Escritores venezolanos. Conversando y Escribiendo

Este Blog es para unir a un grupo de escritores Venezolanos que quieren compartir sus experiencias, impresiones y escritos. Somos un equipo. Somos amigos. Somos Creativos. Somos escritores.

lunes, 18 de mayo de 2009

¡ABSALÓN, ABSALÓN! Y EL SÍMIL DE LA MATRIOSKA


Uno de los temas principales en La búsqueda del tiempo perdido, de Marcel Proust, es “la obra dentro de la obra”, cuyo mejor símil es la matrioska, muñeca rusa también llamada matriushka, una muñeca dentro de otra muñeca, que a su vez contiene otra más pequeña, y así sucesivamente.

En este ensayo aplicaré el símil de la matrioska, para analizar la técnica estructural de Faulkner en “¡Absalón, Absalón!”, mediante la revisión de las conversaciones (que incluyen monólogos y estos a su vez monólogos interiores) que componen el cuerpo narrativo de la novela.

El eje del relato es aparentemente sencillo: en Jefferson, un pueblo del condado de Yoknapatawpha, ambos de ficción, ubicados en el estado de Mississippi, en el sur de los EE.UU. de Norteamérica, aparece un día de 1833, como si surgiera de la nada, Thomas Sutpen, el héroe de la novela. También de la nada, con terrenos robados a los indígenas del lugar, y con su banda de negros esclavos, funda una plantación con su correspondiente mansión, dentro del llamado “ciento de Sutpen”, a 12 millas del pueblo. La novela presenta la cosmología de Faulkner (el Sur), a través de la historia trágica de Thomas Sutpen, su esposa e hijos, así como de otros parientes y relacionados, en la versión de 4 narradores.

La estructura de la obra está compuesta por tres largas conversaciones cuasi-monólogos, en boca de 4 personajes: Quentin Compson, Jasón Compson, Rosa Coldfield, y Shreve MacCannon. El primero es una suerte de interlocutor común, un escucha atento de sus propios monólogos y de la conversación con los otros tres personajes.

Durante la mayor parte de la novela el narrador parece ser Quentin Compson, pero en la conversación final pasa a ser Shreve MacCannon, canadiense, que no conoce el sur de los EE.UU., el único que no tenía ninguna relación previa con los personajes ni con la historia que está escuchando, y es por lo tanto el más distanciado de ellos.

El autor tiene un papel secundario en la narración, prepara y presenta la escena para cada capítulo, en el capítulo dos describe con detalles la llegada del héroe a Jefferson. El resto de la novela es un gran flujo conversacional, cuasi monologal, con monólogos interiores intercalados, presentados en cursivas y entre comillas, que ocupan alrededor de 90% del escrito.


EL SÍMIL DE LA MATRIOSKA

Independientemente de la estructura completa de la novela, organizada en 9 capítulos, se le puede considerar como una gran matrioska narrativa. La técnica escritural de Faulkner resulta aparentemente sencilla pero interesante, es una gran matrioska narrativa dentro de la cual van entrando las pequeñas matrioskas constituídas por monólogos de otros personajes. A su vez dentro de cada monólogo surgirán otros, hasta tejer la urdimbre completa de la novela.

“Faulkner no quiere contar la saga de una familia extinguida ni la biografía de su fundador, y menos aún reconstruir la historia del Sur y de su fracaso en la guerra civil. Si hubiera sido esa su finalidad habría podido escribir una novela rica en detalles circunstanciales e informaciones de época, un novelón histórico...”. (Faulkner, 1991, p. X) Su historia es sólo la urdimbre para recrear el mito: “La Biblia y la tragedia griega sirven a Faulkner para otorgar a las vidas de sus héroes y a la historia de su propio país, el Sur, la acuñación universal e indeleble del mito.” (Faulkner, 1991, p. XII).

Así, desde el título mismo surge la referencia a Absalón, hijo de David, que se levantó en armas contra el padre, tal como lo hizo Henry Sutpen en contra del suyo, matando además a su medio hermano para impedir el incesto con Judith, la hermana común. Aparece aquí una evidente alusión al mito bíblico de la predestinación y el castigo.

