóse en la silla paterna”. Llama la atención que el ágora de los itacenses no funcionaba desde que Odiseo había partido de Itaca, hacía 20 años, y sin embargo conservaban su silla.

Las funciones del ágora están muy bien definidas por el viejo héroe Egiptios, el primero que toma la palabra para recibir a Telémaco: “¿Es muchacho o anciano ese a quien de tal modo le apremia una urgencia imperiosa? ¿Recibió la noticia de que nuestro ejército vuelve y nos quiere decir que él ha sido el primero en saberlo? ¿O desea tal vez exponer intereses del pueblo? Así que el ágora cumplía varias funciones implícitas en las preguntas de Egiptios y que debían ser respondidas por quien hacía la convocatoria: 1) Atender una necesidad urgente del convocante (a quien “…le apremia una urgencia imperiosa”); 2) Dar información de mucha importancia para la comunidad; y 3) “…..exponer intereses del pueblo” (Odisea, canto II).

Una cuarta función de la asamblea se puede deducir de la segunda y última convocatoria del ágora en la Odisea: es la presentación de Odiseo a los feacios. Palas Atenea, transformada en un heraldo de Alcinoo va por la polis invitando a los “consejeros y nobles feacios” para que conozcan a Ulises. Se trata entonces, en este caso, de un suceso social, la presentación de una persona importante que era huésped del Rey Alcinoo (Odisea, canto VIII)


¿Qué recibía el héroe de su relación con el ágora?


Hasta ahora hemos señalado las funciones del ágora, sin preguntarnos qué obtenía el héroe, o el que convocaba la asamblea. Una vez recibido el convocante, toma la palabra uno de los nobles ancianos, hombre sabio, que dirigirá la asamblea. Sus preguntas invitan al convocante a exponer el problema y de allí en adelante se discute el asunto, mediante el intercambio del expositor con los asambleístas. Una vez agotado el tema, se dan consejos, se invoca a los dioses, o se toman decisiones, dependiendo del desarrollo de la discusión.

Continuando con el ejemplo anterior, Telémaco responde las preguntas de Egiptios, en el mismo orden en que fueron emitidas: se presenta y reconoce que él convocó a la asamblea, luego señala que no trae información sobre el ejército y que tampoco va a exponer intereses del pueblo. Finalmente entra en detalles sobre el asunto que lo trae: la pérdida de su padre y el asedio de los pretendientes de su madre. Después de las diversas intervenciones, de la discusión y la participación de dioses (Zeus y Atenea), se decide organizar el viaje de Telémaco y se disuelve la reunión (Odisea, canto II).

Un caso diferente es la convocatoria que hace Agamenón (Ilíada, canto II) después que Zeus le envía un “sueño engañoso”, para ordenarle que arme su ejército y tome Troya. Antes de la asamblea decide llamar al “consejo de ancianos magnánimos”, para hacerles “cierta discreta consulta”. A continuación se reúne la asamblea, se discute e intervienen los dioses y finalmente se decide ir a la batalla.

Las asambleas parecen haber sido convocadas con mayor frecuencia en tiempos de guerra que en tiempos de paz, si comparamos la Ilíada con la Odisea. Las necesidades urgentes del convocante en tiempos de guerra fueron evolucionando y adaptándose a los tiempos de paz.

Hay evidentes diferencias entre la primera convocatoria que aparece en la Ilíada, cuando Aquiles propone el abandono de la lucha en medio de una peste devastadora, a la última que reseña la Odisea cuando Alcinoo presenta a Odiseo a los feacios. En este caso y momento, es un acontecimiento social importante el que ocupa la atención de la asamblea.
El ágora es una institución que evoluciona en forma paralela con el desarrollo, evolución y declinación de la sociedad griega. De un colectivo de nobles y viejos héroes, en los tiempos de la guerra de Troya (1.184 a.C.), va incorporando siglos después a comerciantes terratenientes, nuevos ricos que no son nobles pero que comienzan a comprar tierras a los nobles empobrecidos y acceden así al poder. Los cambios que introduce Pericles (+ 429) en la sociedad griega, se reflejan en los cambios que experimenta el ágora por la participación de los comerciantes nuevos ricos. El ágora recibe participantes que la acercan más a un organismo plural, cercano al pueblo; es de suponer que el ágora siguió evolucionando hasta constituirse en una institución fundamental para la democracia en Grecia.

Los cambios que sufrió la asamblea como institución, se ven también reflejados en la literatura: de las epopeyas homéricas al esplendor de la tragedia en el siglo de Pericles, transcurren varios siglos. Mientras que Homero presenta la acción colectiva que se desarrolla en el ágora, como contrapartida del héroe que comienza a manifestar rasgos de individualización, Sófocles (2001) utiliza el coro de ancianos, que es una representación del pueblo, como contrapartida de los protagonistas. El origen de la tragedia es el coro, que es para Nietzsche, la esencia de la tragedia. Es apolíneo, mediante la sabiduría de la vejez posee la historia de la polis y las leyes que la regulan.

Tal parece que en la medida en que se fue desacralizando la sociedad griega, la asamblea de los dioses fue perdiendo poder y el ágora iba ganándolo. En el desarrollo de la sociedad griega, el ágora fue incorporando nuevos participantes, que no eran nobles sino comerciantes adinerados que se hicieron terratenientes y adquirieron poder.

En resumen, el héroe griego es un símbolo que sirve para dar unidad a un colectivo, es un noble, hijo de semidios, o también guerrero fundador y destructor de pueblos. De carácter apolíneo y características personales sobresalientes, establece su relación con la sociedad a través de dos colectivos: el Consejo de Ancianos y el Ágora o asamblea. De esos dos grupos el más importante y significativo era el ágora, compuesta por nobles y ancianos. El héroe convocaba el ágora para exponer problemas críticos, de mucha importancia y urgencia, que requerían la opinión de los asambleístas. Recibía en cambio el apoyo o la oposición a sus planteamientos, la discusión, la intervención divina, y finalmente una decisión para resolver el problema expuesto.

Las funciones del ágora eran: 1) atender una necesidad urgente del convocante; 2) informar a la comunidad acerca de un hecho importante; 3) exponer intereses del pueblo; y 4) celebrar un acontecimiento social.

Con la evolución de la sociedad griega, se van incorporando al ágora otras personas cuya nobleza no viene del origen familiar, ascendencia divina, o los títulos guerreros, sino del comercio y la tenencia de la tierra. Se va así pluralizando y democratizando la asamblea, hasta constituirse en un colectivo bastante diferente del presentado por Homero en la Ilíada y la Odisea.



REFERENCIAS





Homero (2000). Ilíada. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.

Homero (2000). Odisea. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.

