“Cuando muera, no intenten infundir vida artificial en mi cuerpo, y no llamen a este lecho de muerte, sino lecho de vida, tomen de mi cuerpo lo que consideren ayudará a otros a llevar una mejor vida. Denle mis ojos a un hombre ciego, mi sangre al adolescente que fue hallado en las ruinas de un automóvil, mis riñones a ese otro que depende de una máquina. ---- quemen lo que resta de mí y esparzan las cenizas al viento, que tal vez ayude a las flores a crecer”.
Robert Test, Cincinatti Post, 1989.
Escritores venezolanos. Conversando y Escribiendo
Este Blog es para unir a un grupo de escritores Venezolanos que quieren compartir sus experiencias, impresiones y escritos. Somos un equipo. Somos amigos. Somos Creativos. Somos escritores.
lunes, 30 de marzo de 2009
LA CITA DE HOY
“Se dice que el tiempo es un gran maestro, lo malo es que va matando a sus discípulos”.
Héctor Berlioz. El Nacional: 11.12.2000, “Tal día como hoy”.
Héctor Berlioz. El Nacional: 11.12.2000, “Tal día como hoy”.
lunes, 23 de marzo de 2009
LA CITA DE HOY
“Cuando Montaigne dijo que estudiar filosofía era aprender a morir, no hizo más que retomar un viejo clisé: la preparación estoica para la muerte revela la esencia inconsolable del pensamiento filosófico”.
Salvat Editores (1975). La filosofía hoy. (Biblioteca Salvat de Grandes Temas, n° 75). Barcelona: Salvat Editores, S.A.
Salvat Editores (1975). La filosofía hoy. (Biblioteca Salvat de Grandes Temas, n° 75). Barcelona: Salvat Editores, S.A.
miércoles, 18 de marzo de 2009
La Renuncia

He renunciado a ti. No era posible
Fueron vapores de la fantasía;
son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía.
Yo me quedé mirando cómo el río se iba poniendo encinta de la estrella…
hundí mis manos locas hacia ella y supe que la estrella estaba arriba…
He renunciado a ti, serenamente, como renuncia a Dios el delincuente;
he renunciado a ti como el mendigo que no se deja ver del viejo amigo;
Como el que ve partir grandes navíos como rumbo hacia imposibles y ansiados continentes;
como el perro que apaga sus amorosos brios cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
Como el marino que renuncia al puerto y el buque errante que renuncia al faro y como el ciego junto al libro abierto y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti, como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia;
como esos granujillas otoñales, con los ojos estáticos y las manos vacías, que empañan su renuncia, soplando los cristales en los escaparates de las confiterías…
He renunciado a ti, y a cada instante renunciamos un poco de lo que antes quisimos y al final, !cuantas veces el anhelo menguante pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel.
Ya estoy tranquilo.
Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño;
desbaratando encajes regresaré hasta el hilo.
La renuncia es el viaje de regreso del sueño…
Autor: Andres Eloy Blanco, Insigne Poeta Venezolano
lunes, 2 de marzo de 2009
Concurso: La Mejor Frase de Amor.

A continuación publico tres poemas de quienes participamos en el concurso: La Mejor Frase de Amor promocionado por "El Nacional". Localicé en la lista de poemas a dos amigos que conozco y cuyos poemas me gustaron muchisimo. Publicaron a los ganadores y no fuimos ninguno de los tres, pero como lo importante es competir, acá les transcribo los tres poemas. El acceso a los poemas ganadores ya no existe pero haciendo click a la imagen lateral que aparece en este blog, donde se hace referencia al concurso, podrán ver el nombre de los ganadores.
Colores de los que me enamoré
Me enamoré de los colores pastel del sweater que tenias la primera vez que te ví, del color castaño de tu cabello, del verde de tus ojos, y del marrón de tus pecas.
Me enamoré de la transparencia de tus lagrimas cada vez que bostezas, y de lo rosadito de tus ojos.
Me enamoré de lo blanco de tus parpados cuando duermes, y te acurrucas arropada con la sabana.
Y sigo todavía enamorado porque todos los días vuelvo a ver esos colores en tí. Quiero que lleguemos a viejitos y veamos juntos el anaranjado de los atardeceres, el azul de los días y la iluminación de las noches.