A lo largo de la novela continúan las referencias: Rosa Coldfield como Casandra la pitonisa; Clitemnestra (tragedia griega) para el nombre de la esclava negra; la fertilidad de los dientes de la serpiente Pitón, degollada por Apolo en el sitio donde después construyó la sede del oráculo, para aludir a la procreación descontrolada de Sutpen. Pero no es la historia de éste en sí misma la que interesa a Faulkner, sino el significado de esa historia en relación con los otros personajes y con la derrota y decadencia del Sur, todo enmarcado por el mito (Faulkner, 1991).

En la novela no se respeta la secuencia cronológica porque el tono conversacional y los monólogos interiores, dan idea de la corriente del pensamiento, del gran flujo conversacional presentado entre comillas, mientras que en letra cursiva se indica lo que los personajes están pensando, sus monólogos interiores que proceden simultáneamente mientras se escuchan entre sí.

EJEMPLOS DEL SÍMIL DE LA MATRIOSKA

La estructura de la novela está organizada en nueve capítulos, pero también puede ser vista como una gran matrioska narrativa (como se dijo anteriormente) que incluye otras tres muñecas más pequeñas, correspondientes a las tres grandes conversaciones (cuasi-monólogos).

De acuerdo con su extensión, la segunda matrioska es la larga conversación Quentin – Shreve, que ocupa los capítulos VI al IX; la tercera es la conversación de los Compson (padre e hijo), que se desarrolla en los capítulos II al IV; y la cuarta, es la conversación Quentin - Rosa, capítulos I y V. Cada una de esas matrioskas – conversaciones, a su vez aloja otras muñecas que son los monólogos interiores de los personajes.

Veamos algunos ejemplos en orden inverso, de la cuarta matrioska (capítulos I y V) a la segunda (capítulos VI al IX), todas contenidas en la primera gran matrioska que es la novela completa.

La mayor parte del capítulo uno lo ocupa la conversación, cuasi monólogo, de Rosa Coldfield, precedido por la presentación que hace el autor de la escena en la cual se desarrollará la narración. Quentin interviene ocasionalmente para mantener la conversación, mediante tres breves frases: “Si, señora”, “Así es” y “Si, señora”. Mientras tanto su monólogo interior sirve de silencioso contrapunto a la conversación de Rosa y aflora en cuatro ocasiones durante el capítulo: al principio para hipotetizar acerca de lo que ella quería expresar: “ ‘Pero no es eso lo que quiere decir’, pensó. ‘Lo que desea es que se sepa’ ” . Luego para ratificar: “ ‘Lo que ella quiere’, pensó, ‘es que se sepa, para que...’ ”. Posteriormente para preguntarse y preguntarle a su padre la razón por la cual lo había elegido a él como interlocutor: “ -- ¿Por qué tuvo que contármelo todo? -- ...”; y por último para observar que “ ‘Fuere cual fuere la razón para elegirle, fuera ésa u otra cualquiera’, ‘lo cierto es que tardaba mucho en ir al grano’ ”.

El capítulo quinto es el gran monólogo de Rosa, donde concluye su conversación en la cual narra toda su historia, mientras que Quentin sólo interviene al final con dos preguntas: “¿Qué decía usted, señora?” y “¿En la casa? Es Clite, que...”.

La tercera matrioska abarca los capítulos dos, tres y cuatro. En el segundo capítulo el autor hace su más larga presentación, cuando describe detalladamente la llegada de Sutpen a Jefferson y la reacción de los vecinos durante los primeros meses. El resto del capítulo es el monólogo de Jasón Compson, contándole a su hijo Quentin la historia del Coronel Sutpen, como él la recordaba. Quentin no aparece en el texto, aunque sabemos que es el interlocutor de su papá.

En el capítulo tres continúa el monólogo de Jasón Compson, pero esta vez sabemos que Quentin está presente porque inicia el capítulo con la siguiente intervención: “ – Si él, realmente, abandonó a la señorita Rosa – dijo Quentin -- , no creo que ella quisiera decírselo a nadie.” Más adelante, en la segunda página del capítulo, responde a una pregunta de su padre: “ – No, señor – repuso Quentin”, y no aparece más en ese capítulo.

En el capítulo cuatro, después de la breve introducción que hace el autor, el señor Compson concluye su largo monólogo -- que incluye cortos monólogos interiores de Henry Sutpen y Judith -- y revive las conversaciones que él suponía habían sostenido los personajes que desfilan en su relato: Henry, Bon, Judith y la abuela de Quentin.