Sófocles (2001). Tragedias completas. Madrid: Ediciones Cátedra.

lunes, 6 de octubre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 7







AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulo 7o

- Di un paso al frente y comenté: Sabio y prudente hombre, yo no puedo hablar si el poderoso rey Agamenón no me lo permite.
- ¡Injuriador lanza palabras!...No, no, disculpa hombre, puedes hablar – rectificó el gran rey.
- Gracias Oh, gran y poderoso rey. Lo que yo tengo que deciros, es que por una de esas jugarretas extrañas del destino de los hombres o de los dioses o no sé de qué...nos topamos con algo que en mi mundo llamamos un paso atrás, que como una ironía del dios Cronos, o tal vez como un desafío a su hijo Zeus, que lo destronó del Olimpo, nos puso en contacto con lo que nosotros conocemos como una dislocación dimensional del tiempo y nos sumergió en problemas que no nos incumben. Por ejemplo, hay una tragedia en la vida de la familia Atrida, con la cual nosotros nada tenemos que ver y cuyo único culpable es un padre irresponsable; la perversa tradición de los dioses griegos, ha metido en la cabeza de todos vosotros que las culpas de los padres deben ser pagada por sus hijos. Esta falacia, y muchas otras, la avivan y son el medio de subsistir de farsantes como este adivino que os acompaña, cuya estupidez, soberbia y envidia han de enfrentarlo, en Colofón, con un adivino de verdad: Mopso, el hijo de Apolo, el resultado pueden ustedes deducirlo.
- Pero...son muy graves y ofensivas tus afirmaciones ¿Cómo sabríamos que no mientes?
- No miento porque yo hablo con la verdad, como lo haces tú prudente y sabio hombre, hijo de Neleo y Cloris, a quien Apolo le concedió vivir muchísimos años. Las palabras duras, aunque sean ciertas y justas, muerden, y la verdad es algo que los oídos de algunos no les gusta escuchar; además, cualquiera que hable con la verdad y le diga palabras sabias a un ignorante parecerá que no está en su sano juicio. Los reyes son el centro de las más continuas e insistentes adulaciones y, como el poder corrompe, se acostumbran a escuchar mentiras y no tienen oídos para la verdad; por ello, se hacen prepotentes, envidiosos y perversos, lo cual induce a que la misericordia, la sabiduría y la justicia les abandone.

Los cinco terribles guerreros, todos reyes, comenzaron a inquietarse, Agamenón estaba furioso. Calcante intentó pronunciar algunas palabras, pero ante la fúrica mirada del prudente Néstor se cruzó su capa por el frente y se marchó balbuceando maldiciones. ¡Eureka! Había vencido al adivino. En mi mente comenzó a tomar forma y sentido la señal de Néstor; definitivamente me estaba ayudando, pero...¿por qué? Por mis acosados pensamientos emergieron varias posibilidades, pero la que más acertada me pareció fue que él no estaba de acuerdo con esta guerra inútil y para probarlo, encorajinado continué:

- En campañas o guerras como esta, movidas por un error increíble e imperdonable de todos los reyes de Grecia...
- Un momento. ¿Cómo es eso de que por un error increíble de todos los reyes de Grecia?
- ¿No os dais cuenta admirado y prudente hombre, que no se debería comprometer el destino y futuro de un reino, para defender a..., vi hacia Menelao,...un cornudo medio hombre? ¿En la cabeza de quién puede caber el abandonar a su familia, sus posesiones, su vida, su libertad y exponer la vida de sus guerreros, para defender una causa injusta que os va a llevar a las más grandes tragedias? Además, ese mismo hombre, de tan malos sentimientos, impulsado por la ira de saberse burlado por su mujer, fue incapaz de sentir compasión por su tierna y preciosa sobrina Ifigenia y convenció a su hermano de que estaba equivocado, cuando, arrepentido, había dado la orden para que no se la trajeran a Áulide, adonde ha de ser sacrificada. ¡Nadie la dicha alcanzó actuando injustamente!

Menelao tragó fuerte y bajó la cabeza. Lentamente, con mucho cuidado, apretó la empuñadura de su espada; su bronceado y hermoso rostro se había tornado de un rojo intenso; me dio la impresión de que estaba convulsionando, para después quedarse inmóvil, con sus perfectas facciones cambiando de tonalidades hasta tomar la apariencia de grises rocas. ¡Qué alegría mi deducción había sido correcta! Los terribles guerreros no apartaban su mirada de mí y no se percataron de lo que estaba pasando con el rubio Atrida. Pensé que ahora era el momento de dirigir un ataque contundente contra Aquiles y proseguí:

- ¿Cómo piensas tú, o qué creerías tú, sabio y prudente hombre, de un gran guerrero de este ejercito que se cree invencible, inmortal? ¿Qué oscuros pensamientos no ha de ocultar su alma, hacia el simple mortal que lo dirige, aunque sea un gran rey?
- ¿A quién te refieres sabio hombre?
- Me refiero al semidios que os acompaña, Aquiles, quien se miente a sí mismo creyéndose inmortal y cuyos ojos no pueden ocultar la envidia, ni sus pensamientos sus actos. Que oculta en su careta de eterna ira, sus frustraciones y el menosprecio que siente hacia todos los que le rodean, con excepción de su amigo Patroclo a quien ama con locura y a quien habrá de empujar a la muerte por su terquedad. Él pudo haber sido inmortal, ¡Pero no lo es! pues Zeus y Poseidón que se disputaban el amor de su madre, al saber que el hijo de Tetis con un dios sería un dios más poderoso que ellos, decidieron casarla con un mortal.
- Explícame...¿Cómo puedes saber tú un secreto de dioses y de un guerrero tan poderoso? ¿En verdad conoces la debilidad del Pelida?
- Yo sé muchas cosas que ustedes no saben y en verdad os digo carísimo señor que sí conozco la debilidad de Aquiles y os lo voy a demostrar. Cuando su madre Tetis le quiso hacer invulnerable, lo sumergió en el lago Estigia sujetándole por los talones; al sacarlo...

Antes de que terminara de hablar, Aquiles saltó al centro convertido en un energúmeno; se despojó del fornido yelmo sobre el que ondeaban las áureas y espesas crines de caballo que Hefesto colocara en la cimera; se quitó las grebas ajustadas a las piernas con hebillas de plata y lanzó al piso la hermosa coraza que brillaba como un astro. Nuevamente arrojó a mis pies la gigantesca espada de bronce guarnecida con clavos de plata y colocándose enfrente de mí gritó con todas sus fuerzas: “¡Ahora sí tendrás que matarme cara de perro!” y tomó la lanza que sólo él podía manejar. Yo me quedé petrificado, al punto de no poder coordinar palabra ni movimiento alguno; su aliento, indescriptible, inundó mi olfato y pulmones, y sentí innumerables partículas de su saliva salpicar mi rostro; levantó sus brazos e invocó a Tetis y a su padre Peleo. Miré hacia Néstor y a mi alrededor buscando ayuda, pero Néstor permanecía inexpresivo, los compañeros de viaje estaban tan aterrorizados como yo y mi compañera estaba desmayada en el rincón del sofá. Me agaché y con mis dos manos intenté levantar la espada; cuando ya me daba por muerto, todo el cuerpo de Aquiles se fue recubriendo de una niebla blanca, espesa, azulosa y el terrible guerrero se desvaneció en el aire.

Los tres guerreros restantes estaban asombrados, Menelao continuaba en estado cataléptico, petrificado y el Prudente Néstor permanecía a un lado observando la cara de sorpresa de éstos; solté la empuñadura de la espada, al reincorporarme ellos se echaron hacia atrás, desenvainaron sus armas y se pusieron en guardia. Afortunadamente, el Prudente Néstor se adelantó y pronunció estas aladas palabras:

- Ya os decía yo mis carísimos amigos que no se debe menospreciar a ningún hombre por sus apariencias, ¿Habéis perdido la razón? ¡Guardad vuestras armas! ¿Es qué en nada estimáis la vida o es que habéis perdido enteramente el juicio? ¿No os dais cuenta de que no nos enfrentamos a un simple mortal? Oh, mi queridísimo rey, tenéis que aceptar que aquí no hay ninguna traición ni estamos en frente de ningún espía, sino en presencia de un hombre sabio y poderoso; preciso es que lo dejemos contar en sus propias palabras las razones que lo mueven a insultar a los reyes más poderosos de Grecia y a poner en duda los designios de los dioses. Por favor, poderoso forastero contestad como el corazón y el ánimo os lo ordene.