Freddy Hernández
----------------------
Al verte se que nada falta
que en mi andar me uno más a ti,
que soy la ola que acaricia el viento,
que soy la pluma que no deja de sentir.
Al verte se que nada añoro,
ni aquel primer amor,
ni aquel beso robado,
sólo se cuantas veces he añorado
estos instantes que tengo junto a ti.
Al verte nada extraño,
al verte nada sueño,
para que hacerlo,
no podrá ser mejor
el consuelo de amarte,
el consuelo de tenerte,
podría Dios acaso
entregarme más grande amor
en este instante perdido
y en este instante de dos.
Soraya Gabaldón Pérez
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Te digo que se me enreda...
se me enreda la boca en tus palabras
se me enreda la voz en tu cabello
se me enreda el cuerpo en tus caricias
se me enreda el alma en tu mirada.
Enredado enredo es éste del cual no quiero salir
asi como tu me enredas; quisiera enredarte a ti
Que digas que se te enreda...
que se te enreda la boca en mis palabras
que se te enreda la voz en mis poemas
que se te enreda el cuerpo en mis caricias,
que se te enreda el alma en mi mirada.
Liliana Suárez
sábado, 14 de febrero de 2009
HÉROES Y HEROÍNAS DE LA QUEJA
INTRODUCCIÓN
El objetivo de este ensayo es explorar, en las novelas “Los sufrimientos del joven Werther” y “Madame Bovary. Costumbres provincianas”, escritas en épocas diferentes, algunas características de sus héroes – protagonistas. En particular las quejas que le formulan a la vida y al destino.
La primera versión de “Los sufrimientos del joven Werther” fue publicada por Goethe en Leipzig, 1774, y es en 1787 cuando publica la segunda versión, que es una revisión y modificación de la primera. Flaubert publica “Madame Bovary”, por entregas, en la Revue de Paris, en 1856.
Diferentes en estructura y contenido, tienen en común ciertos rasgos heroicos de sus protagonistas y el suicidio como final en ambos casos. Externamente las diferencias son evidentes: Werther es un héroe polifacético, un joven ilustrado, con intereses y destrezas artísticas, humanista que conocía el griego, y de regulares condiciones económicas. Emma Bovary, pequeño burguesa normanda, educada en el convento de las Ursulinas, “.... sabía danza, geografía, dibujo y bordaba y tocaba el piano.” Leía novelas románticas, sus heroínas eran María Estuardo, Juana de Arco y Eloísa Agnes Sorel, entre otras. El padre era dueño de una granja grande y próspera, dirigida por ambos porque la madre había muerto.
LAS QUEJAS DE WERTHER
La posición existencial de Werther ante la vida es un reflejo del conflicto entre el individuo y la sociedad, que Goethe ponía en boca de su personaje. Por construcción y definición, la queja es la forma de expresión de Werther. La “fiebre wertheriana” como fenómeno social, ha sido definida por algunos como: “....... una actitud espiritual caracterizada por un pesimismo melancólico que hundía sus raíces en un desengaño apriorístico del mundo basado en la convicción de que la propia realización humana era axiomáticamente imposible, y que por su radicalismo juvenil resultaba peligrosa porque tenía como posible fin el suicidio.” (Goethe, 2002, p. xxvii)
“Los sufrimientos del joven Werther”, que ha sido clasificada como “novela epistolar”, es una prolongada queja de principio a fin. Lo que presento a continuación son algunas muestras de las muchas y reiteradas quejas que llenan la obra.
