INTRODUCCIÓN
El objetivo de este ensayo es explorar, en las novelas “Los sufrimientos del joven Werther” y “Madame Bovary. Costumbres provincianas”, escritas en épocas diferentes, algunas características de sus héroes – protagonistas. En particular las quejas que le formulan a la vida y al destino.
La primera versión de “Los sufrimientos del joven Werther” fue publicada por Goethe en Leipzig, 1774, y es en 1787 cuando publica la segunda versión, que es una revisión y modificación de la primera. Flaubert publica “Madame Bovary”, por entregas, en la Revue de Paris, en 1856.
Diferentes en estructura y contenido, tienen en común ciertos rasgos heroicos de sus protagonistas y el suicidio como final en ambos casos. Externamente las diferencias son evidentes: Werther es un héroe polifacético, un joven ilustrado, con intereses y destrezas artísticas, humanista que conocía el griego, y de regulares condiciones económicas. Emma Bovary, pequeño burguesa normanda, educada en el convento de las Ursulinas, “.... sabía danza, geografía, dibujo y bordaba y tocaba el piano.” Leía novelas románticas, sus heroínas eran María Estuardo, Juana de Arco y Eloísa Agnes Sorel, entre otras. El padre era dueño de una granja grande y próspera, dirigida por ambos porque la madre había muerto.
LAS QUEJAS DE WERTHER
La posición existencial de Werther ante la vida es un reflejo del conflicto entre el individuo y la sociedad, que Goethe ponía en boca de su personaje. Por construcción y definición, la queja es la forma de expresión de Werther. La “fiebre wertheriana” como fenómeno social, ha sido definida por algunos como: “....... una actitud espiritual caracterizada por un pesimismo melancólico que hundía sus raíces en un desengaño apriorístico del mundo basado en la convicción de que la propia realización humana era axiomáticamente imposible, y que por su radicalismo juvenil resultaba peligrosa porque tenía como posible fin el suicidio.” (Goethe, 2002, p. xxvii)
“Los sufrimientos del joven Werther”, que ha sido clasificada como “novela epistolar”, es una prolongada queja de principio a fin. Lo que presento a continuación son algunas muestras de las muchas y reiteradas quejas que llenan la obra.
Efectivamente desde la primera carta, Werther comienza por quejarse de su destino: “¿Acaso mis demás relaciones no fueron elegidas por el destino para angustiar un corazón como el mío? ¡Pobre Leonor! Sin embargo he sido inocente.” (Goethe, 2002, p. 5). De manera que la obra comienza con el sentimiento de culpa, por un primer amor que concluye con la muerte de la amada. También desde el comienzo está presente la huída en busca de un ambiente diferente, para curar las penas de amor. Más adelante, generalizando, vuelve sobre el tema: “Y sin embargo, nuestro destino es ser malentendidos.” (Goethe, 2002, p. 10)
Curiosamente cuando ya se declara enamorado de Carlota, se refiere nuevamente al destino pero en actitud de rebeldía: “.......... no me refería a ti ciertamente cuando censuro como insoportables a los hombres que nos exigen la resignación ante el destino inevitable.” (Goethe, 2002, p. 42)
En cambio cuando comienza a darse cuenta de la imposibilidad de su amor, pero simultáneamente reconoce que no puede vivir sin ella, su queja lo lleva a pensar en la muerte: “...... El vivir solitario en una celda, el vestir áspero pelo y llevar cilicio serían delicias por las que anhela mi alma. ¡Adiós! A esta desdicha no le veo otro fin que la tumba.” (Goethe, 2002, p. 54)
Las citas anteriores son de la primera parte (primer libro) de la obra, al final Werther decide alejarse de Wahlheim para separarse de Carlota y olvidarla.
En el segundo libro, para cumplir su objetivo huye nuevamente del conflicto, cambia de ciudad e inicia una carrera diplomática bajo las órdenes de El Embajador. No duró mucho tiempo en tal actividad porque comienza a quejarse del trabajo y de su relación con su jefe, pero por otra parte consigue un protector en el Príncipe heredero. Otro noble que le mostró afecto y consideración, el Conde de C..., lo pone en una situación molesta al invitarlo a una fiesta que era para personas de un mayor rango social. Ahora su queja tiene que ver con el trabajo, la relación con el Embajador, y las diferencias sociales en la corte.
Renuncia a la carrera que había iniciado y se va a pasar la primavera en las fincas del Príncipe. Para ese momento Carlota se había casado, se intensifica su despecho y generaliza su situación: “No soy el único a quien le va así. Todas las personas se engañan en sus esperanzas, en sus expectaciones.” (Goethe, 2002, p. 76)
De allí en adelante, en el resto del segundo libro y también en el tercero, hasta el final, se intensifica la queja paralelamente con los anuncios del suicidio que inevitablemente llegaría. A continuación presento otros ejemplos de la queja en estas partes de la obra.