Odiseo estaba como una fiera encadenada; sin embargo, los otros dos guerreros casi habían recobrado su compostura y Menelao parecía estar saliendo de su letargo. Presentí que estábamos llegando al punto culminante de aquel drama y que era preciso utilizar un argumento certero y convincente que nos diera la libertad.

- Tenéis que oírme para que os diga lo que mi ánimo me ordena dentro del pecho y si algunas palabras desagradables he de deciros, que las arrebaten los vendavales y se las lleven. Lo que me mueve, sabio y prudente hombre, es la justicia; lo que me mueve es la salvación de todos estos inocentes atrapados en este barco, pues mi vida no importa nada; lo que me mueve, estimado y sabio hombre, es que por la flaqueza y falta de virtudes de hombre, un rey sea despojado de la más hermosa hembra y que este hecho sea utilizado como justificativo para destruir una bella ciudad junto con todos sus habitantes y que un guerrero noble y valiente pueda sucumbir por las truculencias políticas de quienes lo consideran estúpido y loco; lo que me mueve, es la ignominia de un adivino que no se conoce a sí mismo y las mentiras y traición de un hombre muy astuto que metió en esta absurda guerra a todos los reyes griegos y cuyas artimañas llevaron a Ifigenia a Áulide, a la captura de todos nosotros y al asesinato de tres hombres valerosos; lo que me mueve, sabio y prudente Néstor, es una desmedida frustración y sed de venganza por la muerte de una madre suplicante y por la muerte de un guerrero, a quien no le dieron la oportunidad de morir como un héroe en batalla, víctimas ambos de la intolerancia y de la estupidez de dos hombres soberbios y prepotentes.
- ¿Y de los dioses...qué dices?

Mis pretensiones, de que tenía en el prudente hombre un aliado, comenzaron a esfumarse y pensé que con su última pregunta Néstor me había tendido una trampa. ¿Qué podría yo contestarle para que no se nos vinieran encima y acabaran de una vez con todos? De inmediato me vino a la mente la imagen de la carnicería que Odiseo, su hijo y dos hombres más habían hecho en su palacio de Ítaca, cuando por su mano la divinidad hizo sucumbir a los ilustres pretendientes de Penélope; no quise imaginar lo que nos pasaría si, además de él, estaban los otros tres terribles guerreros. Por segunda vez advertí que los ojos de todos mis compañeros turistas estaban pendiente de mí, que seguían esperanzados en cada uno de mis argumentos y que con el movimiento de sus cabezas aprobaban todo lo que decía, aunque la mayoría de ellos, creo yo, no entiendía lo que hablaba. Mi compañera, que había recobrado el conocimiento, permanecía en el rincón del mueble bañada en lagrimas; al cruzar su mirada con la mía observé un dejo de admiración en sus cautivantes ojos negros y en sus labios una tierna e imperceptible sonrisa; todo ello hizo que una nueva dosis de adrenalina entrara como una ráfaga a mi torrente sanguíneo y la calma y el valor reaparecieran. “En el nombre de Dios” dije para mis adentros, me persigné e inicié mi respuesta:

FIN 7º CAP BLOG

lunes, 29 de septiembre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 6



AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulo 6o

Sentí que había ganado un nuevo round y un tiempo precioso para reorientar mi estrategia de confusión y discordia, que, definitivamente, estaba funcionando a las mil maravillas. Agamenón estaba confundido, Aquiles y Odiseo enfurecidos; Ayante y Calcante meditabundos y envenenados, pero aún no había podido meter a Menelao de frente en la disputa; sin embargo, Ayante ya me había abierto el camino. La prudencia de Néstor iba a ser un punto culminante, que podía poner en dificultades mi plan y la vida del grupo; lo peor de todo es que no tenía argumentos para atacarlo, pues no conocía debilidades en su vida, por lo cual pensé que tal vez lo más apropiado sería ponerme de su lado y tratar de convencerlo de nuestra liberación. El dios aliado no se manifestaba y yo no sabía hasta cuando podría funcionar mi memoria para inventar tantos disparates. Miré a mi alrededor tratando de hallar aliados entre el grupo de turistas, esta vez observé que sí me miraban y que sus ojos mantenían un dejo de esperanza, ¡Pero no se movían!

El Prudente Néstor llegó ataviado de un resplandeciente uniforme; era alto, de apariencia imponente. Se quitó el casco, su corta cabellera blanca, plateada como las nieves del Olimpo, apareció haciendo juego con una pequeña y bien cuidada barba; todo contrastaba con su piel morena y unos ojos azules, profundos, vivos y escrutadores que comunicaban sabiduría, seguridad y bondad. A diferencia de lo ocurrido con Calcante, a su llegada todos lo saludaron y Agamenón fue de lo más emotivo, pues era a quien ,de los viejos, más apreciaba. Al ver los cuerpos de la mujer y del soldado, tirados en el piso y ensangrentados, y los otros hombres colgados en el mostrador del bar, sus ojos se llenaron de asombro por un instante. El orador sonoro de los pilios, el de la palabra suave, habló así para conmocionar a los cinco terribles guerreros y al adivino:

- Lo que veo parece que hubiese sido hecho por bárbaros; lo que veo no me gusta nada y me llena de preocupación e impaciencia. No puedo asombrarme ¡Oh, amigos! de que un hombre de oscuro linaje caiga en error, cuando los que son nobles de nacimiento incurren en tales aberraciones. De noble estirpe es vuestro ser esencia, para alcanzar la gloria habéis nacido y no para vivir cual brutos sin conciencia. ¡Ay, en verdad, un gran dolor se acerca a la tierra aqueida!, no hay aquí señales de violencia mayor, no arden las hermosas murallas de ningún reino, pero veo la sangre de un valiente guerrero griego y de cuatro desdichados, parte de la cual mancha las sandalias tuyas gran señor y las del magnífico Aquiles.

Ambos aludidos dieron un salto hacia atrás, limpiaron sus sandalias en la alfombra del gran salón y todos bajaron la cabeza en señal de haber acusado el efecto de sus palabras. Agamenón, dando muestras de la admiración y respeto que sentía por aquel hombre lo abrazó y reconoció su falta, luego tomó la palabra y contó hasta el mínimo detalle lo que hasta ahora allí había sucedido, con los argumentos de todos, acción por acción, letra por letra. Yo estaba sorprendido y asombrado por la capacidad de memoria del rey de reyes, con razón le habían nombrado comandante de todos los ejércitos griegos. ¿Qué podía hacer yo ante esta descomunal virtud? ¿Y, dónde estará el dios aliado? De todas maneras, y aunque estaba inmerso en mis preocupaciones, el recuento me sirvió para sopesar el estado de la situación con cada uno de los guerreros y con el adivino, y me puso sobre aviso para que de ninguna manera cayera en contradicciones, pues ello sería mi perdición y la de todos. El prudente Néstor se abrió su manto, lo echó hacia atrás y comentó:

- Yo os voy a contar de un hombre de apariencia insignificante como éste, que fue de gran apoyo para que varones mejores que vosotros, que nunca había yo visto, ni creo verlos en lo venidero, como eran Peritoo y Driante, Cineo y Exadio y Polifemo y Teseo el Egeida, pudieran vencer y exterminar a las más fuertes y montaraces fieras: los centauros de Tesalia y el gigante Ereutalión. Pues bien, ese hombre insignificante se presentó ante tan magníficos hombres y nunca lo menospreciaron, sino que una vez escuchadas sus palabras pidieron sus consejos y siempre le obedecieron. En su juventud fue el único de sus hermanos que se libró de morir a manos de Heracles, luchó contra los Monolídas, participó en la cacería de Calidón, formó parte de la expedición de los Argonautas y ahora lucha en la guerra de Troya. Ese hombre mis carísimos amigos, ese hombre de apariencia insignificante era yo. Nunca menospreciéis a un hombre por más despreciable que os parezca; puede ser un espía de los bárbaros, puede ser un traidor, pero...puede ser un gran sabio y prudente hombre o un mensajero de los dioses, enviado para aclarar una interpretación errada del Oráculo. Además, tenéis que estar más que convencidos de la imposibilidad de que un simple y ordinario mortal pueda haber causado tan funesta confusión a un rey tan poderoso, a cuatro de los hombres más valientes de Grecia y a un adivino que dice tener la confianza de los dioses y poder ver el porvenir.

Pensé para mis adentros que todo mi esfuerzo estaba perdido. Con sus palabras, noté que casi regresaba la compostura en los amarrados rostros de los cinco terribles guerreros. El Prudente Néstor continuó:

- Por su apariencia, no creo que pueda soportar ni siquiera la estocada de una espada blandida por mis, ahora, temblorosas manos.

Mientras hablaba, caminaba en círculos, con un andar lento y firme, parándose algunas veces para mirar directamente a los ojos de los guerreros; sin tomar en cuenta al adivino continuó:

- O tal vez....

Se me acercó y colocó su mano derecha sobre mi hombro, sin tocarme; me pareció ver, muy subrepticiamente, un guiño en sus ojos.

- O tal vez..., repetió, desaparezca como desaparece la niebla en nuestras manos, cuando intentamos acariciarla para sentir su suavidad y frescura, o se mueva y se haga más espesa, como nos sucede al navegar y ella nos envuelve para cerrar nuestros ojos y arrojarnos a los acantilados si nuestros sacrificios no satisfacen a los dioses o cuando hemos osado desafiarlos. No, no creo conveniente menospreciar a este hombre de tan delicada y extraña apariencia, y si no estáis de acuerdo conmigo, os invito a cualquiera de ustedes a que cercene su cabeza de un sólo tajo.

Al principio sentí que el terror me invadía por completo, pero luego entendí que me estaba abriendo el camino al crear la duda y dejarla flotando en el ambiente; además, estaba casi convencido que el parpadeo que había visto en sus ojos, era la señal de algo que aún no atinaba a comprender. Los cinco terribles guerreros permanecieron visiblemente rabiosos, pero ninguno se atrevió a tomar la iniciativa; sin embargo, Calcante dio un paso adelante y comentó:
- Según lo que he podido deducir mi caro y prudente Néstor, este hombre es un farsante pues ya estaba aquí en el momento en que los abordamos.
- No sé en qué puedes basar tu deducción, tú dueño de intrigas, pues al igual que yo, no estabas aquí cuando los más valientes guerreros de Grecia entraron en esta extraña embarcación. Haber, toma mi espada y has lo que te dicta tu conciencia de hombre sabio.
- ¡No, Prudente Néstor! Yo no puedo matar a nadie, yo soy un sacerdote de los dioses, que defiende la vida y busca la felicidad de los hombres.
- ¡Mentira! Tú no eres ningún sacerdote, tú eres un adivino de dudosa reputación, pues, que yo sepa, son muy pocos los augurios que te han resultado ciertos.
- Pero...Prudente Néstor, ¿es que crees que los augurios de los oráculos resultan siempre ciertos?
- ¡Claro que sí!, porque el Oráculo siempre dice la verdad y los que fallan son los hombres al interpretar sus augurios, así como te pasa a ti, porque desde que he oído mencionar tu nombre nunca has acertado una con el gran rey Agamenón o con su familia y sólo les has causado las más terribles penas.

Los argumentos del prudente Néstor eran tan contundentes, que cuatro de los terribles guerreros dibujaron una leve sonrisa, salvo Aquiles que amarró su cara nuevamente, recogió su casco y se lo enterró hasta el cuello, para que sus ojos no pudieran verse.
- Yo quiero saber directamente de este valiente hombre, por qué desafía a los dioses, al heroico ejército Griego y al rey más poderoso del universo. Por favor, buen hombre habla y explícanos.
FIN 6º CAP BLOG

lunes, 22 de septiembre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 5



AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulo 5o


Calcante era un hombre pequeño y delgado, de cabellera grisácea, abundante, que casi le llegaba a las tupidas cejas y una gran barba redonda que le cubría la mitad de la cara; sus ojos eran increíblemente negros y brillantes, y sus movimientos parsimoniosos y bien estudiados. Observé, con regocijo, que sólo Aquiles y Odiseo lo saludaron con un ligero movimiento de cabeza; deduje que el adivino no era santo de la devoción de los otros tres. El gran rey tomó la palabra y sin saludarlo comentó:

- Este hombrecito que ves aquí, vestido de blanco y calzando tan extrañas sandalias, ha osado poner en duda la capacidad del comandante de esta expedición griega y ha cuestionado el poder de la divina Artemis. Dice conocer el pasado, el presente y el porvenir, y aunque algunas cosas pasadas las ha recordado como si fuera un Griego, en sus palabras de bárbaro ha comprometido el porvenir de todos los que aquí estamos. Mi deseo es que habléis con él y que, con el poder que te han dado los dioses, nos digas cómo adivinó los nombres nuestros y quién ha contado a este bárbaro las cosas que nos ha dicho, pues ello me ha hecho pensar que se trata de un espía troyano en contacto con algún poderoso, traidor de nuestras huestes. Solamente él podrá decirnos de quién o de quienes se trata.
- ¡Este bárbaro es un farsante, quitadle la túnica! -gritó con voz chillona Calcante sin pensarlo dos veces.
De un sólo tirón, Aquiles me despojó de la cortina; quedé en franela, pantalones cortos y zapatos de goma; mis lentes cayeron al piso, los cuales recogí rápidamente y me los puse.

- ¡Quitadle esa fuente de magia que ha colocado sobre sus ojos! –chilló de nuevo el adivino.

Esta vez fue Odiseo quien me arrancó los lentes y con sus grandes uñas arañó mi frente que comenzó a sangrar y salpicó sus dedos. Me aterrorizó la fuerza descomunal de este hombre, quien con el sólo roce de sus dedos con mi frente, casi me hizo caer al piso. ¿Porqué tuve que hacer caso a esa aparición? Sentí un miedo profundo y, a pesar del intenso calor reinante en el salón, un frío desagradable comenzó a recorrer mis piernas. Vi a mi alrededor buscando apoyo, pero los ojos de mis compañeros viajeros se desviaban hacia el piso cuando mi mirada se encontraba con las suyas y mi compañera, acurrucada en el rincón del sofá, parecía haberse comido las uñas y las puntas de sus dedos. Cuando estaba a punto de desesperarme, percibí una voz en el centro de mi cabeza: “Ánimo, ya comenzaste, no te acobardes; ese adivino es tu principal enemigo en este instante, anímate, atácalo, no lo dejes pensar”; el coraje regresó lentamente y aunque presentía que era mi fin, intenté un nuevo argumento.