Efectivamente desde la primera carta, Werther comienza por quejarse de su destino: “¿Acaso mis demás relaciones no fueron elegidas por el destino para angustiar un corazón como el mío? ¡Pobre Leonor! Sin embargo he sido inocente.” (Goethe, 2002, p. 5). De manera que la obra comienza con el sentimiento de culpa, por un primer amor que concluye con la muerte de la amada. También desde el comienzo está presente la huída en busca de un ambiente diferente, para curar las penas de amor. Más adelante, generalizando, vuelve sobre el tema: “Y sin embargo, nuestro destino es ser malentendidos.” (Goethe, 2002, p. 10)
Curiosamente cuando ya se declara enamorado de Carlota, se refiere nuevamente al destino pero en actitud de rebeldía: “.......... no me refería a ti ciertamente cuando censuro como insoportables a los hombres que nos exigen la resignación ante el destino inevitable.” (Goethe, 2002, p. 42)
En cambio cuando comienza a darse cuenta de la imposibilidad de su amor, pero simultáneamente reconoce que no puede vivir sin ella, su queja lo lleva a pensar en la muerte: “...... El vivir solitario en una celda, el vestir áspero pelo y llevar cilicio serían delicias por las que anhela mi alma. ¡Adiós! A esta desdicha no le veo otro fin que la tumba.” (Goethe, 2002, p. 54)
Las citas anteriores son de la primera parte (primer libro) de la obra, al final Werther decide alejarse de Wahlheim para separarse de Carlota y olvidarla.
En el segundo libro, para cumplir su objetivo huye nuevamente del conflicto, cambia de ciudad e inicia una carrera diplomática bajo las órdenes de El Embajador. No duró mucho tiempo en tal actividad porque comienza a quejarse del trabajo y de su relación con su jefe, pero por otra parte consigue un protector en el Príncipe heredero. Otro noble que le mostró afecto y consideración, el Conde de C..., lo pone en una situación molesta al invitarlo a una fiesta que era para personas de un mayor rango social. Ahora su queja tiene que ver con el trabajo, la relación con el Embajador, y las diferencias sociales en la corte.
Renuncia a la carrera que había iniciado y se va a pasar la primavera en las fincas del Príncipe. Para ese momento Carlota se había casado, se intensifica su despecho y generaliza su situación: “No soy el único a quien le va así. Todas las personas se engañan en sus esperanzas, en sus expectaciones.” (Goethe, 2002, p. 76)
De allí en adelante, en el resto del segundo libro y también en el tercero, hasta el final, se intensifica la queja paralelamente con los anuncios del suicidio que inevitablemente llegaría. A continuación presento otros ejemplos de la queja en estas partes de la obra.
La invocación y las quejas a Dios son frecuentes: “¡Bien lo sabe Dios!, muchas veces me acuesto con el deseo, y aún con la esperanza, de no volver a despertar...... “ (Goethe, 2002, p. 85). O también: “¿No es esta la voz de un ser viviente, oprimido totalmente en sí, sintiéndose fallar y caer inconteniblemente, clamando en las íntimas profundidades de sus fuerzas que se remueven en vano: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?... “(Goethe, 2002, p. 87).
En su última carta a Carlota: “¡Allá voy! voy a mi Padre y a tu Padre. A este me quejaré, y Él me consolará hasta que tú llegues... “(Goethe, 2002, p. 118).
LAS QUEJAS DE EMMA BOVARY
En Tostes, lugar donde los esposos Bovary fijan la residencia y comienzan la vida de casados, no había pasado mucho tiempo cuando Emma comienza su queja: “¿Por qué Dios mío, me habré yo casado?” (Flaubert, 2000, p.45). Meses después, cuando los invitan a un baile en la casa del marqués de Audevilliers, en la Vaubyesard, quedó encantada y nostálgica con el esplendor de la alta sociedad, esperando una nueva invitación, que nunca llegó, para el año próximo.
El pueblo le resultaba aburrido y comenzó a tener problemas en su casa, con la suegra cuando los visitaba, y con el servicio. Se preguntaba en una queja silenciosa: “¿Acaso iba a durar siempre aquella desolación? ¿Acaso no saldría jamás de ella?” (Flaubert, 2000, p. 67).
Su situación se hizo tan seria que Charles, su esposo, supuso que tenía una enfermedad nerviosa y decidió mudarse. Cuando partieron de Tostes, el pueblito donde pasaron los primeros años, Emma estaba en cinta.
La segunda parte de la novela comienza con la llegada a Yonville – L´ Abbaye, donde dio a luz y comenzó a adaptarse al pueblo y a los vecinos. Cuando llegó conoció a León, joven estudiante de quien se hace amiga cada vez más cercana. Un domingo de febrero salieron los esposos Bovary, Homais y León, a conocer una hilatura de lino recién establecida.