Quentin interviene al comienzo del capítulo, cuando el padre le enseña pero no le entrega la única carta que Judith recibió de Bon en los cuatro años que estuvo ausente por la guerra; Judith la llevó a la abuela de Quentin para que la guardara o la destruyera. “ – Puede ser que consiga leerla aquí – repuso Quentin”. Después, al final del monólogo de su padre: “Levantándose, Quentin recibió la carta de sus manos...” (...) “La voz de Compson proseguía, pero Quentin la oía sin escuchar, vagamente.” Luego cuando comienza a leer la carta: “Quentin oía sin escuchar a medida que recorría con los ojos la borrosa y delicada escritura...”; y finalmente después de leer la carta, cuando su padre le cuenta el enfrentamiento de los hermanos ante el portón de la mansión: “(Quentin creía verlos frente a frente delante del portón...)”.

La segunda matrioska contiene la conversación entre Shreve MacCannon y Quentin, es la más larga de la novela y se extiende a lo largo de los capítulos seis al nueve. La presencia del autor mediante la preparación de la escena para cada capítulo, se hace cada vez menor en los últimos capítulos (VI al IX), está ausente en los capítulos III y V, y es mayor en los capítulos I y II. Parece que Faulkner hubiera construido su escenografía en los primeros dos capítulos y de allí en adelante estuviera ausente en dos de ellos, para luego escribir lo mínimo indispensable en los tres últimos. Una vez creados y presentados los personajes, les fue dando más protagonismo e independencia para que lo sustituyeran en la narración.

En el capítulo VI están Shreve y Quentin en su residencia de la Universidad de Harvard, Cambridge, Massachussets, Nueva Inglaterra, en invierno. En la mesa de Quentin, sobre un libro abierto, está una carta del padre de Quentin en la cual le participa la muerte y entierro de la señorita Coldfield. La conversación gira sobre el contenido de la carta, al principio para satisfacer la curiosidad de Shreve acerca del Sur y su gente, y luego para ir desentrañando la historia de Sutpen. Ante las preguntas y razonamiento de Shreve, Quentin emite exactamente 11 respuestas, de las cuales 3 son frases cortas y 8 son monosílabos (“Si”).

El resto del capítulo está compuesto por las conjeturas y aclaratorias de Shreve acerca de lo que le había contado Quentin, y de los monólogos interiores y recuerdos de éste último, en los cuales desfilan todos los personajes (principales y secundarios) de la historia: Thomas Sutpen, Goodhue Coldfield, Ellen Coldfield, Judith Sutpen, Henry Sutpen, Rosa Coldfield, Jasón Compson, Charles Bon, Charles Etienne Saint-Valéry Bon, Wash Jones, Milly Jones, Clitemnestra (Clite), Luster y Jim Bond.

En el capítulo VII continúa la conversación entre Shreve y Quentin, un largo cuasi-monólogo, con monólogos interiores intercalados, donde Quentin narra su versión de la historia y Shreve hace 30 intervenciones, la mayoría de ellas preguntas breves y comentarios.

En los capítulos VIII y IX prosigue la conversación, esta vez con mayor participación de ambos, ya que Shreve conocía mejor la historia. Mientras van llegando al final de la narración, ya acostados, el reloj da una campanada y la historia va muriendo en la madrugada.

Shreve hace su última pregunta: “¿Por qué odias el Sur?”. La respuesta de Quentin, que cierra la novela es: “No lo odio –dijo Quentin con rapidez, en seguida, inmediatamente--. No lo odio –repitió”. Simultáneamente pensaba: “No lo odio” (...) “¡No!, ¡no! ¡No lo odio! ¡No lo odio!”.


SÍNTESIS

Para analizar la técnica escritural de Faulkner en ¡Absalón, Absalón!, se comparó la novela con una gran matrioska narrativa, dentro de la cual se alojan otras tres muñecas que corresponden a las tres conversaciones narradas en la novela. Los nueve capítulos de la obra fueron reorganizados en tres grupos (matrioskas) correspondientes a las tres conversaciones, y ordenados de acuerdo con su extensión: la segunda matrioska ocupa los capítulos VI al IX (conversación Quentin - Shreve), la tercera abarca los capítulos II al IV (conversación Quentin – Jasón Compson), y la cuarta se desarrolla en los capítulos I y V (conversación Quentin – Rosa Coldfield.
A continuación se escogieron partes de cada una de las conversaciones, para ilustrar el símil de la matrioska aplicado a cada una de las conversaciones, que a su vez incluyen monólogos, dentro de los cuales están los monólogos interiores.