- Te has equivocado Calcante, adivino de malos augurios para la familia Atrida, y tú Odiseo has manchado tus manos con mi sangre de inocente e hijo del dios más poderoso del universo, ya sabes a que te has expuesto, y te digo y adelanto, que tu destino después de esta guerra será terrible; vagarás durante diez años, por mares desconocidos para aumentar el dolor y el sufrimiento de tu mujer y de tu hijo; tu madre ha de morir en tu ausencia y tu padre ha de retirarse a vivir en la más desolada existencia.
- ¡Calladle y matadle de una vez! Gritó Calcante.
¡No! - gruñó Agamenón y desenvainó su espada; también lo hicieron Aquiles, Odiseo y Ajax, Menelao estaba indeciso. El gran rey se me acercó y colocó el canto de su ensangrentada espada sobre mi cuello... a ver charlatán ¿qué tienes que decir?
- ¿No te das cuenta, Oh, gran rey que este adivino de malas pulgas no quiere que hable? ¿Recuerdas quién predijo o interpretó los deseos de la diosa Artemis para sacrificar a tu hija? ¿Sabes de alguna vez que los vaticinios del perverso Calcante hayan estado a tu favor o...a favor de tu familia? ¿No te has dado cuenta que detrás de esos pequeños ojos negros de serpiente venenosa, se esconde una gran ambición de poder que incluye tu vida misma? ¡No confíes en adivinos, los mejores adivinos son la razón y el sentido común!
- ¡No lo dejes hablar gran rey, matadle o lo haré yo mismo!

Agamenón movió su espada y la colocó sobre el cuello de Calcante, seguidamente dijo:

- ¡Callad insensato adivino de malos presagios! ¿No serás tú el traidor de mis temores? ¿Por qué no lo dejas hablar? Esto es algo que no logro explicarme y me llena de incertidumbre, ¿Cómo es posible que el arte antiguo de este adivino no ha sabido traerme nunca otra cosa más que la perturbación y el terror? Ambiciosos y perversos son los adivinos todos; yo quería que se quedara en tierra, pero Aquiles se opuso con tanta vehemencia que no me quedó otra alternativa que traerlo ¿No estarás tú, Pelida, conspirando con esta serpiente?

Aquiles se movió y con su espada desenvainada, se colocó al lado de Calcante para iniciar un iracundo ataque increpando a Agamenón:

- Rey desdichado, causante de tanto dolor y de acciones funestas, no se te ocurra levantar tu espada en contra de este hombre sabio y honesto, en quien los dioses han puesto sus palabras y su confianza; quien ha sido capaz de interpretar los ambiguos e intrincados mensajes que Ptia, la infalible pitonisa del Oráculo de Delfos, comunicó a sus fieles sacerdotes. Él te está guiando en esta gloriosa campaña hacia Troya.

Pude observar, que las arterias del cuello de Aquiles estaban a punto de estallar y para mi beneplácito comprobé que este par de colosos se odiaban. Aunque todo estaba tomando otro rumbo, me convenía que la discusión se centrara en torno al adivino, de acuerdo a la recomendación del dios. Aprovechando que el Pelida se había callado un momento, para escuchar algo que Menelao le susurraba al oído, me entrometí:

- ¿Gloriosa campaña? Por lo menos hasta ahora no tiene nada de ello, sino que por el contrario está llenando de consternación y amenaza con el terror y la conmiseración de una tragedia más para la familia Atrida. Él fue quien te recomendó el Puerto de Áulide en Beocia, para que sirviera de concentración del más poderoso contingente de negras y cóncavas naves que hayan visto los ojos de dioses y mortales en toda la Hélade. Estoy seguro que él sabe, como también lo sé yo, que en esta época del año Artemis abandona esa zona y se va a recorrer la floresta con sus jaurías y su cortejo de ninfas, y que...¡En el Áulide nunca ha existido brisa para navegar en esta época del año, y las consecuencias las estás viviendo ahora gran señor!

El efecto de mis palabras fue tan desconcertante y certero que Calcante no podía salir de su asombro; todo lleno de dudas y de miedo, dio dos pasos hacia atrás y con una rodilla sobre el piso, para complicar más su situación, comentó tímidamente:

- Si ahora estamos viviendo las consecuencias no es por culpa de mi vaticinio, sino por el olvido tuyo Oh, mi gran rey, por no haber cumplido vuestra promesa a la divina Artemis.
- ¡Calla maléfico adivino!, ¿Pretendes llamarme desmemoriado o irresponsable? ¿No te basta con el dolor que ya me estás causando?
- No mi gran señor, no fue esa mi intención, la que sí está bien clara es la intención de este desdichado, de crear la confusión y la enemistad entre vosotros para que la duda, el odio y la maldad llenen sus nobles corazones y la locura inunde vuestros pensamientos.
- Por primera vez escucho algo sensato de tus envenenadas palabras, pero no puedo negar que este insolente ha mostrado sabiduría y valentía, y que habla con gran parte de la verdad.
- Si admites eso, estás demostrando que eres un rey estúpido, con cara de perro y corazón de ciervo -replicó el colérico Pelida- y que admites tener en tus lujuriosos pensamientos a Briseida, que eres un mentiroso y que tu siempre manifiesta preferencia por Odiseo os hará traicionar al gran Ayante en el caso de que mi muerte ocurriera. Pero sabed todos que en la guerra contra la bien amurallada ciudad de Troya yo no he de morir, ya que el mismo Apolo me lo ha dicho, así pues que este insolente hablador está mintiendo.
- ¿Y tú hablas de mentir? –respondí- ¿Te recuerda algo el nombre Pirra? ¿No crees que te mientes a ti mismo al creerte tan valiente? ¿Crees tú, que expondrías tu vida como lo haces si supieras o admitieras que eres un mortal, como lo son tus compañeros? Hay algo que nadie en Grecia sabe, pero que yo sí sé acerca de tu inmortalidad, que tu madre Tetis sufre mucho por ser la causante de ello, pero que tu padre Peleo ignora, aunque lo sospecha.
- ¿Y cómo sabes tú, gusano, que mis padres son Tetis y Peleo?
- Yo sé muchas cosas que ustedes no saben.
- Pero...¡Yo soy inmortal!
- ¡Mentira! claro que no eres inmortal, pero tu condición de semi dios y tu arrogancia no te permiten aceptarlo.

La reacción de Aquiles me indicó que tenía al adivino en mis manos, pero tenía que aprovechar este nuevo arrebato de ira del Pelida. En este momento pensé que me jugaría una de mis más atrevidas y peligrosas acciones, sin pensarlo dos veces se lo solté:

- Tu eres hijo de un mortal engendrado en una diosa; por ello eres un semidios, pero eres mortal porque así lo dispuso Zeus y al mentirte a ti mismo pones de manifiesto que los dioses, y semidioses, son mentirosos según les convenga y si Apolo os ha dicho que en esta guerra no morirás, entonces Apolo te ha mentido y...