En la noche Emma no podía dejar de recordar y comparar las conductas contrastantes entre su marido y León; éste último le parecía encantador, compartía su interés por la lectura, a diferencia de su marido tosco, aburrido y ordinario. Comenzaba a preguntarse si León estaría enamorado de ella, pero: “Entonces empezó la eterna lamentación: << ¡Oh! ¡Si Dios lo hubiera querido! ¿Por qué no será posible...? ¿Quién impedía, pues ...? >> (Flaubert, 2000, p. 102).
Días después hablando con León, se queja de su situación doméstica: “...¿Es que no tengo una casa que llevar, un marido que cuidar, mil tareas, en una palabra, un montón de deberes más urgentes?” (Flaubert, 2000, pp. 105-106). A medida que se acercaba más a León y se iba enamorando, comienza a odiar al marido, ahora su queja es solitaria: “Por lo demás ya no me quiere --pensaba-- . ¿Qué hacer? ¿Qué socorro esperar, qué consuelo, qué alivio?” (Flaubert, 2000, pp. 109).
En el capítulo XI, ya León se había marchado a París y después de los famosos comicios en el pueblo, Emma se hace amante de Rodolphe. Pero pasados seis meses tuvieron dificultades e interrumpieron sus citas. Vuelven a verse después del infortunado suceso, de la fracasada operación que hizo Charles al desgraciado Hippolyte y que la terminó de convencer de la mediocridad y escasa valía de su esposo. Esta era su queja:… “¿Cómo, pues, había podido ella (que era tan inteligente) equivocarse otra vez acerca de él? Por lo demás, ¿por qué lamentable manía había destrozado de aquel modo su existencia en sacrificios continuos?” (Flaubert, 2000, p. 183).
Los amores con Rodolphe no duraron mucho porque ella le pidió que abandonaran todo y escaparan a vivir juntos lejos de allí. Habían preparado todo y un día antes de marcharse, Rodolphe le envió una carta de despedida y se fue del pueblo. Estuvo deprimida y enferma por un tiempo, hasta que para el final del capítulo se había recuperado lo suficiente como para ir a la ópera en Rouan. En la ópera se encontró de nuevo con León y comenzaron a verse con frecuencia.
En la tercera parte de la novela, ya recuperada Emma de su ruptura definitiva con Rodolphe, inicia amores con León y durante un tiempo frecuentan un hotel en Rouan, ciudad a la cual había regresado León cumplida su estadía en París. Nuevamente después de un intenso período pasional, comienzan sus dudas acerca de la fidelidad de León, quien comenzaba a inasistir a sus citas. Ahora su queja es esta: “¡No importa! No era feliz, no lo había sido nunca. ¿De dónde venía, pues, aquella insuficiencia de la vida, aquella instantánea podredumbre de las cosas en que se apoyaba?... ” (Flaubert, 2000, p. 279).
De aquí en adelante la acción se acelera y precipita hacia el final, porque el desorden económico de Emma la lleva a la ruina, le embargan todos los bienes y cuando recurre en última instancia a sus amantes, encuentra el más absoluto rechazo y negativa. Curiosamente cuando todo estaba perdido desaparecen las quejas, porque ha tomado la decisión que venía anunciando desde el principio de la novela.
“Entonces su situación, como un abismo, se le hizo presente. Jadeaba a todo pulmón. Después, en un transporte de heroísmo que la hizo sentirse casi gozosa, bajó la cuesta corriendo, atravesó la pasarela de las vacas, el sendero, la avenida, el mercado, y llegó ante la botica” (Flaubert, 2000, pp. 308-309). Presionó al ayudante para que le abriera el estante donde sabía que guardaban el arsénico, tomó precipitadamente una cantidad de polvo y se lo llevó a la boca. Desesperada cumple lo que antes había pensado, e insinuado desde que comenzaba su matrimonio, y cada vez que se enfrentaba a una dificultad: se suicida.
REFERENCIAS
Flaubert, Gustave (2000). Madame Bovary. Costumbres provincianas. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
Goëthe, Johann Wolfgang (2002). Los sufrimientos del joven Werther. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
El objetivo de este ensayo es explorar, en las novelas “Los sufrimientos del joven Werther” y “Madame Bovary. Costumbres provincianas”, escritas en épocas diferentes, algunas características de sus héroes – protagonistas. En particular las quejas que le formulan a la vida y al destino.