En conclusión, la aplicación del símil de la matrioska permite observar que una historia aparentemente sencilla, la saga de una familia del sur de los EE.UU., narrada también en aparente desorden, revela una técnica escritural conscientemente elaborada, un rígido diseño arquitectural, que no impide captar el tono rapsódico que surge de la naturalidad en la conversación.



REFERENCIAS


Faulkner, William (1991). ¡Absalón, Absalón! Madrid: Editorial Debate, S.A.

lunes, 11 de mayo de 2009

LA CITA DE HOY

“Amanecimos sobre la palabra angustia.
Por eso las otras palabras,
las que alrededorizan los sueños,
tienen un temblor lelo en los labios”.

Pablo Rojas Guardia. Poemas sonámbulos.

sábado, 9 de mayo de 2009

Poema a las madres


¡FELICITACIONES A TODAS LAS MADRES EN SU DIA!

Que Dios las colme de Bendiciones.
Mucho amor y alegría hoy y siempre.


POEMA A LAS MADRES

Dime: ¿quién es aquella que siempre perdona,
Que todo lo olvida sin guardar rencor?
Ayer tus travesuras, hoy tus "locuras"
Te besa, te bendice y te llama su amor.


Ayer tus regueros de ropa, tus corotos.
Hoy el mismo cuadro, ¡el baño un zaperoco!
Ella recogiendo, secando, guardando.
Por tí, no se cansa de andar curucuteando.

Dormía despierta, la oreja parada
Cuando te sentía, corría alarmada
A tocarte, arroparte, porque estornudaste
Hoy, a ver si por fin ya llegaste.


A nadie le cuenta cómo la exasperas
A veces te grita que la desesperas.
¿Que a veces te grita? ¿Que te vuelve loco?
¿Y cargar contigo, te parece poco?

Hoy que eres grande, soltero o casado
"Aquello", tú sabes ¿Se lo habrás contado?
El negro secreto que guardas profundo
¡Que nadie lo sabe, nadie en este mundo!

¡Tch! Descarga tu alma
¿Vas a callar Ante la única con que puedes contar?
¡El único ser que no te dejara
Que contra mar y viento te defenderá!

La verás jurando que todo eso es mentira
Que no fue tu culpa. Que alguien te empujó
Nada tendrás que temer de su ira
¡Porque eres perfecto y San Se acabó!


¿Qué quién es esa Santa, esa Mártir Bendita
Que no busca fama, ni gloria, ni ná .. .?
Pues, la tuya, mía, de todos, igualita
La única que responde al nombre de "Mamá".

Autora: Conny Mendez. Escritora y compositora Venezolana

viernes, 8 de mayo de 2009

Con el Azul en los Ojos




Estuve tres años trabajando sin tomar vacaciones, programando en la computadora varias tareas y acostumbrándome al estrecho habitáculo de mi sitio de trabajo.

De un momento a otro, la empresa donde trabajaba requería que fuese a Argentina a realizar un entrenamiento relacionado con mi trabajo. Llegue a un hotel modesto en la Provincia de Buenos Aires y aunque tenía que trabajar ocho horas, pude pasear el fin de semana por el Río de la Plata, por la Residencia de los Olivos donde, entendí yo, que vivía el presidente en sus períodos fuera de la brega política y el ajetreo de su exigente cargo.
Conocí varios restaurancitos de corte Italiano sumamente acogedores disfrutando del vino y de la pasta como nunca antes. Viajé en un pequeño catamarán por el Río de la Plata y pude vislumbrar a lo lejos las costas de Uruguay. Conocí a unos primos emigrantes de Italia que nunca había visto ni en foto ni en persona, en dos ocasiones miré con ellos el futbol por televisión.

Caminé por la provincia de Buenos Aires en una zona residencial pero inmersa en una naturaleza exquisita donde respiraba aire puro y disfrutaba de la belleza de las flores.