Antes que continuara con mi discurso de intriga, la gigantesca y pesada espada de Aquiles cayó a mis pies, todo lleno de ira se quitó el formidable yelmo y lo lanzó al piso; rumiando gritó a todo pulmón:

- ¡Toma mi espada y mátame, si sabes cómo hacerlo, engreido cara de perro!
- ¡No!, Yo no puedo privar al valiente pueblo Griego de uno de sus más corajudos guerreros y no puedo mostrar a los dioses, sin su consentimiento, que sus hijos pueden ser mortales. Aunque me desprecies y veas en mi a un ser insignificante, yo sé cómo quitarte la vida pero no puedo ni debo poner a los troyanos en ventaja contra los griegos.

- No lo haces porque eres un cobarde y un mentiroso. ¡Soldado, toma mi espada y atácame!

El soldado, aterrorizado, bajó la cabeza en señal de respeto, pero Agamenón le gritó: ¡Tómala y atácalo!. Como movido por un resorte el soldado tomó la espada con ambas manos, Aquiles empuñó su lanza y los dos se pusieron en guardia. El soldado atacó primero y Aquiles, que podía bloquearlo fácilmente, apartó su lanza para que la espada se estrellara estrepitosamente entre el hombro y su cuello, rebotando con un sonido de trueno y levantando una nube de chispas multicolores. Luego Aquiles, con movimientos felinos, se apartó unos pasos hacia atrás y semi arrodillado lo ensartó con su lanza por el estómago, atravesó sus pulmones y lo levantó hasta que el cuerpo del soldado se deslizó por el asta; previniendo que la negra sangre llegara a sus manos, lo arrojó con la lanza sobre el teclado de los músicos.

Ayante enfurecido se adelantó con su gigantesco escudo, forrado con siete cueros de buey, y su mortífera espada amenazante, pero Odiseo se interpuso entre ellos.

- ¿Te has vuelto loco, amado y respetado hijo de Telamón?
-¿Me has llamado loco, tú cobarde Laertida? ¡Yo no soy loco! Discúlpate o te irás a dormir al Hades en este mismo momento.
- Disculpa, pensé que habías perdido el juicio y la compostura.
- ¿Y no pierdes tú la compostura y el juicio, cuando este insensato mata a mansalva a un guerrero hijo de Grecia, sin pensar que como todos nosotros él ha dejado atrás a esposa, padres e hijos para defender la honra de este rubio y afeminado cornudo? ¡Es mejor que siga contemplando la luz del día un sólo hombre, sólo uno, que miles de mujeres!
Menelao apretó sus dientes y Agamenón se dio cuenta que había perdido el control de la situación, que era necesario intervenir de inmediato, antes de que los iracundos guerreros iniciaran su danza de muerte; tan fuerte como pudo gritó:

- ¡Calmaos, calmaos ya, hijos de la gran... Grecia! ¡Y tú engendro de Eris, no vuelvas a abrir la bocota sin que yo te lo permita, pues os cortaré la lengua! ¡Menelao, id en busca del Prudente Néstor! Aquí lo que hace falta es un hombre calmado, verdaderamente sabio y no este infame adivino que ha ocasionado semejante desastre.

FIN 5o CAP BLOG

lunes, 15 de septiembre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 4


AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulo 4



-¿Porqué lloran insensatas? ¿No se dan cuenta que el mayor honor de un mortal es el ser sacrificado a los dioses? Además, habrán de recibir la generosidad de un rey agradecido y los mayores tesoros, que nunca un bárbaro haya podido soñar, habrán de ser suyos.

Una de las mujeres se levantó, abrazó su pierna derecha y llorando desesperada suplicó por su hija. -¡Soltadme desquiciada!- Vociferó el gran rey, pero la suplicante madre se aferró más fuertemente. El rey de reyes, apartándola de un empujón le gritó -¡Mujer, en las mujeres el silencio adorno es!-; luego, desenvainó su brillante y gigantesca espada y asestó un golpe fulminante a la desdichada madre, cercenándole la clavícula y cortando en dos uno de sus pulmones, su muerte fue instantánea; simultáneamente, la primera virgen pura de la fila se desplomó al suelo y la luz que la cubría desapareció por completo. Los cinco guerreros tuvieron un instante de parpadeo y se dirigieron interrogantes miradas entre ellos; el soldado de la cratera permaneció inmóvil, impávido como una estatua, aunque con ojos desorbitados dirigió su mirada, sin mover la cabeza, hacia la pobre mujer que había caído a su lado y cuya sangre se movilizaba hacia sus sandalias.

Sentí que debía tomar mi decisión, que este era el momento de actuar. Me coloqué la cortina sobre la cabeza y como en una especie de túnica la crucé por mi cuerpo. Me monté sobre una silla y grité lo más fuerte que pude:

- ¡Alto criminal e insensato rey! que voceas en nombre de los dioses y de la justicia, y acabas de asesinar a una inocente madre que intentaba, suplicándote, salvar a una niña que es su hija legítima. ¿Cómo osas llamar bárbaros a quienes invocando a tus dioses te suplican por la vida de sus hijas? ¿Has olvidado que Zeus es el dios de los suplicantes?

Sentí como una mordaza que aprisionaba mi hombro izquierdo y algo puntiagudo y frío que amenazaba con hincarse en mi nuca. Era el colérico Aquiles, que de un salto se había colocado a mi lado y a pesar de que yo estaba parado sobre una silla, mi cabeza estaba al ras de su nariz. La suerte estaba echada, no me inmuté e interrogué a Aquiles a pesar de estar horrorizado:
- ¿Es así cómo tratas a un hijo del Dios más poderoso del universo?
- Aquiles gritó: ¿Le arranco la cabeza?
- ¡No! espera un momento -replicó Agamenón, a este bárbaro he de matarle yo mismo. ¿Cómo es eso de que eres el hijo del dios más poderoso del universo?
- Esa pregunta he de respondértela luego, lo importante ahora es que sepas que has asesinado a una inocente y suplicante madre, y que su sangre ha cubierto tus manos ¡Sabes muy bien lo que eso significa! Además, a tu maldita extirpe Atrida se une este inútil crimen que Zeus no ha de pasar por alto. ¡Y tú, hijo de Peleo, quítame tus manos de encima! ¡No defiendas y adules a quien pronto habrá de traicionarte y escúchame! Así como mintió a su esposa, para que trasladara a Áulide a su joven y hermosa hija Ifigenia para casarla contigo, sin que tú supieras nada, así ha de mentirte nuevamente para robarte a la bellísima Briseida, pues su lujuria no le permite sacarla de sus pensamientos desde el mismo momento en que te la obsequiaron como premio a tu valentía. La presión sobre mi hombro desapareció y sentí el rechinar de su espada al entrar en la brillante vaina, pero los otros guerreros estaban inquietos y alborotados.

- Hermano, déjame matarle -replicó Menelao.
- ¡No!, ese mortal es mío y yo mismo he de matarle con mis manos, pero antes quiero que venga Calcante, pues este hombre ha dicho cosas que nadie debería saber y que me hacen sospechar de un espía o complice de una funesta traición en nuestras huestes. Los únicos que sabíamos lo que sucedió en Áulide éramos Calcante, Odiseo, tú y yo; no puedo entender cómo este pequeño y cretino mortal sepa lo que está diciendo.