La primera versión de “Los sufrimientos del joven Werther” fue publicada por Goethe en Leipzig, 1774, y es en 1787 cuando publica la segunda versión, que es una revisión y modificación de la primera. Flaubert publica “Madame Bovary”, por entregas, en la Revue de Paris, en 1856.
Diferentes en estructura y contenido, tienen en común ciertos rasgos heroicos de sus protagonistas y el suicidio como final en ambos casos. Externamente las diferencias son evidentes: Werther es un héroe polifacético, un joven ilustrado, con intereses y destrezas artísticas, humanista que conocía el griego, y de regulares condiciones económicas. Emma Bovary, pequeño burguesa normanda, educada en el convento de las Ursulinas, “.... sabía danza, geografía, dibujo y bordaba y tocaba el piano.” Leía novelas románticas, sus heroínas eran María Estuardo, Juana de Arco y Eloísa Agnes Sorel, entre otras. El padre era dueño de una granja grande y próspera, dirigida por ambos porque la madre había muerto.
LAS QUEJAS DE WERTHER
La posición existencial de Werther ante la vida es un reflejo del conflicto entre el individuo y la sociedad, que Goethe ponía en boca de su personaje. Por construcción y definición, la queja es la forma de expresión de Werther. La “fiebre wertheriana” como fenómeno social, ha sido definida por algunos como: “....... una actitud espiritual caracterizada por un pesimismo melancólico que hundía sus raíces en un desengaño apriorístico del mundo basado en la convicción de que la propia realización humana era axiomáticamente imposible, y que por su radicalismo juvenil resultaba peligrosa porque tenía como posible fin el suicidio.” (Goethe, 2002, p. xxvii)
“Los sufrimientos del joven Werther”, que ha sido clasificada como “novela epistolar”, es una prolongada queja de principio a fin. Lo que presento a continuación son algunas muestras de las muchas y reiteradas quejas que llenan la obra.
Efectivamente desde la primera carta, Werther comienza por quejarse de su destino: “¿Acaso mis demás relaciones no fueron elegidas por el destino para angustiar un corazón como el mío? ¡Pobre Leonor! Sin embargo he sido inocente.” (Goethe, 2002, p. 5). De manera que la obra comienza con el sentimiento de culpa, por un primer amor que concluye con la muerte de la amada. También desde el comienzo está presente la huída en busca de un ambiente diferente, para curar las penas de amor. Más adelante, generalizando, vuelve sobre el tema: “Y sin embargo, nuestro destino es ser malentendidos.” (Goethe, 2002, p. 10)
Curiosamente cuando ya se declara enamorado de Carlota, se refiere nuevamente al destino pero en actitud de rebeldía: “.......... no me refería a ti ciertamente cuando censuro como insoportables a los hombres que nos exigen la resignación ante el destino inevitable.” (Goethe, 2002, p. 42)
En cambio cuando comienza a darse cuenta de la imposibilidad de su amor, pero simultáneamente reconoce que no puede vivir sin ella, su queja lo lleva a pensar en la muerte: “...... El vivir solitario en una celda, el vestir áspero pelo y llevar cilicio serían delicias por las que anhela mi alma. ¡Adiós! A esta desdicha no le veo otro fin que la tumba.” (Goethe, 2002, p. 54)
Las citas anteriores son de la primera parte (primer libro) de la obra, al final Werther decide alejarse de Wahlheim para separarse de Carlota y olvidarla.
En el segundo libro, para cumplir su objetivo huye nuevamente del conflicto, cambia de ciudad e inicia una carrera diplomática bajo las órdenes de El Embajador. No duró mucho tiempo en tal actividad porque comienza a quejarse del trabajo y de su relación con su jefe, pero por otra parte consigue un protector en el Príncipe heredero. Otro noble que le mostró afecto y consideración, el Conde de C..., lo pone en una situación molesta al invitarlo a una fiesta que era para personas de un mayor rango social. Ahora su queja tiene que ver con el trabajo, la relación con el Embajador, y las diferencias sociales en la corte.