La invocación y las quejas a Dios son frecuentes: “¡Bien lo sabe Dios!, muchas veces me acuesto con el deseo, y aún con la esperanza, de no volver a despertar...... “ (Goethe, 2002, p. 85). O también: “¿No es esta la voz de un ser viviente, oprimido totalmente en sí, sintiéndose fallar y caer inconteniblemente, clamando en las íntimas profundidades de sus fuerzas que se remueven en vano: Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?... “(Goethe, 2002, p. 87).
En su última carta a Carlota: “¡Allá voy! voy a mi Padre y a tu Padre. A este me quejaré, y Él me consolará hasta que tú llegues... “(Goethe, 2002, p. 118).
LAS QUEJAS DE EMMA BOVARY
En Tostes, lugar donde los esposos Bovary fijan la residencia y comienzan la vida de casados, no había pasado mucho tiempo cuando Emma comienza su queja: “¿Por qué Dios mío, me habré yo casado?” (Flaubert, 2000, p.45). Meses después, cuando los invitan a un baile en la casa del marqués de Audevilliers, en la Vaubyesard, quedó encantada y nostálgica con el esplendor de la alta sociedad, esperando una nueva invitación, que nunca llegó, para el año próximo.
El pueblo le resultaba aburrido y comenzó a tener problemas en su casa, con la suegra cuando los visitaba, y con el servicio. Se preguntaba en una queja silenciosa: “¿Acaso iba a durar siempre aquella desolación? ¿Acaso no saldría jamás de ella?” (Flaubert, 2000, p. 67).
Su situación se hizo tan seria que Charles, su esposo, supuso que tenía una enfermedad nerviosa y decidió mudarse. Cuando partieron de Tostes, el pueblito donde pasaron los primeros años, Emma estaba en cinta.
La segunda parte de la novela comienza con la llegada a Yonville – L´ Abbaye, donde dio a luz y comenzó a adaptarse al pueblo y a los vecinos. Cuando llegó conoció a León, joven estudiante de quien se hace amiga cada vez más cercana. Un domingo de febrero salieron los esposos Bovary, Homais y León, a conocer una hilatura de lino recién establecida.
En la noche Emma no podía dejar de recordar y comparar las conductas contrastantes entre su marido y León; éste último le parecía encantador, compartía su interés por la lectura, a diferencia de su marido tosco, aburrido y ordinario. Comenzaba a preguntarse si León estaría enamorado de ella, pero: “Entonces empezó la eterna lamentación: << ¡Oh! ¡Si Dios lo hubiera querido! ¿Por qué no será posible...? ¿Quién impedía, pues ...? >> (Flaubert, 2000, p. 102).
Días después hablando con León, se queja de su situación doméstica: “...¿Es que no tengo una casa que llevar, un marido que cuidar, mil tareas, en una palabra, un montón de deberes más urgentes?” (Flaubert, 2000, pp. 105-106). A medida que se acercaba más a León y se iba enamorando, comienza a odiar al marido, ahora su queja es solitaria: “Por lo demás ya no me quiere --pensaba-- . ¿Qué hacer? ¿Qué socorro esperar, qué consuelo, qué alivio?” (Flaubert, 2000, pp. 109).
En el capítulo XI, ya León se había marchado a París y después de los famosos comicios en el pueblo, Emma se hace amante de Rodolphe. Pero pasados seis meses tuvieron dificultades e interrumpieron sus citas. Vuelven a verse después del infortunado suceso, de la fracasada operación que hizo Charles al desgraciado Hippolyte y que la terminó de convencer de la mediocridad y escasa valía de su esposo. Esta era su queja:… “¿Cómo, pues, había podido ella (que era tan inteligente) equivocarse otra vez acerca de él? Por lo demás, ¿por qué lamentable manía había destrozado de aquel modo su existencia en sacrificios continuos?” (Flaubert, 2000, p. 183).
Los amores con Rodolphe no duraron mucho porque ella le pidió que abandonaran todo y escaparan a vivir juntos lejos de allí. Habían preparado todo y un día antes de marcharse, Rodolphe le envió una carta de despedida y se fue del pueblo. Estuvo deprimida y enferma por un tiempo, hasta que para el final del capítulo se había recuperado lo suficiente como para ir a la ópera en Rouan. En la ópera se encontró de nuevo con León y comenzaron a verse con frecuencia.
En la tercera parte de la novela, ya recuperada Emma de su ruptura definitiva con Rodolphe, inicia amores con León y durante un tiempo frecuentan un hotel en Rouan, ciudad a la cual había regresado León cumplida su estadía en París. Nuevamente después de un intenso período pasional, comienzan sus dudas acerca de la fidelidad de León, quien comenzaba a inasistir a sus citas. Ahora su queja es esta: “¡No importa! No era feliz, no lo había sido nunca. ¿De dónde venía, pues, aquella insuficiencia de la vida, aquella instantánea podredumbre de las cosas en que se apoyaba?... ” (Flaubert, 2000, p. 279).
De aquí en adelante la acción se acelera y precipita hacia el final, porque el desorden económico de Emma la lleva a la ruina, le embargan todos los bienes y cuando recurre en última instancia a sus amantes, encuentra el más absoluto rechazo y negativa. Curiosamente cuando todo estaba perdido desaparecen las quejas, porque ha tomado la decisión que venía anunciando desde el principio de la novela.