Conocí la calidez del verano y el principio de un invierno inclemente que me hizo pequeñas cortadas en la piel. Hacia el final del viaje, la temperatura era de 2 grados bajo cero con una sensación térmica de 11 grados bajo cero.

No sé en que momento sucedió pero cuando me monté en el avión de regreso, no podía despegar el color azul de mis ojos. Era una sensación extraña como que si el alma del cielo y del río se hubiesen apoderado de mi visión y aunque veía perfectamente las paredes, los autos, los asientos y las personas, me quedaba una sensación de azul en el fondo de todas las cosas… como si el fondo del escenario fuese azul y sobre ese azul sucedía todo lo demás.

Cuando regresé a Venezuela y miré mi sitio de trabajo, me parecía regresar a una jaula, sentía como si hubiese sido un pájaro al cual se le había dado quince días de libertad y que debía nuevamente regresar al encierro.

Contemplaba la pantalla de la computadora y mi mente estaba en blanco. No podía pensar en nada. Solo miraba el azul que todavía estaba en mis ojos…

domingo, 3 de mayo de 2009

"El amor que se fue"


Cual cardón enhiesto,
en la agreste serranía,
atisbando en lontananza,
vestigios del amor mío.

Marchado ha para siempre,
cual nube pasajera,
en el cielo turquesino,
de la esperanza mía.

Como flor altiva,
en el pedregal indómito,
hermosa, frágil...esquiva.

Se la ve dulce, irreverente, etérea,
espejismo ignoto
del amor ya ido.

reinaldo colmenares pérez
sept-2007

sábado, 2 de mayo de 2009

Exaltación a la mujer en ocasión de su Día Internacional










“Porque una mujer como tú”

Porque una mujer como tú, estará siempre en la cima, visible, cual estandarte impetuoso en el fragor de la batalla.
Porque una mujer como tú, de mente deslumbrante, espíritu infatigable y noble corazón purpúreo, dejará siempre huella positiva, cual arado que surca la tierra para alojar a la fértil semilla, alimento vital del mañana.
Porque una mujer como tú, será referente de puerto seguro, como el faro al bizarro marino en la noche tormentosa.
Porque una mujer como tú, alentará con su ejemplo a luchar con denuedo por la justeza de nuestras convicciones.
Porque una mujer como tú, reúne en una sola persona, a madre y padre ejemplares.
Porque una mujer como tú exaspera al impío y embeleza al ecuánime.
Porque una mujer como tú, encontrará siempre amor, donde los demás sólo ven el desdén.
Porque una mujer como tu, regocija al más altivo mortal con tu hermosura impoluta
Porque una mujer como tú, construye y transita la senda esquiva de los hombres triunfadores
Porque una mujer como tú, trepida de emoción y anhelo cuando al calor del vívido fuego, desgrana las más inmersas pasiones, llegado finalmente la traza de su amor verdadero.

Reinaldo Colmenares Pérez
07-03-2009

lunes, 27 de abril de 2009

LA CITA DE HOY

“Cuando muera, no intenten infundir vida artificial en mi cuerpo, y no llamen a este lecho de muerte, sino lecho de vida, tomen de mi cuerpo lo que consideren ayudará a otros a llevar una mejor vida. Denle mis ojos a un hombre ciego, mi sangre al adolescente que fue hallado en las ruinas de un automóvil, mis riñones a ese otro que depende de una máquina. ---- quemen lo que resta de mí y esparzan las cenizas al viento, que tal vez ayude a las flores a crecer”.

Robert Test, Cincinatti Post, 1989.

CARTA DE AMOR QUE NO LLEGÓ

A continuación les muestro la carta de amor con la cual NO participé en el Concurso MontBlanc. Edición 2009.



Hola Corazón, ahora que tus ojos se han cerrado, que estoy llegando al límite de la desesperación y que ya no puedo conciliar el sueño, no he aguantado la tentación para dejar en claro que sí, que siempre te he querido, que aún te quiero, que te querré eternamente y que si no te escribía cartas de amor con más frecuencia no era porque mi pasión se hubiese extinguido.