Renuncia a la carrera que había iniciado y se va a pasar la primavera en las fincas del Príncipe. Para ese momento Carlota se había casado, se intensifica su despecho y generaliza su situación: “No soy el único a quien le va así. Todas las personas se engañan en sus esperanzas, en sus expectaciones.” (Goethe, 2002, p. 76)
De allí en adelante, en el resto del segundo libro y también en el tercero, hasta el final, se intensifica la queja paralelamente con los anuncios del suicidio que inevitablemente llegaría. A continuación presento otros ejemplos de la queja en estas partes de la obra.
La invocación y las quejas a Dios son frecuentes: “¡Bien lo sabe Dios!, muchas veces me acuesto con el deseo, y aún con la esperanza, de no volver a despertar...... “ (Goethe, 2002, p. 85). O también: “¿No es esta la voz de un ser viviente, oprimido totalmente en sí, sintiéndose fallar y caer inconteniblemente, clamando en las íntimas profundidades de sus fuerzas que se remueven en vano: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?... “(Goethe, 2002, p. 87).
En su última carta a Carlota: “¡Allá voy! voy a mi Padre y a tu Padre. A este me quejaré, y Él me consolará hasta que tú llegues... “(Goethe, 2002, p. 118).
LAS QUEJAS DE EMMA BOVARY
En Tostes, lugar donde los esposos Bovary fijan la residencia y comienzan la vida de casados, no había pasado mucho tiempo cuando Emma comienza su queja: “¿Por qué Dios mío, me habré yo casado?” (Flaubert, 2000, p.45). Meses después, cuando los invitan a un baile en la casa del marqués de Audevilliers, en la Vaubyesard, quedó encantada y nostálgica con el esplendor de la alta sociedad, esperando una nueva invitación, que nunca llegó, para el año próximo.
El pueblo le resultaba aburrido y comenzó a tener problemas en su casa, con la suegra cuando los visitaba, y con el servicio. Se preguntaba en una queja silenciosa: “¿Acaso iba a durar siempre aquella desolación? ¿Acaso no saldría jamás de ella?” (Flaubert, 2000, p. 67).
Su situación se hizo tan seria que Charles, su esposo, supuso que tenía una enfermedad nerviosa y decidió mudarse. Cuando partieron de Tostes, el pueblito donde pasaron los primeros años, Emma estaba en cinta.
La segunda parte de la novela comienza con la llegada a Yonville – L´ Abbaye, donde dio a luz y comenzó a adaptarse al pueblo y a los vecinos. Cuando llegó conoció a León, joven estudiante de quien se hace amiga cada vez más cercana. Un domingo de febrero salieron los esposos Bovary, Homais y León, a conocer una hilatura de lino recién establecida.
En la noche Emma no podía dejar de recordar y comparar las conductas contrastantes entre su marido y León; éste último le parecía encantador, compartía su interés por la lectura, a diferencia de su marido tosco, aburrido y ordinario. Comenzaba a preguntarse si León estaría enamorado de ella, pero: “Entonces empezó la eterna lamentación: << ¡Oh! ¡Si Dios lo hubiera querido! ¿Por qué no será posible...? ¿Quién impedía, pues ...? >> (Flaubert, 2000, p. 102).
Días después hablando con León, se queja de su situación doméstica: “...¿Es que no tengo una casa que llevar, un marido que cuidar, mil tareas, en una palabra, un montón de deberes más urgentes?” (Flaubert, 2000, pp. 105-106). A medida que se acercaba más a León y se iba enamorando, comienza a odiar al marido, ahora su queja es solitaria: “Por lo demás ya no me quiere --pensaba-- . ¿Qué hacer? ¿Qué socorro esperar, qué consuelo, qué alivio?” (Flaubert, 2000, pp. 109).
En el capítulo XI, ya León se había marchado a París y después de los famosos comicios en el pueblo, Emma se hace amante de Rodolphe. Pero pasados seis meses tuvieron dificultades e interrumpieron sus citas. Vuelven a verse después del infortunado suceso, de la fracasada operación que hizo Charles al desgraciado Hippolyte y que la terminó de convencer de la mediocridad y escasa valía de su esposo. Esta era su queja:… “¿Cómo, pues, había podido ella (que era tan inteligente) equivocarse otra vez acerca de él? Por lo demás, ¿por qué lamentable manía había destrozado de aquel modo su existencia en sacrificios continuos?” (Flaubert, 2000, p. 183).