“Entonces su situación, como un abismo, se le hizo presente. Jadeaba a todo pulmón. Después, en un transporte de heroísmo que la hizo sentirse casi gozosa, bajó la cuesta corriendo, atravesó la pasarela de las vacas, el sendero, la avenida, el mercado, y llegó ante la botica” (Flaubert, 2000, pp. 308-309). Presionó al ayudante para que le abriera el estante donde sabía que guardaban el arsénico, tomó precipitadamente una cantidad de polvo y se lo llevó a la boca. Desesperada cumple lo que antes había pensado, e insinuado desde que comenzaba su matrimonio, y cada vez que se enfrentaba a una dificultad: se suicida.
REFERENCIAS
Flaubert, Gustave (2000). Madame Bovary. Costumbres provincianas. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
Goëthe, Johann Wolfgang (2002). Los sufrimientos del joven Werther. (Edición especial para El Nacional). España: Editorial Planeta, S.A.
Escritores venezolanos. Conversando y Escribiendo
Este Blog es para unir a un grupo de escritores Venezolanos que quieren compartir sus experiencias, impresiones y escritos. Somos un equipo. Somos amigos. Somos Creativos. Somos escritores.
sábado, 14 de febrero de 2009
LA CITA DE HOY
“Decía Flaubert que para ser feliz era necesario contar con tres requisitos: estupidez, egoismo y buena salud”.
Joaquín Marta Sosa. Los fanáticos inevitables. El Nacional, 8.3.88, A-4.
Joaquín Marta Sosa. Los fanáticos inevitables. El Nacional, 8.3.88, A-4.
lunes, 2 de febrero de 2009
Pero no puedes

Quisieras poder ordenar al sol que deje de brillar,
al cielo que se tiña de rojo y a las aves que
detengan su canto.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar a la tierra que escupa flores por
donde tu pisas, al aire que no cese de murmurar tu nombre y
a los peces que sigan el rastro por donde tú pasas.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar un súbdito en cada nuevo alumbramiento,
ordenar a los hombres que se alimenten con las míseras sobras de tu vanidad
y a los astros que cambien su orbita para que no cesen de escribir tu nombre.
Pero no puedes
Quisieras poder ordenar al todopoderoso que doble su rodilla en tu presencia,
a los ángeles que sostengan tu corona y a las estrellas que adornen tu cetro
con su luz.
Pero no puedes.
Quisieras ordenar la vida y la muerte para ahogar la ira de tu arrogancia no correspondida,
la impotencia de tu voluntad no satisfecha y
la garganta del valiente que se atreve a decirte que NO.
Pero no puedes.
Quisieras poder, pero no puedes…
sábado, 31 de enero de 2009
LA CITA DE HOY
“Ni soy jefe ni aspiro a serlo. Mandar y obedecer es lo mismo. El mas autoritario manda en nombre de otro, de un parásito sagrado -su padre- , transmite las abstractas violencias que padece. Nunca en mi vida he dado una orden sin reír, sin hacer reír; es que no me corroe el chancro del poder; no me enseñaron a obedecer”.
J.P. Sartre. Las palabras.
J.P. Sartre. Las palabras.
sábado, 24 de enero de 2009
Nadie como tu
Fernando es un niño con gran talento para jugar béisbol, desde temprana edad fue a las sesiones de entrenamiento y siempre realizaba las prácticas que se le pedían con gran destreza. Sabia batear, pitchar, y era además un excelente short stop. No había nada que Fernando no supiera hacer. Cuando había un juego contra los tigres salvajes, el equipo confiaba en Fernando para las jugadas mas difíciles y llego a convertirse en el jugador mas cotizado de la liga de béisbol.
Todos adoraban a Fernando al punto que tenia su club de Fans entre los padres y representantes y otro entre las niñas. Fernando siempre hacía lo que le indicaban y nunca faltaba a las prácticas. Tenía en su casa una colección de fotos de los eventos más importantes del equipo y siempre aparecía él celebrando con sus compañeros los triunfos del campeonato. La fama del equipo fue creciendo y necesitaban nuevos uniformes, bates, guantes e implementos. La foto de Fernando comenzó a aparecer en varios afiches y se hicieron calcomanías en las que él se lucía en diferentes posiciones. En varios noticieros aparecía Fernando como una promesa del béisbol.
El club de fans comenzó a crear nuevos trajes para las porristas y además se introdujo un personaje que representaba la mascota del equipo en todos los encuentros. La mascota del equipo es Marcos, un niño de cinco años muy gracioso sus cabellos era completamente rizados y su cara llena de pequitas que parecían las chispas de un helado de chocolate. Era además gordito y metido en su disfraz de oso panda parecía una bolita de nieve. Cuando trataba de imitar el movimiento de las porristas caía quién sabe para cual lado y nunca iba al ritmo de la música. Todo ese espectáculo despertaba las carcajadas destornilladas de la gente y en cada encuentro, el público esperaba la aparición de Marcos en su traje de osito. El equipo continuaba jugando y Marcos comenzaba a aparecer en las fotografías de los periódicos cada vez que hacían un reportaje de prensa. Hasta hubo una firma comercial le propuso a los padres de Marcos hacer una publicidad en televisión sobre una refrescante bebida.