Los guerreros estaban atónitos y encolerizados, pero el más sorprendido de todo era yo ¿De dónde me salió esa elocuencia y esa valentía? Sentí nuevas fuerzas al observar a mis compañeros turistas con sus caras levantadas y mirando hacia mí, sin mover sus labios, en muda esperanza, y mi compañera estaba desconcertada, llorosa y con ambas manos entrelazadas, como rezando e implorando a Dios por mi vida. Volví a la realidad y pensé que había ganado el primer round pues, según escuché a Odiseo, el adivino Calcante no estaba en la nave que nos había capturado y habría que mandar a buscar por él. Agamenón me hizo una señal para que me acercara y colocara a su lado, conjuntamente con los cuatro guerreros que ya le estaban rodeando. Estaba convencido que no debía demostrar miedo y aunque sentía que mis piernas se desmoronarían en cualquier momento, salté de la silla y caminé hacia él lenta y altivamente.

- ¿Sabes algo bárbaro? Me has hecho dudar, pero no niego que eres valiente y por ello te prometo que habré de darte una muerte rápida para que no sufras mucho.
- Estoy muy claro en eso y si te he hecho dudar he puesto de manifiesto que eres un rey débil y un rey que duda no merece ser rey.

Este bárbaro es un insolente, lo voy a matar yo mismo, pero lo voy a hacer sufrir como jamás ha sufrido perro viviente alguno –gruñó Odiseo. De un salto Agamenón y Menelao se pusieron enfrente de mí. ¡Tranquilo Odiseo, ya dije que este hombre es mío porque aquí me huele a traición! A un lado, Aquiles permanecía con mirada de interrogación y Ajax parecía desentendido de todo. Cuando se calmaron los ánimos, reinicié mi discurso de confusión e intrigas.

- En verdad, no me sorprende la actitud del hijo de Laertes, de quien dicen que en astucia es comparable a Zeus; por una de sus grandes ideas, le metió en la cabeza a Tindareo este enredo de vengar el honor de Grecia y hacer jurar a todos los pretendiente de Helena tan nefasto compromiso. Él sabía que no podía competir con la hermosura del rubio Menelao y lleno de envidia le dio esa idea a Tindareo, quien en agradecimiento le entregó a la más fiel de las mujeres de su reino, a su hermosísima sobrina Penélope, hija de Icario y de Peribea, quien ha de sufrir los más horribles ataques de lujuria de los hombres jóvenes y otros no tan jóvenes de Ítaca, mientras él esté ausente.

Iracundo, Odiseo desenvainó nuevamente su espada y comenzó a moverse con la rabia consumiendo sus pensamientos.

- Espera un momento, rey de los cobardes y de las mentiras; estás enojado porque también tú eres un rey débil. El gran rey Agamenón sabe muy bien que para evitar venir a la guerra os hicisteis el loco, no para defender a tu hermosa mujer, a tu pequeño hijo o a tus ancianos padres, sino que lo hiciste por cobardía.
- ¡Cállate bárbaro! ¡Por andar diciendo estupideces como un estúpido, te voy a cortar esa lengua sucia!
- Un momento -intervino Agamenón ¡El bárbaro no miente! Es cierto lo que ha dicho este hombre, recuerda que Menelao y Palamedes fueron a buscarte y fue este último quien descubrió tu ardid. Pero dime tú, gran bocón, príncipe de las injurias y padre de la discordia ¿Quién te ha contado tantas cosas en las cuales mezclas verdades y mentiras? ¿Es qué eres un enviado de Eris o será qué sois un simple farsante que conspira con alguien de mi ejercito?

Pensé que ya tenía en mis manos a Odiseo, pues al hacerlo rabiar no coordinaría bien sus pensamientos para inventar cualquier triquiñuela; le respondí al gran rey para continuar confundiéndolo:

- Yo sé muchas cosas que ustedes no saben. No puedo negar que en tus actos y pensamientos hay algo de sabiduría, como le corresponde a un rey capaz de comandar los ejércitos griegos; pero por esa sabiduría deberías haberte dado cuenta de que todo lo que os he dicho es la pura verdad, porque mi Dios, el que te comenté anteriormente, pone en mis pensamientos y en mis palabras todo lo que os digo.
Agamenón respondió de inmediato:
- No se necesita ser sabio para conocer el pasado, ciertamente que los mortales pueden saber muchas cosas en viéndolas; pero antes de verlas, ningún adivino del porvenir sabe lo que sucederá y lo que me intriga y me hace dudar es que has hablado de cosas que aún no han sucedido, que llenan de ira y de odio mis oídos y los de mis compañeros.
- Mi Dios es el Dios de Zeus y de todos los dioses del Olimpo; conoce perfectamente lo pasado y lo por venir. Para aumentar vuestras angustias y para hacerte dudar más ¡Oh, injusto rey! y poner de manifiesto tus debilidades, he de deciros a todos que el bueno y noble Ayante Telamonio también ha de ser traicionado por ustedes.

Ayante levantó su cabeza cuando se sintió aludido, sus pensamientos vagabundos parecieron detenerse y tomar un rumbo; se paró, se desperezó y preguntó:

- A ver tú, que hablas tan deslenguadamente, ¿Cómo sabes nuestros nombres? ¿Qué tienes que decir de mí?
- Yo sé muchas cosas que ustedes no saben. Tus padres son Hesione y Telamón, de él heredaste la fuerza y la valentía en la batalla. A ti te guía Ares el dios de la guerra y la destrucción, y aunque eres un hombre de nobles sentimientos, a la hora de matar desconoces hasta a tus amigos y no te importa si es un dios al que tienes por delante, por eso se dice que Dionisos ronda tus pensamientos. Cuando Aquiles muera, pues...,vi hacia donde estaba el Pelida, ¡escúchame bien iracundo Aquiles!, porque tú sabes muy bien que has de morir joven, aunque algún dios te mienta y te diga lo contrario; por ello tu madre sufre continuamente y trata de darte y complacerte en todo lo que le pides. Sabes que es verdad y que no te miento; pues bien, a tu muerte habrá una gran competencia para entregar al ganador tus atuendos y tus armas que han sido elaboradas, a solicitud de tu madre, por el mismo Hefesto. En ese momento ha de surgir la traición en contra del noble Ayante y los implementos y armas bien ganados por él, les serán entregados a Odiseo, quien en componenda con Agamenón y Menelao lo decidirán de esa manera, para trastornar su fiel y valiente corazón y hundirlo en la locura, a pesar de que será él quien, entre una tormenta de proyectiles, retirará tu cadáver del campo de batalla.

Ayante se sentó de nuevo y con una estruendosa carcajada, con la boca abierta hasta donde más no podía, se tragó un gran vaso de vino. En ese momento entró Taltibio, el heraldo de Agamenón, quien sin mucho protocolo anunció: Ha llegado Calcante.