Escribirte una carta de amor se me hace tan difícil. No por falta de sensibilidad, pues afloran muchas cosas bellas que llenaron nuestros años juveniles y aún llenan, esplenderosas, el pensamiento, sino por esos recuerdos que atormentaban aquel incipiente amor; por lo difícil que se me hacía acercarme a ti para tratar de decirte las cosas que, hasta la madrugada, ensayaba para revelártelas al día siguiente y que, como por un extraño hechizo, se me quedaban atoradas, frenadas en la garganta, cuando sentía la caricia de tus ojos negros que me adormecían y me lanzaban hacia una encrucijada de sombras y dudas. La combinación del encanto de tus ojos, con el espejismo de los colores que sentía en tu voz, me arrancaba de la extraña dimensión que habitaba mi fantasía y me hacía levitar en las más hermosas y atrevidas sensaciones para que, de nuevo, en mis interminables noches, el insomnio hiciera presa de mí y la aureola alrededor de mis ojos se acentuara, más oscura, más profunda.

Me sentía como acorralado en las turbulentas visiones de las tragedias griegas que tanto asombro me producían y que, al mismo tiempo, disparaban mi curiosidad: ¿Porqué tenían que ocurrir esas situaciones tan terribles, a pesar de que todos sabían que iban a suceder? Eso mismo sentía yo al acercarme a tí; sabía que no podría decirte lo que mi corazón me confesaba y, sin embargo, seguía intentándolo, para luego, como en una pesadilla, ver mis bríos desaparecer en la oscuridad de mis pensamientos y sumirse en las nebulosas de mis temores.

¿Qué me pasaba? La forma en que me mirabas y la manera tan displicente de criticar todas mis cosas, me hacían sospechar que mis intentos no tendrían ninguna posibilidad. Pero habían otras señales, seguramente creadas por mí mismo, que estimulaban mis timidos avances; como en mis sueños cuando te escuchaba decir que me amabas, pero al despertar la realidad me condenaba a creer lo contrario y no me daba cuenta de que, como Casandra, lo que decías era la verdad, pero yo no te creía, aunque todas mis intenciones, deseos y ansiedades tenían que obligarme a creerte.

Nunca me di por vencido y mi terquedad, mi insistencia me dio la anhelada recompensa cuando finalmente pude hablarte y logré que aceptaras mi compromiso de amor y mis promesas de fidelidad. Mi reacción fue el ¡Cataplúm! el ¡Big Bang! de la alegría y mi amor se desparramó por todos mis sentidos como el origen del Universo en el infinito. Se hicieron realidad mis sueños y aquellos deseos reprimidos atrapados en las tinieblas de mis humedas noches de soledad.

Hoy, después de muchos años y cinco hermosos retoños, te contemplo bella y cautivante como siempre; tus ojos están cerrados, no puedo mirarlos; la melodía de tu voz ahora está ausente y el sueño nuevamente me ha abandonado. Quisiera llorar pero las lagrimas se niegan. Regresan a mi memoria tantas cosas, galopan desenfrenadas cual ejercito Persa en Las Termópilas y en mi espartano recuerdo se repiten con tristeza aquellas noches de insomnio, pues ahora…ahora no me dejas dormir con tus ronquidos.




Te quiere: Julián

jueves, 23 de abril de 2009

Carta de Amor Concurso MontBlanc 2009


A continuación les muestro la carta de amor con la cual participé en el Concurso MontBlanc. Edición 2009. No quedó entre las finalistas pero ojala haya dado una buena pelea. Espero la Disfruten...




Mi terroncito de azúcar, mi suspiro acaramelado, mi cuchi cuchi, mi vida…

Te escribo esta carta en un arranque desesperado, porque no me ha quedado más remedio, porque no me has dejado otra salida…

Te visito en casa de tu mamá y me cierras la puerta de un portazo, te mando mensajes de texto, correos por Internet, dejo mensajes en tu contestadora y no me devuelves las llamadas ni respondes mis mensajes. Estoy comenzando a sospechar que no quieres saber nada de mí.

Por cierto, ¡que falta de imaginación chico!, ¿cómo vas a poner en tu contestadora un mensaje que dice: “si eres quien tú sabes, no te respondo y no sigas perdiendo tu tiempo”?