Marcos estaba por todas partes: fotos, calcomanías, propagandas y en las nuevas franelas del equipo. Si, en la imagen del osito panda.
Todo estaba bien hasta que Fernando comenzó a faltar a los entrenamientos ¿qué pasaría con Fernando? tiene una tarea escolar atrasada que debe entregar. Hoy no puede entrenar, contestaron sus padres.
Fernando faltó nuevamente al siguiente entrenamiento: es que tengo mucho que estudiar puso como excusa, y cada vez, Fernando hallaba un pretexto para no asistir a las prácticas y lo mas preocupante, es que en el último juego ni siquiera hizo un hit. El entrenador estaba muy preocupado y los padres de Fernando no conseguían respuesta a la actitud del muchacho. Cada vez era más difícil convencerlo para que fuera a entrenar...
A todas estas, Fernando estaba cada vez mas malhumorado y decidió practicar solo, fuera de las horas de entrenamiento para no hablar con nadie y para que nadie lo fuera a fastidiar así que fue a su casillero y buscó su bate pero no lo encontró. De pronto escuchó los golpes continuos del rebote de una pelota y dirigiéndose al ruido, encontró a Marcos jugando con su bate.
- ¿Quién te dio permiso para tomar mi bate?. Marcos estaba sonriente y a la vez apenado.
-Nadie... respondió, quería aprender.
-No te metas con mis cosas respondió y Fernando indignado le quitó el bate.
Tu no necesitas practicar para que todos te quieran te basta solo con ser gracioso y te vuelves famoso e importante en cambio yo tuve que esforzarme mucho
¿Por qué tomaste mi bate?
y Marcos le responde: solo quería ser como tú...
lunes, 5 de enero de 2009
MONÓLOGO DE TRANSFORMACIÓN

Hermoso contemplo el amanecer que la Aurora, la de los dedos rosados, hija de la mañana, trae a mis ojos en el puerto de Áulide, en Beocia. Sin duda que este es el más notable compromiso en mi humilde existencia. La alianza de los ejércitos aqueos decidió poner en mis manos la gran responsabilidad de recuperar el honor Griego, perdido ante los bárbaros por el rapto de Helena, que dejó al querido y rubio Menelao triste y melancólico. Mil ciento ochenta y seis negras y cóncavas naves están a mi disposición y yo he de cuidar con mi vida la vida de cada uno de los sesenta mil amados soldados aqueos, los de las bellas grebas. Cada uno de ellos siente su propio dolor y no el del otro por dejar atrás a sus caras mujeres y pequeños hijos, pero mi corazón no sólo sufre por los míos, sino por ellos y por la polis ausente.
El favor de los dioses está de mi lado y me permite contar con los más gloriosos guerreros de toda la Hélade: Aquiles el Pelida, hijo de Peleo y Tetis, comandante de los poderosos mirmidones, descendiente de Zeus por linaje; Odiseo, el astuto conductor del contingente de los cefalenios, considerado, en astucia, a Zeus comparable y con Ayante el fuerte y valeroso guerrero hijo de Telamón, portador del terror de Ares, azote de los mortales y el más fuerte después de su primo Aquiles. Cuento también con los valiosos consejos del orador sonoro de los pilios, el de la palabra suave: el Prudente Néstor, de los viejos por mi el más querido, y de Calcante, el de Micenas, hijo de Téstor y nieto del dios Apolo, quien le dio el don de la profecía. ¡Qué bien se siente estar con ellos y ser el conductor de los mejores guerreros que jamás haya existido en todo el universo!
Hay algo que me preocupa, el prudente Nestor no está muy de acuerdo con mi idea de concentrarnos en el Puerto de Áulide en Beocia; para mí, este es el mejor sitio pues me lo recomendó el adivino Calcante. Sus aguas son tan tranquilas que nos ha permitido la formación múltiple de las cóncavas naves; me parce que es lo mejor que se podía seleccionar, pues por boca de Pitia el dios ha augurado una larga campaña. Además, y esto es lo que más me satisface, ello me ha permitido estar cerca de Clitemnestra, mi hermosa y honesta mujer, sentar en mis piernas a mis queridos hijos: Ifigenia, que en belleza sólo su madre es comparable, de Electra y Crisótemis, pero especialmente a Orestes que es tan pequeñito y...de Gilisa, su nodriza, a quien aún puedo visitar para mejor sazonar el placer que su amor me está proporcionando.
Al salir de Áulide todo cambiará, dejaré atrás a mi amada familia y aunque el fiel Demodocos me juró que con su vida habría de cuidarla, a mi esposa no le pareció nada buena la idea y logró convencerme de que el fiel amigo ya estaba viejo y no servía para nada; la verdad es que no entiendo por qué dijo lo último. Algo que me contaron, a mi me cuentan muchas cosas, fue que Egisto está deseando y acosando a Clitemnestra, ...¿No será qué... ? Humm... No, no, no puede ser porque Egisto, a pesar del odio que le profeso, me tiene sin cuidado: no quiere ser héroe y en absoluto le preocupa la gloria y el prestigio de la guerra y ha preferido quedarse con las mujeres. Seguro que los dioses están involucrados porque ellos se meten en todo, claro que para guiar nuestros pasos; saben que si se viene con los de bellas grebas lo más seguro es que su cuello termine en mi espada.