Los amores con Rodolphe no duraron mucho porque ella le pidió que abandonaran todo y escaparan a vivir juntos lejos de allí. Habían preparado todo y un día antes de marcharse, Rodolphe le envió una carta de despedida y se fue del pueblo. Estuvo deprimida y enferma por un tiempo, hasta que para el final del capítulo se había recuperado lo suficiente como para ir a la ópera en Rouan. En la ópera se encontró de nuevo con León y comenzaron a verse con frecuencia.
En la tercera parte de la novela, ya recuperada Emma de su ruptura definitiva con Rodolphe, inicia amores con León y durante un tiempo frecuentan un hotel en Rouan, ciudad a la cual había regresado León cumplida su estadía en París. Nuevamente después de un intenso período pasional, comienzan sus dudas acerca de la fidelidad de León, quien comenzaba a inasistir a sus citas. Ahora su queja es esta: “¡No importa! No era feliz, no lo había sido nunca. ¿De dónde venía, pues, aquella insuficiencia de la vida, aquella instantánea podredumbre de las cosas en que se apoyaba?... ” (Flaubert, 2000, p. 279).
De aquí en adelante la acción se acelera y precipita hacia el final, porque el desorden económico de Emma la lleva a la ruina, le embargan todos los bienes y cuando recurre en última instancia a sus amantes, encuentra el más absoluto rechazo y negativa. Curiosamente cuando todo estaba perdido desaparecen las quejas, porque ha tomado la decisión que venía anunciando desde el principio de la novela.
“Entonces su situación, como un abismo, se le hizo presente. Jadeaba a todo pulmón. Después, en un transporte de heroísmo que la hizo sentirse casi gozosa, bajó la cuesta corriendo, atravesó la pasarela de las vacas, el sendero, la avenida, el mercado, y llegó ante la botica” (Flaubert, 2000, pp. 308-309). Presionó al ayudante para que le abriera el estante donde sabía que guardaban el arsénico, tomó precipitadamente una cantidad de polvo y se lo llevó a la boca. Desesperada cumple lo que antes había pensado, e insinuado desde que comenzaba su matrimonio, y cada vez que se enfrentaba a una dificultad: se suicida.
REFERENCIAS
Flaubert, Gustave (2000). Madame Bovary. Costumbres provincianas. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
Goëthe, Johann Wolfgang (2002). Los sufrimientos del joven Werther. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
LA CITA DE HOY
“Decía Flaubert que para ser feliz era necesario contar con tres requisitos: estupidez, egoismo y buena salud”.
Joaquín Marta Sosa. Los fanáticos inevitables. El Nacional, 8.3.88, A-4.
Joaquín Marta Sosa. Los fanáticos inevitables. El Nacional, 8.3.88, A-4.
lunes, 2 de febrero de 2009
Pero no puedes

Quisieras poder ordenar al sol que deje de brillar,
al cielo que se tiña de rojo y a las aves que
detengan su canto.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar a la tierra que escupa flores por
donde tu pisas, al aire que no cese de murmurar tu nombre y
a los peces que sigan el rastro por donde tú pasas.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar un súbdito en cada nuevo alumbramiento,
ordenar a los hombres que se alimenten con las míseras sobras de tu vanidad
y a los astros que cambien su orbita para que no cesen de escribir tu nombre.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar al todopoderoso que doble su rodilla en tu presencia,
a los ángeles que sostengan tu corona y a las estrellas que adornen tu cetro
con su luz.
Pero no puedes.
Quisieras ordenar la vida y la muerte para ahogar la ira de tu arrogancia no correspondida,
la impotencia de tu voluntad no satisfecha y
la garganta del valiente que se atreve a decirte que NO.
Pero no puedes.