FIN 4o CAP BLOG

domingo, 14 de septiembre de 2008

LA CITA DE HOY

“Mas cada cual el rumbo siguió de su locura,
agilizó su brazo, acreditó su brío,
dejó como un espejo bruñida su armadura,
y dijo: el hoy es malo, pero el mañana es mío.”
Antonio Machado

lunes, 8 de septiembre de 2008

AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO. CAP 3



AVENTURA EN EL MAR SARÓNICO
Capítulos 3o


Agamenón hizo una señal y entraron seis soldados, dos cargaban un hermoso trípode de oro y los otros cuatro una soberbia y hechizante cratera recubierta de oro y piedras preciosas; la montaron sobre el trípode y procedieron a llenarla con un agua que parecía estar muy fría, pues inmediatamente sus paredes se llenaron de sudor por la humedad creciente en el gran salón; a su lado se quedó, inmóvil, el más alto y fornido de los soldados. Ahora viene la prueba final -gruñó Agamenón- la siguiente es la prueba de la pureza, porque es necesario definir bien a las que habrán de escoger, ya que una mujer puede ser virgen sin ser pura y la diosa no nos perdonaría semejante error. Hemos de bañar a estas mujeres con agua fría de las fuentes del nacimiento del Estige; las vírgenes habrán de sentir la caricia de Afrodita cuando su piel se erice de pies a cabeza, y Atenea, la diosa virgen, dará su aprobación con una señal inconfundible. ¡Desnúdense! rumió Agamenón y el salón se transformó como en un teatro con una escena de valet plenamente ensayada, los movimientos de las vírgenes eran idénticos.

La primera en pasar fue una mujer como de unos veintitantos años, el soldado desparramó una vasija de agua sobre su cabeza, lo cual provocó espasmos en su cuerpo pero sólo por unos instantes, tomó sus vestidos y se fue al final del salón. La siguiente fue una niña, tal vez de trece a catorce años; al contacto con el agua, su tierno cuerpo comenzó a tiritar frenéticamente y como por un hechizo, su piel totalmente erizada, se rodeó de una luz brillante, azulada. Los ojos de los cinco guerreros se llenaron de gozo, el soldado permaneció inmutable. De esa manera, pasaron todas las vírgenes, de las cuales ocho fueron descartadas; éstas se mantuvieron apartadas pero no se les permitió reunirse con sus amigos o familiares.

La voz del rey de reyes, altiva, fuerte y profunda se alzó de nuevo: “Ahora, y para que veáis cuan justo puede ser un rey, os toca a ustedes seleccionar finalmente a las diez afortunadas vírgenes, pero han de tener muy presente que aquí las emociones no tienen sentido, que la juventud da placer a la diosa, que una virgen vieja no merece el honor del sacrificio y que si se equivocan en su selección, el Hades ha de ser el refugio de todos ustedes”. Para mis adentros pensé que nunca había escuchado instrucciones más precisas; estimaba que había unas siete vírgenes entre doce y trentipico de años, las otras eran de mayor edad, incluyendo cinco mujeres entre cuarenta y cincuenta y otras dos visiblemente mayores de sesenta años, que parecían pavonear su virginidad y su pureza en el centro del salón. No sospechaban que lo que se nos venía encima era un tremendo problema, pues los números no cuadraban, no había diez vírgenes puras y jóvenes.

Al ver la cara de inocencia de las niñas, algo dentro de mí comenzó a rebelarse. Recordé la valentía de los hombres que habían asesinado, pensé en Afrodita e invoqué la justicia de Atenea, mi querida diosa virgen, para que pusiera fin a aquella locura, pero recordé que ella estaba a favor de los griegos en esa guerra y no atendería a mis súplicas; sin embargo, Afrodita estaba a favor de los troyanos y era, en parte, la causante de ésta calamidad ¿Podrá ayudarnos?. Por mi mente comenzaron a desfilar todas las cosas que sabía, que había leído acerca de los griegos, los paseos recientemente realizados por el Oráculo de Delfos y por la impresionante Acrópolis, por los mares llenos de leyendas y por la admiración que todo ello me hacía experimentar. Sentía que mis héroes comenzaban a derrumbarse, que la crueldad era hermana infiel de la belleza y la justicia, pero también comprendí que mis patrones de justicia y de ética no tenían que ser iguales o parecidos a los de ellos y que por una jugarreta del tiempo o no sé de qué cosa, nos encontrábamos atrapados en una paradoja, en un cuento o en una trampa. Conocía de la tragedia que Agamenón vivía en esos momentos y cómo había terminado, pero me parecía una locura, una insensatez, un martirio innecesario para aquellas niñas y mujeres.

Nuevamente sentí posarse encima de mi cabeza la sombra que antes me había hablado, pero esta vez pude distinguirla un poco mejor, era un hombre muy hermoso, su cara parecía de porcelana y alrededor de su silueta brillaban miles de minúsculos luceros. ¡Tiene que ser un dios!, ¿Pero, cuál de ellos? Como era de esperarse, en todas las actividades de los griegos, en la antigüedad, los dioses están de por medio y ésta no podía ser una excepción, pero...¿Por qué éste se me presenta a mí y no a un Griego? Sabiendo lo tracaleros y perversos que pueden ser si se lo proponen, quise esquivarlo para que no me envolviera en una de sus funestas trampas; pretendí sentir temor de que los guerreros nos vieran e intenté cerrar los ojos para apartar aquella visión. Él se me adelantó y advirtió:

- Mortal, no cierres los ojos ni temas por represalias, pues ellos no pueden vernos ni oírnos; escucha bien lo que voy a decirte pues no he de repetirlo. No se trata de tu vida, la de tu amiga o la de las vírgenes, de ello dependerá la vida de todos ustedes y, principalmente, el futuro de Troya la de amplias calles. Habrás de crear la confusión y la duda en los pensamientos de Agamenón; para ello tendrás que vencer la astucia de Odiseo, el mal genio de Aquiles y de un perspicaz adivino que ha de presentarse, pues yo, de ser necesario, me encargo de los otros dos.

- Pero... ¿Y por qué tengo que ser yo? No poseo la fuerza ni los recursos para combatir a esos gigantes.
- ¡Tienes que ser tú, porque tiene que ser alguien! Si no posees la fuerza, sí tienes la virtud de la memoria y de la palabra, que es más fuerte que la espada más poderosa y, te digo, que ellos no son gigantes, son mortales como tú y además me tienes a mí como aliado.

Intenté seguir argumentando y me di cuenta que había desaparecido. Un frío me recorrió todo el cuerpo y sentí erizarse los cabellos en mi nuca, que estaba mojada por completo, un hilillo de sudor me corría por la espalda y se colaba entre mis nalgas y piernas. Al contrario que las instrucciones de Agamenón, las del dios me parecían vagas e insuficientes. ¿Pero cómo puedo combatir con la memoria y la palabra a los campeones de la palabra y la memoria? ¿Cómo podría yo confundir a Agamenón, al campeón de la astucia Odiseo y al siempre encolerizado Aquiles? ¿Quién será el adivino? ¿Qué hago? Se me vino a la mente la diosa Eris, la discordia. ¿La invoco? No, no, mejor no lo hago, ella podría meterme en un problema de mayores proporciones. Lo que tengo que hacer es recordar todo lo que pueda de lo que he leído de los griegos, sólo habrá que esperar el momento oportuno para actuar y el dios tiene que iluminarme porque, de acuerdo a sus palabras, él es mi aliado y parece estar en contra de estos terribles guerreros. A mis pies había una cortina blanca que fue arrancada de una ventana próxima, con mi pie derecho comencé a halarla hasta que la tuve al alcance de la mano.

Agamenón rugió de nuevo: Ha llegado el momento de que tomen su decisión, que, como pueden ver no ha de ser muy difícil pues la mayoría de las vírgenes puras son las más jóvenes. Ningún hombre se movía ni se atrevía a modular palabra alguna. Un grupo de mujeres comenzó a movilizarse hacia el gran rey, se adelantaron y se echaron a sus pies suplicando por la vida de sus hijas.
FIN 3er CAP BLOG

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