Acepté la propuesta de Clitemnestra porque el pobre Demodocos ya está ciego y, por otra parte, porque mi mujer se encolerizó ante mi negativa inicial. Por supuesto su reacción era fácilmente de predecir, pues ella vive cual serpiente desde que nos casamos y nunca me ha perdonado que, para poder hacerlo, tuviera que matar a su primer esposo e hijos. Bueno, al fin y al cabo ella no es más que una mujer y, de acuerdo a lo que me han contado, a mi me cuentan muchos chismes, Príamo y Hécuba, los reyes de Troya, tienen una hija llamada Casandra que es la propia hembra y que, además, tiene la virtud, que le concediera Apolo por no entregarse a él, de que siempre dice la verdad al predecir lo porvenir, pero nadie cree lo que dice ¿Cómo lo ven? ¡Será la amante perfecta! Sin embargo, consultaré con Calcante a ver si es verdad que es un buen adivino.
A propósito de Calcante... ¿Me podré fiar de él? La verdad es que ese tipo es una cosa rara y siempre ha traido pura desgracia para la familia Atrida, no sé porqué acepté que Aquiles lo incluyera como nuestro adivino y como uno de los miembros principales del Ágora ¡Qué bolas! Yo nunca le he tenido confianza, quería que se quedara, pero el Pelida practicamente me obligó a que se viniera con nosotros. Ahora me arrepiento, he estado sintiéndolo presionar desde distintos sectores y con esa actitud el sueño me está quitando y está perturbando mis pensamientos. Últimamente lo he notado, junto con Menelao y los tres terribles guerreros, con una reunidera que me hace sospechar y dudar de sus inmediatas intenciones. ¿Será qué la envidia ha tomado posesión de sus palabras y de sus cuerpos? ¿Cómo hago para controlarlos? ¿Por qué los dioses habrían de abandonarme, si prácticamente lo he dejado todo para vengar el mancillado honor Griego? ¡Oh Zeus! ¡Oh madre mía! ¡Alumbradme! La astucia envidiosa de estos hombres quiere arrebatarme, en un instante, mis honores y mi futura gloria. Por ninguna razón he de permitir que sigan reuniéndose, pues de hacerlo ha de brotar la conspiración de sus aladas palabras y la traición de sus oscuros pensamientos.
A pesar de este alto poder que he recibido, tengo que confesar que nunca he estado de acuerdo con este conflicto, me parece ridículo pelear una guerra por una mujer. No puedo comprender porqué Zeus permitió que el miserable Paris se llevara a la hermosa Helena, comparada en belleza e inteligencia a la más divina de las mujeres griegas: mi fiel Clitemnestra, su hermana. Por razones obvias yo no puedo dar crédito a ciertas habladurías, pero...tal vez todo se debió a lo que se comenta en toda la Hélade, de que las hijas de Tindaro están condenadas al adulterio, pues su madre, Leda, estando preñada de éste, fue seducida por Zeus transformado en cisne, lo cual provocó la ira y esa maldición de su mujer, Hera la de ojos de novilla. Claro que no puedo creerlo porque mi mujer es muy fiel, prefiero pensar y estoy casi seguro de ello, que lo que sucedió fue que como Helena es muy ardiente, como su hermana, el rubio Menelao no fue capaz de complacerla. Tampoco creo que para seleccionar al marido de su hija, Tindaro haya ideado involucrar a los pretendientes mediante juramento, para que juntos defendieran el honor de Grecia en el caso de que alguien raptara a Helena ¿Porqué habrían de raptarla? Nojoda ¡Ni que fuera adivino! No, no creo que él nos haya metido en esta calamidad que nos aflige; lo que he escuchado, recuerden que a mi me cuentan muchas vainas, es que quien ideó tal ardid fue el cara de perro Odiseo, ique apiadándose de Tindaro por el gran problema que tenía; cuando se dio cuenta que él, que era uno de los pretendientes, no podría quedarse con Helena le propuso a Tindareo todo este enredo. A cambio logró que éste, agradecido, le entregara al bomboncito de Penelope, su sobrina. Esta versión no la dudaría en absoluto, pues hay que ver que este tipo se las trae cuando de inventar marramucias se trata; sin embargo, a pesar de que se dice tan valiente, hasta el loco se hizo para tratar de no venir a la guerra.