Quisieras poder, pero no puedes…
sábado, 31 de enero de 2009
LA CITA DE HOY
“Ni soy jefe ni aspiro a serlo. Mandar y obedecer es lo mismo. El mas autoritario manda en nombre de otro, de un parásito sagrado -su padre- , transmite las abstractas violencias que padece. Nunca en mi vida he dado una orden sin reír, sin hacer reír; es que no me corroe el chancro del poder; no me enseñaron a obedecer”.
J.P. Sartre. Las palabras.
J.P. Sartre. Las palabras.
sábado, 24 de enero de 2009
Nadie como tu
Fernando es un niño con gran talento para jugar béisbol, desde temprana edad fue a las sesiones de entrenamiento y siempre realizaba las prácticas que se le pedían con gran destreza. Sabia batear, pitchar, y era además un excelente short stop. No había nada que Fernando no supiera hacer. Cuando había un juego contra los tigres salvajes, el equipo confiaba en Fernando para las jugadas mas difíciles y llego a convertirse en el jugador mas cotizado de la liga de béisbol.
Todos adoraban a Fernando al punto que tenia su club de Fans entre los padres y representantes y otro entre las niñas. Fernando siempre hacía lo que le indicaban y nunca faltaba a las prácticas. Tenía en su casa una colección de fotos de los eventos más importantes del equipo y siempre aparecía él celebrando con sus compañeros los triunfos del campeonato. La fama del equipo fue creciendo y necesitaban nuevos uniformes, bates, guantes e implementos. La foto de Fernando comenzó a aparecer en varios afiches y se hicieron calcomanías en las que él se lucía en diferentes posiciones. En varios noticieros aparecía Fernando como una promesa del béisbol.
El club de fans comenzó a crear nuevos trajes para las porristas y además se introdujo un personaje que representaba la mascota del equipo en todos los encuentros. La mascota del equipo es Marcos, un niño de cinco años muy gracioso sus cabellos era completamente rizados y su cara llena de pequitas que parecían las chispas de un helado de chocolate. Era además gordito y metido en su disfraz de oso panda parecía una bolita de nieve. Cuando trataba de imitar el movimiento de las porristas caía quién sabe para cual lado y nunca iba al ritmo de la música. Todo ese espectáculo despertaba las carcajadas destornilladas de la gente y en cada encuentro, el público esperaba la aparición de Marcos en su traje de osito. El equipo continuaba jugando y Marcos comenzaba a aparecer en las fotografías de los periódicos cada vez que hacían un reportaje de prensa. Hasta hubo una firma comercial le propuso a los padres de Marcos hacer una publicidad en televisión sobre una refrescante bebida.
Marcos estaba por todas partes: fotos, calcomanías, propagandas y en las nuevas franelas del equipo. Si, en la imagen del osito panda.
Todo estaba bien hasta que Fernando comenzó a faltar a los entrenamientos ¿qué pasaría con Fernando? tiene una tarea escolar atrasada que debe entregar. Hoy no puede entrenar, contestaron sus padres.
Fernando faltó nuevamente al siguiente entrenamiento: es que tengo mucho que estudiar puso como excusa, y cada vez, Fernando hallaba un pretexto para no asistir a las prácticas y lo mas preocupante, es que en el último juego ni siquiera hizo un hit. El entrenador estaba muy preocupado y los padres de Fernando no conseguían respuesta a la actitud del muchacho. Cada vez era más difícil convencerlo para que fuera a entrenar...
A todas estas, Fernando estaba cada vez mas malhumorado y decidió practicar solo, fuera de las horas de entrenamiento para no hablar con nadie y para que nadie lo fuera a fastidiar así que fue a su casillero y buscó su bate pero no lo encontró. De pronto escuchó los golpes continuos del rebote de una pelota y dirigiéndose al ruido, encontró a Marcos jugando con su bate.
- ¿Quién te dio permiso para tomar mi bate?. Marcos estaba sonriente y a la vez apenado.
-Nadie... respondió, quería aprender.
-No te metas con mis cosas respondió y Fernando indignado le quitó el bate.
Tu no necesitas practicar para que todos te quieran te basta solo con ser gracioso y te vuelves famoso e importante en cambio yo tuve que esforzarme mucho
¿Por qué tomaste mi bate?
y Marcos le responde: solo quería ser como tú...
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