¡A todos nos dejas con el alma en vilo!, di de una vez a quien no le quieres responder, cualquiera puede pensar que el mensaje es para sí mismo y no es verdad. Imagínate: el hombre a quien le debes los giros del carro, tu jefe, mi madre, tu madre, el banco reclamando la hipoteca de la casa y hasta yo puedo pensar que la cosa es conmigo… ten un poco de consideración, te estás pasando, no somos adivinos.

Y todo este lío es porque piensas que te monté los cuernos. Y que nos agarraste in fraganti. Si hubieras reclamado en el momento te habrías enterado de todo, con los acontecimientos en pleno desarrollo y no estaríamos en esta persecución.

¿Qué es eso de decirle a todos que “me fui sin decir nada y ellos no me vieron pero yo los vi”?, tenías que parar tu peeeo!... Que llegaste sin aviso de tu viaje de Barcelona y estábamos Paco y yo durmiendo juntos en el sofá… Pero tú sabes muy bien que Paquito es mi amigo desde la secundaria y que nunca hubo nada, además tú sabes que él es gay, papito.

El pobre Paco llegó desconsolado porque su padre comenzó a perseguirlo a él y a su mamá con un machete por toda la casa para cortarles la cabeza. Pobre viejito, está sufriendo de Alzheimer. ¿Qué le iba a decir? Lo siento mucho y ¿le cerraba la puerta con un portazo? No puedo, no puedo, ¡que inhumanidad de mi parte! imagínate que alguien te persigue con un machete para cortarte la cabeza… seguro sales traumatizado.

Bueno, después de que Paco se calmó, cenamos y hablamos como dos cotorras hasta las doce y media, nos pusimos a ver una película en la tele, porque yo no iba a mandar a Paco a su casa con la inseguridad que hay en la calle, si además de lo del padre le pasaba algo, me iba a remorder la conciencia y no lo iba a soportar.

Para que veas que es verdad lo que te digo, la película se llamaba algo así como “El día después de anteayer”. (¿Viste cómo se complica la gente?, tanto rollo para decir “el día de ayer”). Tú sabes que en esa película todo es nieve: la estatua de la libertad, todo USA y el mundo están sumergidos en una nieve espantosa. Con ese frío no se le levanta ni se le humecta nada a nadie, me estas entendiendo ¿no? (conste esto como evidencia de que no pasó nada) Pues, nos quedamos dormidos en el sofá, pero más naaadaaa. Pero si tú en lugar de irte sin decirnos nada –porque no soportabas la situación– hubieras parado tu peo a tiempo hubieras visto que no pasaba nada.
Todo esto para decirte que no te monté los cuernos… porque te amo… y que si no soportaste la situación es porque también me amas. Mi corazón te lo llevaste hace años. Si me vas a dejar devuélvemelo que te pago el rescate para poder vivir en paz. Pero como sé que no me lo puedes devolver, te pido que me recibas, que me escuches y que confíes en que la cosa es contigo y con nadie más.

Espero que esta carta sí te llegue, porque pienso entregarla a tu madre para que te la dé y sé que visitas a tu madre porque eres un buen hijo. Pero si por cosas del destino, esta carta no llega a tus manos por medio de tu madre, ya le voy a sacar copias para pasarla debajo de tu puerta, pegarla en el parabrisas de tu carro, además te la envío por correo electrónico, por Ipostel y te la leo para que quede grabada en tu contestadora. Y por si nada de eso sirviera, la mando al concurso de cartas de amor de MontBlanc, con la esperanza de que gane y sea publicada en Internet, para que todo el mundo se entere y te digan que tu terroncita de azúcar, tu suspira acaramelada, tu cucha cucha te ama todavía y siempre te fue fiel.


Derechos registrados.

jueves, 16 de abril de 2009

LA CITA DE HOY

“Cabría decir que hablar con uno mismo es el punto de partida de la literatura y que el empleo del lenguaje para comunicarse es secundario. Una persona vierte sus sentimientos y pensamientos en lenguaje que, escrito en palabras, se convierte en literatura. (...) Empecé a escribir mi novela La montaña del alma para disipar mi soledad interna en el preciso momento en que las obras que había escrito, sometido a una estricta autocensura, habían sido prohibidas...”.

Gao Xingjian, discurso de aceptación del premio Nobel. Cit. por Rubén Wisotzky, Bibliomanía, El Nacional: 31.5.2001.

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