Volviendo con lo de mis sospechas, recientemente sentí el soplo divino de Eris en mis oídos y, aunque sé que ella es medio tracalera, me ha inspirado cómo habré de controlar las envidias de mi hermano, del adivino y de los tres despreciables guerreros. A Menelao puedo manejarlo a mi antojo, siempre lo he hecho; al envidioso e iracundo Aquiles le tengo una sorpresa: en su travesía hacia Áulide, los hijos de los varones aqueos le dieron como retribución una preciosa hembra de bien marcado talle: Briseida, la de las hermosas mejillas; estoy seguro que si se la quito se muere de la arrechera y nos abandona; con él se iría el adivino que es como su perro faldero. Con Odiseo la cosa es un poco más difícil pues es muy astuto el hijo de…Laertes, pero tiene una debilidad muy especial por las armas bien labradas y ricamente adornadas y pulidas; bien sé que haría cualquier cosa por ponerse en las armas del Pelida, a quien envidia y teme, cuyas armas fueron forjadas por Hefesto. ¿Y Ayante? Bueno, él es medio loco, debo ser muy discreto con el hijo de Telamón, ya que por quítame esta paja es capaz de degollar al mismísimo Zeus; justamente esa capacidad de enloquecer es la que voy a orientar hacia Odiseo para que se peleen entre sí, pues de esa pelea las únicas ganadoras han de ser las Erinias, quienes habrán de perseguirlos hasta en el inframundo, de ser necesario. De todas maneras, ¡Yo soy el poder legítimo!, tengo a mi disposición la fuerza y la violencia, que son sus atributos esenciales; cuando quiera los elimino, ya sea con la astucia, la palabra o con las armas.
Por supuesto, que todo este plan es para desarrollarlo después que arrasemos y saqueemos a la de amplias calles y bien fortificada ciudad de Troya, porque ellos son mi garantía de triunfo, no tengo la mínima duda; mientras tanto, he de mantenerles separados. Después de tanta tragedia, tanto dolor y tantas lágrimas en mi familia, por fin llega el ansiado poder a mis manos y la añorada felicidad a mi espíritu. ¡Hasta aquí llegó la tragedia de la familia Atrida!
Hace poco vino Euribates, mi heraldo, para avisarme que tenemos una asamblea especial, porque ique hay mucha preocupación por la falta de viento favorable para mover las negras naves. Espero que el viejo ese, Néstor, no se haya metido a conspirador y chismoso y esté sembrando inquietud y zozobra para convocar esta reunión. De todas maneras, me tiene sin cuidado pues yo soy el que manda aquí y, además, lo que ellos no saben es que la diosa de este calmado lugar, Artemisa, es una de mis protectoras y no tardará en cumplir cualquier ruego mío, pues, cual conviene, variadas y múltiples hecatombes, con pingües muslos de toros y de cabras le he ofrecido y he bebido el vino que jode en su nombre; sin embargo...aunque no estoy seguro, me parece recordar, mejor dicho, siento como si algo que le prometí se me hubiese olvidado. Bueno...me voy al Ágora, después les sigo contando.
F I N
Bibliografía: Ifigenia en Áulide, una tragedia de Eurípides datada en el año 409 a. C.
sábado, 20 de diciembre de 2008
LA CITA DE HOY
“La vida es algo que le pasa a uno mientras está pensando en hacer otras cosas”.
Margaret Millar. Más allá hay monstruos.
Margaret Millar. Más allá hay monstruos.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
¿MACBETH, HÉROE MODERNO?
La “Tragedia de Macbeth”, como fue llamada originalmente, tiene antecedentes históricos en sucesos narrados en la obra “Scotorum Historiae” de Héctor Böethius, publicada en París en 1526 y traducida en 1541 al escocés por John Ballenden. A su vez Holinshed se basó en ésta obra para publicar, en 1577, sus “Chronicle of England, Scotland and Ireland”, de la cual finalmente tomó Shakespeare libremente sus materiales para elaborar sus dramas, particularmente Macbeth, acerca de la historia de Escocia e Inglaterra. Algunos críticos creen que Middleton, autor de “La Bruja” (“The Witch”), publicada en 1610, modificó posteriormente algunas partes de “Macbeth”, y hasta se ha hablado de plagio, sin decir de quien a quien (Shakespeare, 1951).
La acción se desarrolla en 5 actos, en Escocia, menos el fin del acto 4 que se ubica en Inglaterra. En síntesis es la historia del General Macbeth, Barón de Glamis, del ejército de Duncan, Rey de Escocia, quien demuestra su valor en la guerra contra Suenio, Rey de Noruega. Por su valor y merecimientos, el rey le concede el título de Baron de Cawdor.
Antes de enterarse de esa distinción las Brujas se lo anticipan y además predicen que será rey. Estimulada así la ambición de Macbeth, inicia su carrera de crímenes con la muerte del Rey, en complicidad con Lady Macbeth, para sustituirlo. Luego la de Banquo, su compañero, también General, quien representaba un obstáculo futuro porque las Brujas habían predicho que sería rey, e inauguraría una dinastía; Macbeth en cambio no tenía hijos y por lo tanto lo sucedería alguien extraño a la familia.
En una segunda consulta, las brujas aparentemente tranquilizan a Macbeth, cuando le dicen: “Sé sanguinario, osado y sin temor, / ríete de cualquiera y su poder: / ningún hombre nacido de mujer / de Macbeth podrá ser el vencedor.” Pero por otra parte le presentan la visión de un niño coronado de rey, quien inauguraría la dinastía de Banquo. De allí en adelante, Macbeth vive obsesionado con sus crímenes y con la lucha por mantenerse en el poder. Hasta que finalmente Malcolm, el hijo del fallecido rey Duncan junto con sus nobles arman un ejército, derrocan a Macbeth y lo matan.
El móvil de Macbeth y su esposa, la ambición, que los llevaba directamente a la catástrofe, hacía pensar que la obra de las más cortas, sencillas y lineales, de Shakespeare, resultaría simplista. No sucedió así porque está basada en el Hado, el destino escrito en los astros, que se presenta en forma encubierta por medio de los oráculos. Si se interroga al oráculo revelará el destino en forma engañosa, para prometer el cumplimiento de la ambiciones del que pregunta, pero llevándolo en realidad a la perdición.
Algunos críticos (Shakespeare, 1999, p.18), toman como un gran acierto en la construcción de la tragedia de Macbeth, “el desdoblamiento de la ambición en dos personajes, Macbeth y la señora Macbeth, y en dar precisamente a ésta la más inexorable resolución, que la lanza a matar sin temblor ni duda, mientras que Macbeth conserva algo de la humanidad de la indecisión y el remordimiento”.
Macbeth es engañado con la verdad por las Brujas porque ya él previamente tiene una gran ambición de poder, su catástrofe no vendrá como en los héroes griegos, de las decisiones externas e ineluctables de los dioses, sino de sus decisiones, moralidad y libertad para actuar. Las Brujas no hacían otra cosa que confirmar lo que él quería saber, para reforzar las decisiones que estaba considerando.
Por eso al final, cuando Macduff lo enfrenta físicamente y con la verdad: “Desespera de tu hechizo, y que el ángel diabólico a quien has servido siempre te diga que Macduff fue arrancado antes de tiempo del vientre de su madre”, reconoce haber sido engañado y exclama: “Maldita sea la lengua que me lo dice porque ha acobardado mi mejor parte de hombre: y que nadie crea más a esos demonios engañadores que nos enredan con un doble sentido, y cumplen la palabra de la promesa para nuestro oído, quebrantándola para nuestra esperanza. No lucharé contigo.” (Shakespeare, 1999, p. 330)
En síntesis, una obra que argumentalmente resultaba plana, sencilla y lineal (como se indicó anteriormente), es convertida por el talento de Shakespeare en una de sus mejores obras dramáticas, “es la tragedia de la ambición, que se desarrolla hasta adquirir proporciones épicas” (Shakespeare, 1951, p. 96). Aunque está basada en hechos históricos porque Macbeth efectivamente vivió y reinó en Escocia, y el personaje de Banquo representa la dinastía de los Estuardos, que ocupaban los tronos de Inglaterra y Escocia en tiempos de Shakespeare, esos hechos fueron utilizados sólo como referencia para elaborar sobre ellos, como una excusa para desarrollar el drama.
Los hechos históricos fueron apenas aludidos en cuanto convinieran al desarrollo de la obra, no guardan ninguna relación con los efectos que hayan podido tener en la historia posterior del país donde Macbeth vivió y cometió sus crímenes. El héroe shakesperiano supedita la acción a la pasión, la ambición en este caso; tiene sentimientos mezquinos y contradictorios, como los de cualquier persona del pueblo. En consecuencia Shakespeare comienza a democratizar el honor, acercando así el héroe al pueblo.
En tal sentido el héroe moderno es más real, más cercano a la gente de su entorno y por lo tanto más creíble. Su suerte no está determinada por las decisiones impuestas por los dioses, como sucedía en la antiguedad griega, sino a su propio discernimiento para lidiar con el destino, que es para Shakespeare un misterio. Sus decisiones son individuales, adaptadas a las circunstancias.
Macbeth es un héroe práctico, responde a las circunstancias y por lo tanto su individualidad se opone a la moral; no manifiesta preocupación ni interés por asuntos nacionales. Sus virtudes ambiguas reflejan la ética protestante de su época y lugar, caracterizada por el pragmatismo y el individualismo, rasgos que aunados al interés por el dinero dieron origen al capitalismo.
Para concluir señalaré dos diferencias fundamentales entre Macbeth y las tragedias que le precedieron: 1) la creación, mediante los personajes de Macbeth y Lady Macbeth, de un héroe bifronte para representar la ambición desmedida y el deseo de poder; y 2) la actitud del héroe ante los oráculos.
En el primer caso me parece que se le ha dado poca importancia al papel de la mujer en esa pareja siniestra, al poder de Lady Macbeth para convencer al marido de la necesidad de pasar del pensamiento y la duda, a efectuar los crímenes que concebía. Curiosamente, en Otelo, Shakespeare para referirse a las supuestas relaciones sexuales clandestinas entre Otelo y Desdémona, las presenta de esta manera en boca de Yago (quien se dirige a Brabancio el padre de Desdémona): “Soy uno que viene a deciros que vuestra hija y el moro están haciendo ahora la bestia de dos espaldas”. En un contexto completamente diferente, se habla aquí de la unidad de la pareja, representada en un extraño ser de dos espaldas (Shakespeare, 1951, p. 1467) .
En el segundo caso, la actitud del héroe ante los oráculos es totalmente diferente a la que aparece en las tragedias griegas. Macbeth reconoce al final que ha sido engañado y recomienda no creer en “esos demonios engañadores que nos enredan con un doble sentido”.
REFERENCIAS
Shakespeare, William (1951). Obras completas. Madrid: Aguilar, S.A. de Ediciones.
Shakespeare, William (2000). Hamlet. Macbeth. España: Editorial Planeta, S.A. (Edición especial para El Nacional)
domingo, 16 de noviembre de 2008
LA CITA DE HOY
“La única sabiduría a que podemos aspirar es la sabiduría de la humildad: la humildad es infinita”.
T.S. Eliot. East Coker. (traducción de Gustavo Díaz Solis). El Nacional, Papel Literario.
T.S. Eliot. East Coker. (traducción de Gustavo Díaz Solis). El Nacional, Papel Literario.
martes, 11 de noviembre de 2008
La Caja de Creyones

La Caja de Creyones
Recuerdo que estaba al principio del año en mi primer grado en el colegio cuando me di cuenta de que todas mis compañeras tenían cajas de creyones nuevas. Bueno, yo también tenía una caja de creyones nueva pero era solo de 6 colores. Muchas de mis compañeras tenían cajas hasta de 24 colores. Cuando nos mandaban a dibujar yo me quedaba contemplando extasiada los distintos tonos de azul, de marrón de verde y de gris de las cajas de colores de mis compañeras, que tenían mas colores que yo…por mas que pedía una caja de 24 colores, no me la daban, que con 6 era suficiente que no había plata para comprar mas y así era siempre…
El año escolar transcurría hasta julio cuando mis creyones ya estaban chiquitititos de tanto uso. Para el siguiente año, volvía a pedir una caja de colores nueva. Recuerdo que en quinto grado mi caja de colores llegó a 12 colores, todo un acontecimiento para mi.
Luego que fui creciendo y los años fueron avanzando le iba dando menos importancia a los creyones. Eso ya pasaba a ser cosa de niñitas…
Mas tarde siendo adulta me compre por curiosidad una caja de creyones de 24 colores. Si me había logrado comprar tantas cosas, era ya adulta y no dependía de nadie, ¿Por qué no regalarme la caja de creyones?
Compré la caja, la abrí, y contemplé los colores. No sé por qué pero me parecían pocos colores y no veía la caja tan grande como en aquel entonces. La puse en un estante y como tenía varias cosas que hacer, pensé en sacarle punta a los creyones en la noche y quizás ponerme a pintar.
Pasaron varios días y me había olvidado de la caja. En realidad tuve que reconocer que ya no me producía ninguna emoción. La caja de creyones sigue allí, quizás esperando que alguien la utilice.
Muchos años mas tarde me he dado cuenta de que me ha pasado algo parecido en algunas situaciones laborales donde había esperado el sueldo o el cargo o una mejora en las condiciones de trabajo. La diferencia, es que como adulta, ya no estaba dispuesta a esperar mucho tiempo. Me ha sucedido que, cuando he puesto la renuncia entonces es cuando repentinamente se abren los caminos que se habían cerrado en el lugar que estoy dejando, pero la ilusión de seguir allí se ha desvanecido. Pareciera que algo se hubiese desprendido desde adentro de mi y me resulta indiferente lo que pase o deje de pasar en ese lugar.
Una amiga me comentaba si no se trataría de orgullo. La verdad que no, sinceramente se trata de que pierdo completamente el interés.
Supongo que debe ser un fenómeno parecido a lo que pasa la gente cuando pasa hambre por mucho tiempo y luego no puede comer porque no tolera el alimento.
Quizás hay cosas que nos hacen felices a cierta edad o en cierto período de nuestras vidas y pasado el momento, dejan de tener sentido. Por otra parte, nuevas cosas, retos o situaciones aparecen que nos producen más satisfacción.
Cuando recuerdo la caja de creyones y todos los años que esperé para tenerla, he llegado a la conclusión de que quiero tener una nueva caja de creyones todos los días. Cuando digo caja de creyones me refiero a algo nuevo que me entusiasme y que yo me pueda proporcionar por mi misma.
He de reconocer que la paciencia no ha sido y dudo que sea alguna de mis virtudes.
Después de todo he decidido que si hay algo que me puedo dar o disfrutar en corto tiempo, pues que venga y adelante; de lo contrario me busco otra caja de creyones. He comprobado que me puedo desprender de lo que ya no pude obtener. Debe estar en mí buscar nuevas y mejores satisfacciones. Quizás, esto último sea, para mi, lo más difícil de alcanzar.
Todavía tengo la caja de creyones en el estante. ¿Por qué? No lo sé. Espero que, con el tiempo, los colores me sigan enseñando lo que me falta por aprender…
Quizas regale la caja de creyones o a lo mejor termino pintando algo, quien sabe...
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